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Lo que cambió el temblor

José Francisco Lopez Vargas
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Claroscuro, por: Francisco López Vargas.

En Yucatán, lo reservado del gobernador Rolando Zapata no sabemos si se evitará la filtración. La lista de los priistas yucatecos que aspiran a ser candidatos es bastante más nutrida que la del PAN que pareciera ya resuelta entre Renán Barrera y Mauricio Vila.

Para nadie es secreto que el PRI pretendía tener como un candidato posible a José Antonio Meade Kouribreña. Cambió su estatuto, modificó su visión y aunque hubo una rebelión, se impuso –como en los viejos tiempos- la voluntad presidencial. Tampoco es secreto que otro de los posibles candidatos es Aurelio Nuño, quizá el afecto más sólido del presidente, y aunque se habla de José Narro como el caballo negro, nadie puede descartar tampoco a Osorio Chong, a pesar de su mediocre desempeño como responsable de la política interna del país.

Sin embargo, una decisión que parecía no tan sencilla pero quizá ya hasta tomada, ha tenido que cambiar por las modificaciones a que obliga al gobierno la contingencia por los terremotos de septiembre.

¿Qué cambió por el terremoto? Cambió todo. México no será el mismo después de los sismos, pero si algo cambió fue precisamente la política y la sucesión presidencial en particular.

Quizá la mayor modificación la padeció el propio gobierno priista. Los ciudadanos le exigen que no sólo se aplique en la reconstrucción sino que cada uno de sus miembros se enfoque a darle solución no sólo a cómo se edificará de nuevo Chiapas, Oaxaca, Puebla, Estado de México y Morelos, sino también a aguzar el ingenio para resolver las necesidades de quienes les dieron su voto.

Hoy el debate no sólo radica en si los dineros que reciben los partidos deben de ser para la reconstrucción, sino también en una propuesta mañosa de quitar no sólo los plurinominales sino también los fondos públicos a todos los partidos.

Quizá la catástrofe sacó lo mejor y los peor de todos: unos queriendo que todos donen y otros queriendo sacarle raja a su donación, unos aspirando que se renuncie a los fondos públicos pero para que el gobierno priista sea el que lo usufructúe para su partido y sus candidatos.

Otros más donando para ellos mismos: una fundación donde sus incondicionales sean los que manejen la ayuda en su nombre y para su partido.
La historia continuará. Seguirá hasta que haya un hartazgo, hasta que haya un basta que nadie sabe en qué parará.

Pero si algo tampoco puede avanzar en un país que es centralista, es lo que sucederá en nueve entidades donde habrá un proceso para cambiar al gobernador local.

Veracruz, Guanajuato, Tabasco, Yucatán, Chiapas, Puebla, Morelos, Ciudad de México y Jalisco renovarán sus ejecutivos, pero todos ellos dependerán, en el caso del PRI a quien sea el candidato presidencial.

Hoy, quienes creen tenerla segura tienen que evitar que sus seguidores ya los den por seguros en sus pláticas, en sus comentarios porque si algo dañará a los aspirantes es que se diga que son los candidatos del gobernador de su entidad, los oficiales, a los que el aparato estatal privilegiará y destinará recursos para su promoción. De la cuchara a la boca se cae la sopa, diría el clásico.

En Yucatán, lo reservado del gobernador Rolando Zapata no sabemos si se evitará la filtración. La lista de los priistas yucatecos que aspiran a ser candidatos es bastante más nutrida que la del PAN que pareciera ya resuelta entre Renán Barrera y Mauricio Vila.

En el PRI se definirá entre Jorge Carlos Ramírez Marín, para quien su posición nacional sería una ventaja ante la cercanía con el gabinete presidencial –del que fue parte- y por ende con el candidato presidencial; Víctor Caballero Durán es el mejor amigo y el hombre de más confianza para el gobernador Zapata, pero no pareciera tener empuje electoral como tampoco lo tendría Ramírez Marín, los dos son quienes menos crecen en las encuestas.

Mauricio Sahuí sería el tercero en discordia. Joven, dinámico, es quizá el candidato que más se ajusta a la mayoría del universo de electores y sería también el mejor posicionado en las encuestas. Sin embargo, no podemos dejar de lado a Pablo Gamboa Miner, pero su falta de experiencia y de ascendencia entre los yucatecos, sería sustituida por la fortaleza política de su padre.

El error que no pueden cometer ninguno de ellos es pensar que su destino ya está decidido. Que ellos serán porque tienen la bendición divina. Presumir de la cercanía presidencial o con el gobernador es precisamente la condición que los hace más vulnerables y no porque cometan el error de decir que son sus candidatos sino porque esa cercanía les permitiría a ambos pedirles que se bajen de la contienda para dejársela a otro.

En política, lo que hoy está a la mano, mañana puede ser lo más distante. He conocido a muchos que pensaban que lo único que necesitaban para ser gobierno era la amistad con el gobernador y el presupuesto de la entidad. Vaya equivocación: en Campeche no salió candidato priista Raúl Pozos precisamente por su cercanía al gobernador y en Yucatán aunque lo impuso Patricio Patrón y hasta el presidente Calderón, Xavier Abreu no logró ganar en una elección que se veía de trámite.

Los candidatos oficiales tienen una cuesta más difícil de escalar precisamente porque la sienten segura. Cuidado y caen en ese error.

José Francisco Lopez Vargas
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