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Luto en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad; Luto en mi conciencia y mi corazón

Jose Aviles Marín
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A la memoria de Santiago Olivares Herrera

Transcurrían los 3 ó 4 primeros años de la década de los 90 cuando la vida me dio la fortuna de conocer a un ejemplo de superhombre, a un amante de la vida, de la justicia, a un amoroso amigo, a un camarada de la lucha social, a un soñador insondable de emociones, a un apasionado del buen Rock Pop (sobre todo, The Beatles), a un devoto de convivencias profundas, a un incondicional de la mujer, a un legítimo ser humano de lágrimas fáciles -esas auténticas cascadas que bajan por las mejillas, originadas por sentimientos que vienen del alma-, a un mozuelo de carreras y juegos entre las banquetas y los automóviles; la vida me reunió, por primera vez, con el Gran Santiago Olivares (Sam) en las inmediaciones de las oficinas de la SEDESOL, porque ambos trabajábamos en la promoción del desarrollo de grupos vulnerables y asistíamos a las reuniones de los Fondos de Coinversión Social para gestionar proyectos y apoyos, Sam para las personas con discapacidad y un servidor para los jóvenes.
Recuerdo que lo primero que me atrajo de su personalidad fue su ímpetu por obtener todos los logros a favor de la causa por la discapacidad, lo más pronto y más ampliamente posible; sin embargo, Sam estaba recién llegado de la capital del país, enviado por María Angélica Luna Parra (+) y Luis Donaldo Colosio Murrieta (+) para impulsar un gran movimiento nacional y promover la integración social de las personas con discapacidad, entendida, como una política de Estado y, por supuesto, entonces, su tarea no era nada fácil, mucho menos en tierra de yucatecos que, generalmente, descalifican con suma ligereza a quienes vienen a vivir y trabajar a sus lares. De ahí que, de nuestras primeras pláticas, salían toda clase de análisis para que Sam pudiera integrarse de las mejores maneras y, sobre todo, lograse sus sueños y compromisos con una lucha que, para esos años, apenas era embrionaria para conquistar los intereses públicos a los más altos y expandidos niveles. Dejé de verlo un tiempo, pues mi trabajo me llevó a radicar a Tabasco y, luego, a la CDMX.
Cuan grande sería mi sorpresa y gratitud con la vida que, en agosto de 1995 fui nombrado Director General del DIF en Yucatán y, con ello, me reencontré con Santiago para nunca más separarnos y, de su mano, de su talento y de su compromiso, es que se lograron las conquistas más relevantes en la historia de la lucha por los derechos de las personas con discapacidad de nuestra entidad, logros que hasta nuestros días se han conservado e incrementado, pero que no tenían precedentes en nuestro terruño y, siendo justos, no se han vuelto tener, ni en importancia, ni en proporciones.
Viene a mi memoria la encarnizada lucha por la Ley de Integración Social para las Personas con Discapacidad del Estado de Yucatán de 1996, enviada al Congreso del Estado por el Gobernador Víctor Cervera Pacheco y que, desde su consulta social, su cabildeo con las ONG, etc., fue un torbellino de trabajos y problemas que, sin los arrojos y liderazgo de Sam, no se hubiera podido aprobar, pues -nada menos, ni nada más- toda la fracción parlamentaria del PAN y sus personeros estuvieron haciendo todo lo posible para boicotear dicha iniciativa; afortunadamente, para la causa de la discapacidad, esa importantísima iniciativa fue aprobada en lo que, hasta hoy, ha sido la sesión más larga de la historia de nuestro Congreso. Con esta herramienta de derechos y obligaciones se instaló el primer Consejo Estatal para la Integración de las Personas con Discapacidad del Estado de Yucatán y, como nunca, la lucha por las causas de la discapacidad nos llevó a los alcances más insospechados. Por citar algunos ejemplos, se gestionaron e instalaron 41 Unidades Regionales de Rehabilitación en igual número de municipios (cuando iniciamos solo habían 3: Progreso, Tixkokob y Panabá) y, a la fecha, Yucatán cuenta con 71 (o sea que el 60% de esos servicios se lograron entre 1995-2001); la Agencia de Integración Laboral para personas con discapacidad, la Coordinación de Integración Educativa del CREE, la remodelación y modernización del CREE (y su cancha de usos múltiples), el Programa de motocicletas adaptadas para personas con discapacidad del DIF, el Programa de Foto-credencialización de personas con discapacidad (y con ello el sistema de información y bases de datos más importante del Estado en esa materia), las primeras actividades de básquetbol en sillas de ruedas, así como de danza sobre ruedas, por citar algunos de los más relevantes, son motivos sobrados para sentirnos muy orgullosos de la promoción y gestión de nuestro amigo Santiago Olivares Herrera. Y, por si fuera poco, Sam fue clave para el logro del Centro Regional de Órtesis y Prótesis de Yucatán (CROPAFY), del que fue un incansable promotor, por cierto, la única obra que ha sido motivo de ser inaugurada por un Presidente de la República, el Dr. Ernesto Zedillo, en toda la historia del DIF en Yucatán.
De mi amigo y hermano Santiago, también, guardo en el alma esa mirada limpia que expresaba -siempre- acompañada de una sonrisa franca que solo viene de los grandes maestros de la vida, de esos seres humanos que suelen hacerle homenajes a la vida a cada rato y que, puedo asegurar, que vienen a vivir intensamente para hacer de ella un poema y bien morir, para marchar al infinito dejando una estela inalcanzable de enseñanzas y pedagogía que tanta, pero tanta falta hacen siempre. De Sam, anido su reciedumbre para acompañar a sus amigos -como yo y otros- en todos los momentos, sobre todo los más difíciles; atesoro su compañía y su solidaridad para mí y mi familia, cuando pasé por las etapas de verdadera hambre y por desempleo, como producto de la ingrata carrera que he tenido en el servicio público que, lamentablemente, siempre depende de la azarosa y peligrosa arena política.
Santiago y entrañables compañeros como Martín, Ismael, Lourdes, Isabel, Luis y much@s más me enseñaron lo hermoso que es saber vivir desde la adversidad y retomar de ella, acaso, su carácter de fuente inagotable de desarrollo y de dignidad humanas; de ahí ese sonoro grito… “Abran cancha a una vida sin barreras” que tanto le escuché a Sam, desde esa primera vez que nos conocimos y que nuestros corazones y nuestras conciencias hicieran un pacto de honor por la vida.
Gracias Santiago por tu amor y por tu ejemplo del Nuevo Hombre (como el que soñara el Che a quien tanto admiramos juntos).
Te quiere, Pepete.

Mérida, Yucatán a 28 de agosto de 2020

PD.- En la funeraria donde se velaron los restos mortuorios de mi hermano Sam, utilicé, por necesidad, el sanitario; para mi satisfacción, contaba con todos los elementos adecuados para las personas con discapacidad, empezando con rampas, señalamientos, pasamanos en el inodoro, en el mingitorio y el espacio era correcto para el giro de una silla de ruedas. Desde luego, guardé en el fondo de mi corazón una sonrisa de complicidad y agrado para Santiago, y se la llevaré a nuestro futuro encuentro, más allá del bien y del mal.

Jose Aviles Marín
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