En Estados Unidos existe una percepción, arraigada fuertemente en la sociedad, de que el crimen está al alza de modo descontrolado. El temor a ser víctima de un delito violento consume a millones cada día en el país. El tema ha permeado de modo importante el actual proceso electoral por la Presidencia y es sin duda uno de los problemas acuciantes por encarar.
Efectivamente, en 2016 se prevé un alza en la tasa de homicidios, estimada en un 13.1%, pero casi la mitad de ese incremento, como comenta la revista Time, se origina en la tremenda ola de violencia que ha experimentado Chicago en lo que va del año. A la fecha, en esa ciudad se han registrado al menos 528 homicidios en 2016. Esas cifras, más la de Charlotte, Carolina del Norte, donde también ha habido un incremento en la violencia, han impulsado al alza la notoria estadística de asesinatos en Estados Unidos, cifras que, en el resto del país, han tenido un aumento menor o en incluso van a la baja.
Son ciertas ciudades muy conflictivas las que son el escenario mayor del auge del crimen violento y las muertes. Por ejemplo, Time cita que entre 2014 y el final de 2016 expertos calculan que el número de asesinatos subirá 31.5%, pero tres ciudades –Chicago, Baltimore y Houston– serían las grandes responsables de esa alza.
En el resto del país, en cambio, la tendencia diferente: un índice de crimen estable en niveles históricamente bajos, con reducciones en muchas regiones. El alza a escala nacional estaría impulsada por ese puñado de urbes, lo que no significa que la delincuencia haya desaparecido, solo que está enquistada y supurando, por ejemplo con aumento de los crímenes más violentos, los asesinatos, en comunidades específicas de Estados Unidos.
Por ejemplo, de acuerdo a un reporte del Brennan Center for Justice el crimen en general subirá en 2016, según proyecciones, 1.3% a escala nacional (la mayoría de ese incremento vinculado a Chicago y Charlotte y con descensos en 12 ciudades), el crimen violento se elevará en 5.5% (impulsado por alzas del 16% en Chicago y 17% en Los Ángeles) y los asesinatos, como se ha mencionado, aumentará el 13.1%, cifra arrastrada principalmente por la debacle de Chicago. Washington DC y Baltimore tendrían en 2016 incluso reducciones considerables, del orden del 10%, en su índice de homicidios, lo que es singular en el último caso, por haber sido Baltimore una ciudad con una fuerte alza del crimen en 2015.
Con todo, la opinión pública, como indica una encuesta de Gallup de hace unos meses, tiene en el aumento de la delincuencia una inquietud mayor: 53% de los estadounidenses estarían muy preocupados por el crimen, en comparación con el 39% que decía lo mismo en 2014. Esa cifra sería la más alta registrada desde 2001 a la fecha. Y otro encuesta anterior, de esa misma firma, mostró que 70% de los encuestados consideró en 2015 que el crimen estaba subiendo en el país en comparación al año anterior.
Ciertamente, pese a la inquietud social, el crimen en general en Estados Unidos se encuentra en niveles históricamente bajos –nada que ver con los niveles de delincuencia y violencia de la década de 1990- y no habría una ola de crimen generalizada en el país, si bien se han registrado incrementos importantes localizados en ciertas ciudades, lo que presumiblemente ha alimentado la percepción general negativa.
Pero esto no debe llevar a la complacencia y, por el contrario, Chicago, por ejemplo, está severamente conmocionada por la violencia y los asesinatos que la han sacudido en lo que va del año, crímenes para los que aún no se ha hallado un freno efectivo. En lo que va de 2016, al menos 528 asesinatos y 3,122 víctimas de tiroteos han enlutado la estadística en esa urbe, la tercera mayor de Estados Unidos.


