Por Federico Berrueto
Desde hace tiempo, el debate sobre la reelección en México ha sido un tema controvertido, y recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum ha presentado una propuesta que considero acertada y necesaria: la eliminación de la reelección consecutiva para diputados, senadores, alcaldes y presidentes municipales. Este planteamiento, nacido de su propio proyecto político y no del legado de Andrés Manuel López Obrador, abre una nueva oportunidad para reflexionar sobre los efectos reales de la reelección en nuestro sistema político.
Cuando se discutió y aprobó la reelección consecutiva para legisladores durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, mi postura como académico fue de rechazo. Argumenté entonces que las expectativas generadas por esta reforma no se cumplirían y que, en lugar de fortalecer a la democracia, podrían surgir nuevos problemas.
La principal justificación en aquel momento fue que los ciudadanos podrían “premiar” a los legisladores que trabajaran bien y “castigar” a quienes no cumplieran con sus expectativas. Sin embargo, en la práctica, este ideal no se ha materializado. El poder real en la selección y reelección de legisladores sigue estando en manos de los partidos políticos, no de los ciudadanos.
En un sistema como el nuestro, el peso de la “marca partidista” es determinante. Tanto en el proceso de selección de candidatos como en las elecciones, el partido es el factor clave, relegando la evaluación del desempeño individual del legislador. Esto no solo limita la capacidad de los ciudadanos para decidir de manera directa, sino que también afecta la dinámica democrática al obstaculizar la renovación del Congreso.
La reelección consecutiva, en lugar de empoderar a los votantes, ha generado un efecto adverso: dificulta la renovación de los órganos legislativos. La experiencia global demuestra que los candidatos que buscan reelegirse tienen una alta probabilidad de éxito, lo que perpetúa estructuras políticas ya establecidas y limita la entrada de nuevas ideas y perfiles.
En este contexto, respaldo plenamente la propuesta de la presidenta Sheinbaum de eliminar la reelección consecutiva de legisladores. Es un paso necesario para garantizar que el Congreso no se estanque y se mantenga abierto a la diversidad y la innovación política.
Aunque estoy de acuerdo con la eliminación de la reelección para legisladores, considero que la situación es diferente en el caso de los alcaldes. En municipios grandes, como Mérida, un periodo de tres años resulta insuficiente para consolidar proyectos significativos. La administración municipal requiere tiempo no solo para implementar políticas, sino también para generar resultados visibles.
Ante este escenario, propongo dos posibles soluciones:
- Ampliar los Periodos de Gobierno: Extender el mandato de los alcaldes a cuatro, cinco o incluso seis años podría ser una alternativa viable. Esto les permitiría desarrollar sus proyectos sin la presión de un periodo tan corto que, muchas veces, solo alcanza para “calentar motores”.
- Reelección Limitada: Otra opción sería permitir una sola reelección consecutiva, asegurando así la continuidad de los proyectos en curso sin caer en la perpetuación de los mismos líderes en el poder.
Es importante reconocer que las necesidades de los municipios son diversas. En pequeñas comunidades rurales, como muchas de las que existen en Yucatán, los periodos actuales de tres años podrían ser suficientes. Sin embargo, en ciudades más grandes, donde los desafíos son mayores y más complejos, es fundamental replantear las reglas para fortalecer la gestión municipal.
La propuesta de eliminar la reelección consecutiva plantea una oportunidad única para avanzar hacia una democracia más sólida y representativa. Al limitar el tiempo que un legislador o alcalde puede permanecer en el poder, se fomenta la renovación constante y se reducen las posibilidades de que los partidos políticos monopolicen las candidaturas y los cargos.
Sin embargo, también debemos ser cautelosos al implementar estas reformas. Es crucial diferenciar entre los distintos niveles de gobierno y adaptar las reglas a las realidades locales, garantizando siempre que las instituciones estén diseñadas para servir a los ciudadanos y no a los intereses de unos pocos.
El sistema político mexicano se encuentra en un momento crucial de transformación. La propuesta de Claudia Sheinbaum abre la puerta a un debate que no solo es legítimo, sino necesario. Como sociedad, debemos reflexionar sobre cómo garantizar una representación efectiva, fortalecer la confianza ciudadana en las instituciones y promover una cultura de rendición de cuentas y renovación.
Desde mi perspectiva, este es un paso en la dirección correcta. La eliminación de la reelección legislativa es un avance importante, y espero que el debate sobre los alcaldes y presidentes municipales también nos permita encontrar soluciones que equilibren la necesidad de continuidad con la renovación democrática. Nuestro país merece instituciones que reflejen y respondan a las necesidades reales de los ciudadanos, y estoy convencido de que esta propuesta es un paso firme hacia ese objetivo.


