A pesar de una leve disminución en las detenciones de infancias migrantes no acompañadas en la frontera sur de Estados Unidos en los últimos dos años, las cifras siguen siendo alarmantes, con más de 100,000 casos anuales desde 2021. En el año fiscal 2024 se han registrado 109,998 detenciones, mientras que en 2023 fueron 137,275 y en 2022 se alcanzó un pico con 152,057.
Desde 2018, las detenciones de niñas y niños migrantes han mostrado un incremento significativo. En 2019, se registraron alrededor de 80,000 detenciones, pero el número creció drásticamente en los siguientes años, reflejando el aumento del desplazamiento forzado infantil. Las estadísticas de la Patrulla Fronteriza (CBP) destacan que en 2021 las detenciones alcanzaron las 146,000, un aumento considerable respecto a los años anteriores. Aunque las cifras han mostrado un ligero descenso, el número sigue siendo muy alto, lo que resalta la persistente crisis migratoria en la región.
La migración infantil está lejos de ser un problema aislado de Estados Unidos. Según un informe de Save the Children, el desplazamiento forzado de infancias a nivel mundial ha crecido más del doble desde 2010, pasando de 18.8 millones a 47.2 millones en 2023. En América Latina y el Caribe, las niñas y niños representan alrededor del 25% de la población migrante, siendo uno de los grupos más vulnerables a la movilidad forzada. De hecho, más de 40,000 niños y niñas cruzaron el tapón del Darién entre Colombia y Panamá en 2022 y en la primera mitad de 2023.
Nancy Ramírez, directora de Incidencia política de Save the Children México, señaló que las niñas y niños en movilidad enfrentan desafíos enormes. No solo son vulnerables a enfermedades prevenibles, sino que también están expuestos a accidentes y carencias en su acceso a atención médica, salud mental, educación y protección. “El acceso a los bienes y servicios básicos se ve limitado por barreras legales, culturales y lingüísticas, lo que hace que estos niños estén aún más expuestos a condiciones precarias y peligrosas”, afirmó Ramírez.
Uno de los retos más grandes es la falta de atención a la primera infancia, especialmente a los niños de 0 a 6 años, quienes atraviesan condiciones de vida precarias sin acceso a atención prenatal, posnatal ni a programas de salud mental. La migración infantil, según la especialista, expone a estos niños a traumas complejos que dejan huellas de por vida.
La migración forzada de infancias no solo representa una crisis humanitaria, sino también un reto para los sistemas de protección infantil a nivel mundial. Save the Children ha instado a los gobiernos de la región y a la cooperación internacional a crear rutas de protección integral y mejorar los estándares de atención y protección a los niños en movilidad. “Las niñas y niños en tránsito requieren una atención especializada y un entorno seguro que garantice su desarrollo y bienestar”, concluyó Ramírez.
En este contexto, las iniciativas para apoyar a esta población vulnerable son más urgentes que nunca. Sin una atención adecuada, las consecuencias de la migración forzada sobre la salud y el desarrollo de la niñez podrían ser devastadoras.


