Por: Eduardo Ruíz-Healy.
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Los políticos derechistas del Partido Conservador que en
2015 lograron que el Reino Unido abandonara la Unión Europea (UE), argumentaron
que su país debía recuperar su soberanía disminuida por la UE.
Un argumento similar al que hoy esgrime el
izquierdista presidente Andrés Manuel López Obrador para justificar los cambios
a leyes y reglamentos que ha promovido y que, a diferencia del gobierno de Estados
Unidos, no considera que violen varios artículos del Tratado México-Estados
Unidos-Canadá (T-MEC).
Esta semana insistió en que las controversias
presentadas por EEUU y Canadá contra México no se justifican y que son intentos
de ambos países para disminuir la
soberanía nacional.
Así lo dijo: “México es un país independiente, libre,
soberano. Y podemos tener muchas oportunidades por la vecindad y por tratarse
del país con más potencial económico y comercial del mundo, y todo lo que se
pueda obtener en beneficio de México; sin embargo, nada de eso se equipara con
la independencia, la soberanía y la dignidad de nuestro pueblo…”.
Sobre el tema de la soberanía y autonomía de los
países escribió en diciembre de 2018 el exdirector de la División de Finanzas
Internacionales de la Reserva Federal estadounidense, Ralph Bryant, en un
artículo que publicó el Brookings Institution de Washington, DC.
En su artículo titulado “Brexit: Make hard choices but
don’t confuse sovereignty with autonomy” (Brexit: toma decisiones difíciles
pero no confundas soberanía con autonomía), el hoy académico en Brookings,
escribió:
“La claridad exige una distinción entre la soberanía
de jure de una nación y su autonomía de facto. Soberanía de jure (legal)
significa independencia jurídica formal. Las autoridades políticas internas
son, en principio, los árbitros del comportamiento dentro del territorio de una
nación. Pero las restricciones reales sobre el poder de las autoridades
políticas divergen marcadamente de los principios legales. La autonomía genuina
de facto a menudo está fuertemente limitada.
“La soberanía de jure no puede garantizar que una
nación pueda, de facto, evitar que las influencias externas den forma a los
acontecimientos y decisiones que se toman dentro de sus fronteras (…) las
reducciones en la soberanía de jure que mejoran el bienestar de los residentes
de una nación son un asunto completamente diferente. Una nación puede decidir,
sabiamente, aceptar reducciones en su autonomía de facto. Si las autoridades
políticas nacionales voluntariamente entran en acuerdos para mejorar el
bienestar que reemplazan la soberanía de jure, tales salidas no son ‘violaciones’.
Son acuerdos de cooperación”.
AMLO rechazó “todo lo que se pueda obtener en
beneficio de México” porque es más importante la soberanía nacional, la
soberanía de jure, que él confunde con la autonomía de facto.
Curiosamente, ni él ni ninguno de los 114 de 121 senadores
que en julio de 2019 aprobaron el T-MEC mencionaron una sola vez que éste le
restara soberanía o autonomía a México. Con su silencio, lo aceptaron.
Sería conveniente que Andrés Manuel le explicara al
pueblo por qué es más importante la soberanía que todos los beneficios que
puede representar el T-MEC para los mexicanos. Que yo sepa, los tacos de soberanía no le quitan el hambre a un
ser humano.


