La noche del 14 de enero de 2026 quedará marcada como una de las más duras en la memoria reciente del Real Madrid. En el debut oficial de Álvaro Arbeloa como entrenador del primer equipo, el conjunto merengue fue eliminado de la Copa del Rey al caer 3‑2 ante el Albacete, un equipo de la Segunda División. Fue una derrota inesperada que desató un terremoto de cuestionamientos sobre el rumbo del club y, sobre todo, sobre las decisiones deportivas tomadas en los últimos meses.
¿Era realmente Xabi Alonso el problema?
La historia reciente del Madrid comenzó a tensarse tras el nombramiento de Xabi Alonso como entrenador el 25 de mayo de 2025. Alonso venía de una carrera sólida, con un estilo claro y ambicioso, y aterrizó en el Bernabéu con la misión de devolver al club su identidad ofensiva y competitiva.
Su paso por el primer equipo, sin embargo, fue breve: poco más de seis meses. Tras un buen arranque de temporada y un triplete de resultados sólidos en La Liga, el equipo entró en un bache de rendimiento que culminó en una derrota por 3‑2 frente al FC Barcelona en la final de la Supercopa de España. Apenas un día después, el 12 de enero de 2026, Real Madrid y Xabi Alonso acordaron separarse mutuamente.
La elección de Álvaro Arbeloa como sustituto inmediato sorprendió a muchos, incluido gran parte del entorno madridista, debido a su falta de experiencia dirigiendo a nivel de élite. Arbeloa, exjugador del club y técnico del Castilla, había estado al frente del equipo filial desde mayo de 2025, con un rendimiento modesto pero respetable.
Su presentación oficial como entrenador del primer equipo no se hizo esperar, pero el reto era mayúsculo: en menos de 48 horas se encontró a cargo del equipo para un partido clave de Copa frente a un rival que jugaba con hambre y sin nada que perder.
El resultado final 3‑2 en favor de Albacete, no solo eliminó al Real Madrid de un torneo importante, sino que expuso problemas estructurales que ya venían gestándose antes de la llegada de Arbeloa: falta de consistencia táctica, desconexión entre líneas y una plantilla con mucho talento pero poca identidad.
Tras el partido, Arbeloa atendió a la prensa y dejó declaraciones que han generado tanto apoyo como críticas. Lejos de culpar a los jugadores, el técnico asumió totalmente la responsabilidad del resultado: “si alguien es el culpable de la derrota soy yo, porque he tomado las decisiones sobre la alineación, cómo queríamos jugar y los cambios… Solo puedo agradecer a los jugadores la bienvenida que me han dado y el esfuerzo que han hecho hoy”.
Dentro de ese discurso, Arbeloa tuvo palabras especiales para Vinícius Jr., agradeciendo su compromiso y actitud durante el partido, incluso cuando el equipo no dio la talla colectivamente. Esto fue interpretado por algunos como un mensaje implícito: “Gracias, Vinícius, por tener el compromiso y jugar todo el partido… ¿Los demás no quisieron jugar, o qué?”.
Más allá del tono confrontacional que podría desprenderse de esa frase, Arbeloa quiso transmitir que, pese a las críticas recientes y las tensiones que se vivieron durante la etapa de Alonso, la responsabilidad no recae en un solo jugador y que al menos hubo compromiso individual por parte de algunos futbolistas.
¿El problema era Xabi Alonso… o era algo más?
Responder esa pregunta requiere honestidad: el problema nunca fue exclusivamente Xabi Alonso. El hecho de que su paso haya sido tan breve, y que la crisis continúe incluso tras su salida, indica que lo que está ocurriendo en el Real Madrid es más profundo que un cambio de entrenador.
Hay una atmósfera de expectativas extremas, presión interna por resultados inmediatos y un vestuario con demasiadas estrellas componiendo una mezcla explosiva. Ni Alonso ni Arbeloa han tenido tiempo real de moldear totalmente al equipo. Y ante eso, la derrota en Albacete se convierte en un síntoma, no en la causa.
La temporada 2025‑26 del Real Madrid ya será recordada por esta crisis de identidad. El golpe de realidad sufrido en Albacete no debe servir para buscar culpables individuales, sino para enfrentar una verdad incómoda: el club necesita claridad de proyecto, coherencia táctica y un liderazgo firme que trascienda nombres y egos.
Si se mira con objetividad, ni Alonso fue el fracaso absoluto que algunos pintan, ni Arbeloa es la solución mágica que otros esperaban. El verdadero reto, para la directiva, el cuerpo técnico y los jugadores, es construir un equipo unido, con propósito y con mentalidad ganadora, sin depender de un solo nombre o de una sola figura en el banquillo.
Y eso, hasta ahora, sigue siendo el gran desafío del Real Madrid.


