Descansaban aquel Martes Santo.. Cuando anocheciera, qué bonito anochece abril, iría a la procesión la pequeña, irían todos. Toda la familia. Los resultados académicos habían sido estupendos. Se sentía feliz, y hacía que los suyos se sintieran felices.
La escuela tenía el tejado de color negro, era lo que más le gustaba del edificio. Para llegar allí la niña madrugaba. Madrugaba de verdad, a las seis ya estaba desayunando.. caminaba a través de la oscuridad casi una hora, tenía que llegar al puente a las siete…
Allí tomaba el autobús rojo, nunca podía ir sentada, iban sentadas las mujeres que iban a los mercados. Bajaba junto al río, cruzaba por la parte empedrada, subía los doscientos diez escalones, llegaba a la plaza. Y sonaban las ocho…
La escuela abría a las ocho y cuarto…
Regresaba a casa deshaciendo el camino hecho. Con la niebla de noviembre, con la nieve de diciembre, con el frío de enero, con la brisa de abril, con el calor de mayo. Era fantástico poder ir a la escuela! Y, por supuesto, era un honor tener buenas notas!
Me inspiraron dos películas para esta historia
Dedicado a todos los niños que estudian y saben lo importante que es hacerlo
A Manuel
A cada persona viviendo de modo íntimo este Martes Santo
A Carlos
A Luis
A Ascen y a Demelza: excelentes profesoras
A cada lance noble


