Las elecciones en Estados Unidos se encuentran este lunes en su recta final y la moneda está en el aires, pues se aprecia un empate técnico entre la candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, y su oponente republicano, Donald Trump.
Ahora, ya con los comicios encima, los equipos de ambos candidatos realizan sus últimos esfuerzos en cortejar a los electores de los estados de Arizona, Carolina del Norte, Colorado, Florida, Georgia, Iowa, Michigan, Nevada, Nueva Hampshire, Ohio, Pensylvania, Utah, Virginia y Wisconsin, los cuales definirán al ganador.
La cuestión no es fácil. Aunque buena parte de los estados de la Unión Americana ya están definidos como republicanos o demócratas, por razones históricas o tendencias políticas recientes, como los casos de California -demócrata- o Texas -republicano-, en realidad los que no tienen una tendencia decisiva son los que resultan de mayor importancia en los comicios.
Comúnmente se les llama estados “bisagra”, porque pueden abrir la puerta a la Casa Blanca en un sentido y otro, o “púrpura”, debido a que ese color resulta de la mezcla entre el rojo, identificado con los demócratas, y el azul, identificado con los republicanos.
“Los estados ‘bisagra’ son los que tienen un número importante de votos en los que el sufragio se divide casi exactamente entre los candidatos. Por ejemplo, California que es donde vivo, no es un estado bisagra, es un estado de mayoría demócrata”, explica a Expansión Joel D. Aberbach, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de California en Los Ángeles.
La diferencia entre el voto popular y el electoral
La importancia de los estados indecisos o indefinidos se basa en el sistema electoral estadounidense.
“Tenemos un sistema en el que el presidente es electo indirectamente por el llamado Colegio Electoral. Cada estado elige a sus electores, quienes eligen a su vez al presidente”, explica Aberbach.
partido sean elegidos para el colegio electoral y ellos son los que de hecho
emiten el voto. La gente no piensa en eso, ellos creen que están votando por
Hillary Clinton, pero en realidad están votando por electores comprometidos con
Hillary Clinton”, agrega.
Se necesita un total de 270 votos electorales para ganar las
elecciones y entre los estados púrpura, Florida es el que da el mayor número de votos,
con 27.
Incluso asegurándose los votos electorales, los comicios pueden
presentar sorpresas. “Debido a que el voto popular no es lo que determina
el resultado porque la gente vota por los electores, puedes tener estados con
la gran mayoría de la población votando por un candidato, pero los electores
pueden votar de otra manera”.
“Por ejemplo, Florida es un estado bisagra. Al Gore ganó
ahí el voto popular por medio millón de votos, pero perdió en el voto de los
electores (quienes se inclinaron por George W. Bush)”, agrega.
El sistema electoral
“La gente que escribió la constitución hizo que cada estado
recibiera cierto número de electores. Eso le permitió a los estados más
pequeños no ser dominados políticamente por los más grandes. Ese sistema les
dio más poder”, señala Aberbach.
En los estados bisagra o púrpura las cosas se complican para los
candidatos por factores diversos, como cuestiones culturales o de composición
social. Trump podría tener problemas para atraerse a los electores de origen hispano en Colorado o a las personas de raza
negra, claramente ausentes en sus actos de campaña.
Clinton podría tener problemas similares con los sectores más
tradicionales de Michigan, Carolina del Norte o Pennsylvania, aunque podría ser
favorecida por los votos de los sectores a los que Trump a ofendido.
Además, aunque logren pintar de “rojo” o
“azul” un estado, la tendencia podría cambiar debido a que su mensaje
tardaría en llegar a nuevos grupos de votantes que pueden variar la tendencia a
favor de uno u otro candidato.
Y para complicar más las cosas, hay que mencionar el impacto que
los escándalos de uno u otro candidato tengan en esos estados, como ha
ocurrido casi desde el inicio de
la campaña.


