Por: Cristina Padín.
Cuando se levantaba I siempre ofrecía una de las más bellas sonrisas. Decía su abuela que jamás la había visto enfadada, era una niña que lloraba muy poco. Dijeron que no podría distinguir las letras… I leía sola libros tan estupendos como Fray Perico y su borrico, O buzón dos nenos (I es gallega)… y miles de historias interesantes. Leer le resultaba tan perfecto y sugerente…
Tenía once años… su amiga de clase de piano también, y era sobrina de un torero… le decía ole y le enseñaba muletas… a I le encantaba el toreo… tan puro, tan nuestro.
Aquella mañana de lunes dijo a su papá que que quería atreverse a escribir un cuento.. le fascinaban tanto. Trataría sobre aquel gatito. El que permanecía todo
el día sentado en el alféizar de la ventana, esperando a Z. Z se había muerto a los quince… el gato no lo sabía y no dejaba de aguardarla. I sí lo sabía, tenía síndrome de Down pero comprendía las cosas.
Dijo también I a su papá que titularía su relato La música de Dios… porque sonaba cada día la guitarra que tocaba el vecino músico… y la pequeña creía que todo eso gustaba a Dios. Papá aplaudió… contestó que era un bello proyecto.. y fue a echarse agua en los ojos. Que se le había metido algo dentro…
Hoy he escuchado al señor Feijóo hablando de personas con Down y pensé escribir algo sobre ellas, tan alegres y luchadoras El gato lo veo a diario, no se cansa
de esperar a nuestra vecina Z, tristemente fallecida a los quince, a las puertas de Navidad.. qué lealtad animal.
A mis amigos C, JC, B, M, A, E y M
A mi querido Luis
Al toreo. A sus lances. A mi mago,
que inicia con triunfos
A esos dos libros que menciono,
son magistrales
A los libros
Y a las personas con alma. Que
suelen ser las que leen, que son
las que ni dicen ni escriben cosas
absurdas


