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La OTAN despliega cazas tras mortales ataques rusos en el oeste de Ucrania

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La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) movilizó aviones de combate sobre Polonia y Rumania en respuesta a un ataque aéreo masivo llevado a cabo por Rusia durante la madrugada del miércoles 19 de noviembre, el cual provocó la muerte de al menos 19 personas y dejó decenas de heridos en diversas regiones de Ucrania.

Según informaron fuentes ucranianas, Rusia lanzó un total de 470 drones y 48 misiles, centrando su ofensiva en áreas occidentales del país, cercanas a las fronteras con Polonia y Rumania. Uno de los ataques más graves se registró en la ciudad de Ternopil, donde un dron ruso impactó contra edificios residenciales. El Ministerio de Defensa de Rumania confirmó que un dron cruzó su espacio aéreo antes de estrellarse en territorio ucraniano. En esa ciudad, “16 de los heridos son niños”, detallaron los servicios de emergencia ucranianos.

En Járkiv, al este de Ucrania, se reportaron también múltiples heridos tras ataques con drones que dañaron edificios y vehículos, provocando incendios en la vía pública. Numerosas zonas del país quedaron sin suministro eléctrico como consecuencia de los ataques a la infraestructura energética.

En reacción a estas agresiones, Rumania desplegó dos aviones Eurofighter de la flota de la OTAN, seguidos por dos cazas F-16 rumanos, luego de que se detectara la entrada de un dron ruso en la región de Tulcea. Por su parte, Polonia también activó sus fuerzas aéreas junto con aliados para proteger su espacio aéreo. El mando operativo polaco confirmó esta acción el mismo miércoles por la mañana.

La ofensiva rusa coincidió con una serie de eventos diplomáticos. Horas antes del bombardeo, el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, se encontraba en Turquía reunido con su homólogo Recep Tayyip Erdogan para intentar reactivar las conversaciones de paz y negociar intercambios de prisioneros con Rusia. Moscú no participa en estos diálogos, aunque Turquía ha actuado como mediador entre ambas partes.

En paralelo, el Departamento de Estado de Estados Unidos aprobó una posible venta por valor de 105 millones de dólares para modernizar el sistema de defensa aérea Patriot en Ucrania. Según un comunicado del Pentágono, “la venta propuesta mejorará la capacidad de Ucrania para hacer frente a las amenazas actuales y futuras, al equiparla aún más para llevar a cabo misiones de autodefensa y seguridad regional con una capacidad de sostenimiento local más sólida”.

Asimismo, el presidente Zelensky firmó en días recientes un acuerdo con Francia para la adquisición de hasta 100 aviones de combate Rafale, junto con drones y sistemas antiaéreos, como parte de un esfuerzo por reforzar las capacidades militares ucranianas.

El ataque también repercutió en el espacio aéreo civil. Las autoridades de Polonia cerraron temporalmente los aeropuertos de Rzeszow y Lublin “debido a la necesidad de garantizar la libertad de operación de la aviación militar”, según anunció el servicio de navegación aérea PANSA. Ambos aeropuertos fueron reabiertos posteriormente.

La tensión entre Polonia y Rusia también se intensificó tras el sabotaje de una vía férrea clave en territorio polaco. Varsovia atribuyó la acción a dos ciudadanos ucranianos que habrían colaborado con los servicios de inteligencia rusos. En respuesta, el ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Radosław Sikorski, anunció el cierre del último consulado ruso en el país. El Kremlin, a través de su portavoz Dmitri Peskov, lamentó esta decisión.

Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso afirmó haber derribado cuatro misiles ATACMS de largo alcance, de fabricación estadounidense, sobre la ciudad de Vorónezh, a unos 200 kilómetros de la frontera con Ucrania. Moscú ha calificado previamente el uso de estos misiles como una “escalada importante”.

El despliegue de aviones de combate por parte de la OTAN se ha convertido en una medida recurrente ante la proximidad de municiones, drones o aeronaves rusas a las fronteras de los países aliados. En septiembre pasado, aviones derribaron drones rusos que cruzaron el espacio aéreo polaco durante ataques contra Ucrania. La alianza calificó entonces el comportamiento ruso como “absolutamente peligroso”.

La actual escalada se da en un contexto cada vez más volátil para la seguridad regional, con la OTAN reforzando su postura defensiva mientras Rusia intensifica sus ofensivas aéreas sobre el territorio ucraniano.

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