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Lula, a sus 77 años, enfrentará graves problemas en su tercera presidencia

Eduardo Ruíz-Healy
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Por: Eduardo Ruíz-Healy.

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El domingo pasado, Luiz Inácio Lula da Silva fue
electo como presidente de Brasil por tercera ocasión. En lo que fue la segunda
vuelta de la elección presidencial obtuvo el 50.9% de los votos, arriba del
49.1% que obtuvo su rival, el presidente saliente Jair Messias Bolsonaro.

Con 77 años recién cumplidos, Lula será el gobernante
más viejo de América Latina, y el segundo de más edad de toda América, después
del estadounidense Joe Biden, que dentro de algunos días cumplirá 80.

Al asumir el cargo, el 1 de enero venidero, se
convertirá en el miembro número 13 del grupo de gobernantes de izquierda o
centroizquierda de América Latina, siendo los otros 12 los presidentes de
Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, República Dominicana, Honduras,
Nicaragua, México, Perú y Venezuela, y el primer ministro de Belice.

Los resultados de la elección en Brasil indican la gran
polarización de la sociedad de ese país, fenómeno que también se manifestó en
las elecciones presidenciales de Colombia de 2022 que ganó Gustavo Petro con el
50.44% de los votos, de Perú de 2021 que ganó Pedro Castillo con el 50.125%, y
de Uruguay de 2019 que ganó Luis Lacalle con el 50.79%. Lo anterior no
significa que no haya polarización en otros países, porque en la mayoría de los
casos los actuales gobernantes ganaron con márgenes estrechos y en muy pocos
casos por mayoría aplastante.

Hasta el momento de escribir esta columna Bolsonaro no
había aceptado su derrota y es previsible que, imitando a su héroe Donald
Trump, no reconozca nunca la victoria de Lula, aunque la autoridad electoral
brasileña ya declaró a este como el vencedor de la elección.

¿Cómo será la tercera presidencia de Lula? ¿Por su
edad será menos agresivo que cuando por primera vez fue presidente, en 2003 y
tenía 58 años?

Es de esperar que en esta ocasión su gobierno será
diferente en algunos aspectos que los que presidió en 2003 y 2007. El mundo ha
cambiado mucho desde 2010, cuando terminó su segundo cuatrienio. Además, el
haber pasado un año y medio en la cárcel, de 2018 a 2019, después de que un
juez relacionado con Bolsonaro lo declaró culpable de corrupción debe haberlo
afectado aunque haya sido liberado después de que la Suprema Corte de Brasil lo
declarara inocente y anulara su condena.

Lula deberá enfrentar un país en serios problemas
económicos y con una población profundamente dividida. Los que votaron por él
tienen fe en que podrá corregir la situación mientras que los que apoyan a
Bolsonaro lo ven como un corrupto.

Deberá fortalecer la debilitada democracia de su país
y salvar su recursos naturales, sobre todo en el Amazonas, que Bolsonaro se
encargó de atacar en durante los últimos cuatro años. Y, si el aún presidente
no reconoce su derrota del domingo pasado, es casi seguro que se convertirá en
un crítico constante del próximo gobierno para preparar su candidatura
presidencial para las elecciones de 2026.

Al igual que lo que sucede en Estados Unidos, en donde
Donald Trump continúa dividiendo a la población, Bolsonaro tratará de mantener
a su lado a los que votaron por él, que representan el nada despreciable 49.1%
de los electores.

Otro factor que hay que tener en cuenta de Lula es su
estado de salud, que dista de ser bueno.

Tiempos difíciles vienen para los brasileños.

Eduardo Ruíz-Healy
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