La Revista

La Valentía…

Cristina Padin
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Por: Cristina Padín.

Quizá no conocer lugares exóticos y lejanos y sí saber el valor que entrañan aquellos rincones que uno ama; tal vez rezar por la mañana y por la noche, o puede que no hacerlo casi nunca, pero saber estar en el lado correcto de la valía; ser de Galicia y a lo mejor vestir de negro por un luto reciente o quizá no; amar y apreciar el calor de la familia; posiblemente no haber pisado universidades prestigiosas, pero sí haber aprendido en la casa y en la escuela valor y valores y el significado de la nobleza; no permitir al miedo tener miedo, luchar contra el monstruo que asusta y ser valiente (valiente con mayúsculas); ser mujer gallega en el mundo de 1940; sentir; tener alma; poseer lo que hay que poseer para que los amaneceres puedan seguir amaneciendo; no cerrar los ojos al dolor ajeno; ayudar; saber ayudar; querer ayudar; saber sentir; lograr identificar el lacerante infierno que puede mostrar un ser humano en su mirada; atreverse; querer atreverse; tres mujeres ayudadas por tres hombres contra el mal; no tener internet y desconocer internet; no ponerle cara al mal (afortunadamente, la realidad superó con mucha maldad cualquier ficción); entender que un judío y un católico con exactamente lo mismo que un vigués y un santiagués, que una niña de nueve años y una anciana de noventa: todos son personas; escuchar hablar del horror: el Horror; escuchar con ley y corazón; percibir en la piel y en los ojos la necesidad de hacer algo; hacerlo; pensarlo; tener la mágica virtud de poseer sentimientos y bondad para no dudar en arriesgar; arriesgar; arriesgarse; desafiar a la muerte; desafiar al mal; proteger; salvar; tender la mano; ofrecer palabras; regalar alivio; desde un recóndito lugar gallego tejer una red de ayuda que otorgó a muchos judíos una posibilidad, un futuro, una esperanza; saber que nadie tiene que ir al espanto por el mero hecho de ser judío; lograr que más de quinientas personas no fueran al espanto por el mero hecho de ser judías; no ser judías y saber que todos somos iguales, no ignorar la tragedia, no mirar hacia otra parte, no aplaudir; aborrecer el mal, combatir el horror, pelear por la vida: lo más sagrado; llamarse L o J o A o las tres letras (una en cada cuerpo) y caminar de la mano de la Valentía; ser valientes; ser personas; ser la sonrisa de Dios en un recunchiño de Galicia…

Siempre he querido escribir algo sobre tan terrible tragedia, y hablar con algún superviviente..
Este relato quiero retomarlo quizá en forma de libro, me enorgullece que en Galicia hayan vivido personas tan valientes.. en esta ocasión lo he narrado así como homenaje a un párrafo de Tiempo de silencio que me fascina
A la memoria de esas personas y de cada persona valiente
A la memoria de cada persona que tuvo que enfrentarse con el Horror
A la nobleza y a la valentía
A mi Galicia
A todo el que sabe que para estar con Dios ni hace falta fingir ni hace falta estar a diario en una iglesia
A mi querido Luis
Iniciales: M, JC (con un abrazo), JM, A, I
A mi judía favorita, querida Lupis, eres genial

Cristina Padin
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