La violencia empañó la previa del partido de ida de las semifinales de la Copa Libertadores entre Botafogo y Peñarol, disputado el 23 de octubre de 2024 en Río de Janeiro. Horas antes del encuentro, se desató una serie de disturbios protagonizados por hinchas uruguayos en la zona de la playa Recreio dos Bandeirantes, en el oeste de la ciudad brasileña. Los incidentes incluyeron saqueos, destrozos de mobiliario y enfrentamientos con la policía, lo que llevó a la detención de más de 200 personas.
Según testigos, los disturbios comenzaron tras el robo de un celular, lo que desató una reacción violenta por parte de algunos hinchas de Peñarol. Los aficionados arrojaron objetos contra comercios y transeúntes, además de incendiar un autobús y atacar a la policía. La respuesta de las autoridades incluyó el uso de balas de goma y gases lacrimógenos para controlar la situación.
La violencia no se limitó a los seguidores de Peñarol y Botafogo. También participaron hinchas de otros equipos brasileños, como Flamengo, Fluminense y Vasco da Gama, lo que intensificó el caos en las calles de Río. En medio de estos enfrentamientos, varios vehículos fueron dañados, y la policía tuvo que solicitar refuerzos del Batallón de Choque para poner fin a los disturbios.
El gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro, condenó los hechos y aseguró que los hinchas responsables serían escoltados fuera de la ciudad tras ser procesados por las autoridades. “Río no es un lugar para problemas”, afirmó Castro, enfatizando la necesidad de preservar la seguridad en el marco de eventos deportivos.


