Especial / La Revista
El secreto de la eterna juventud ha sido uno de los tesoros más buscados por la humanidad desde hace siglos, hasta hoy nadie ha encontrado la fórmula, sin embargo, una vida dedicada a la familia, sin excesos, cuidando el cuerpo mediante una alimentación sana y el espíritu, mediante la oración que fortalece la fe, son las sugerencias que don Luis Canto Cárdenas nos hace para disfrutar de una existencia plena y en el mejor de los casos, festejar un siglo de vida.
Don Luis Canto Cárdenas nació en Mérida, el 29 de junio de 1925, es hijo de los señores Juan Canto Concha, de Tetiz; y la señora Emilia Cárdenas Delgado, de Opichén. Desde muy pequeño, a la edad de 5 ó 6 años sus padres lo mandaron con su tía Raquel, hermanita de su mamá, a la capital yucateca para que pudiera estudiar. Es el mayor de tres hermanos, que ya fallecieron.
Para una entrevista con LA REVISTA PENINSULAR, Don Luis nos recibió en casa de su hija Lía, con quien vive desde que enviudó en 2018. Llegó por su propio pie, con paso lento pero firme, de muy buen ánimo, sonriente… En la víspera del festejo por su cumpleaños, hace gala de su buena memoria, recuerda con nostalgia cuando lo mandaron con su tía Raquel:
“La verdad es que a mí no me gustaba mucho el estudio, ya en mi adolescencia mi papá me puso un puesto en el Bazar de Baratilleros en donde vendía lo necesario para juntar dinero para irme al baile los sábados”.
Pero con el paso de los años las cosas cambiaron y sus padres le seguían exigiendo que estudiara, a los 17 años se inscribió en una escuela para aprender a ser telegrafista y con eso darle gusto a sus papás y a su tía.
“Tuve un tío que me ayudó mucho, él me metió a los cines como auxiliar en la operación de los proyectores, mi primer trabajo me lo dieron en un cine de Progresopero pegó un ciclón y se lo llevó. Por aquel tiempo conoció al señor René Almeida quien le ofreció trabajo en el cine Variedades, también de Progreso”.
Fue al ritmo de las olas progreseñas donde Don Luis se enamoró y se casó con la que fue su primera esposa, tras contraer nupcias llegaron las responsabilidades y tuvo que estudiar la carrera de contabilidad a fin de aspirar a mejores oportunidades de trabajo e ingresos.
Cuenta Don Luis que, luego de que no fue muy bueno para el estudio, en esa carrera de contabilidad resultó ser el más aplicado, lo cual le valió para abrirse paso y sostener a su familia.
En la entrevista, las anécdotas llegan una tras otra, la lucidez de Don Luis, no deja de sorprender, recuerda con emoción cuando lo invitaron a hacerse cargo del Cine Maya, ubicado en la colonia Alemán, en Mérida; muchos años fue vecino de ese rumbo. Inquieto por naturaleza, Don Luis probó suerte en diferentes actividades, trabajó en el Hospital de Henequeneros, donde fue cajero, pagador, facturista y jefe de personal; también se lanzó a la aventura cuando le ofrecieron hacerse cargo de la sucursal de un laboratorio médico en la capital del país, en aquel entonces, el Distrito Federal. También se dedicó a la compra-venta de autos usados.
La vida de Don Luis ha transcurrido tranquila, sus pasatiempos favoritos siempre han sido los deportes, muchos años jugó beisbol en el campo de la Ibérica; y softbol, con el equipo de sus amores, los Bucaneros. También jugó tenis hasta los 80 años, sin olvidar la pesca, actividad que, por cierto, por poco le hubiera impedido llegar al siglo. Recuerda que en una ocasión salió de pesca con sus hermanos y se quedaron varados en alta mar, por lo que tuvieron que regresar remando, el susto se les bajó hasta que estuvieron en tierra firme. En otra ocasión, en costas de Quintana Roo, también salió de pesca con una de sus hijas y su yerno, pero para su mala suerte una turbonada los tomó por sorpresa y a nada estuvieron de estrellarse contra un crucero.
Las anécdotas llegan, una tras otra a la memoria de Don Luis, y por supuesto -como meridano de corazón- no puede evitar recordar con nostalgia las tardes en que las silletas adornaban las puertas de las casas para disfrutar del fresco vespertino y ver caer la noche al ritmo de un buen bolero, su música favorita. También destaca el queso relleno y el mole como sus comidas favoritas, aunque ahora cuida mucho más lo que come.
“Dios me bendijo con una buena vida, unos hijos maravillosos que siempre están al pendiente de mí, no me puedo quejar y por eso lo primero que hago al despertar es dar gracias a Dios y a la Virgen María”.
Finalmente, para llegar como él al siglo de vida, Don Luis recomienda: Dar gracias, tener fe, no caer en excesos ni de comida ni de bebida, y estar lo más activo posible, y por supuesto, disfrutar mucho a la familia.


