México y Estados Unidos anunciaron la creación de un mecanismo conjunto para fortalecer el control del tráfico de armas entre ambos países, particularmente en la frontera común. A través de este acuerdo, uno de los más ambiciosos en materia de seguridad bilateral, se espera “interrumpir el flujo ilícito de armas en la frontera común”.
El primer encuentro del llamado Grupo de Implementación de Seguridad México‑Estados Unidos tuvo lugar en McAllen, Texas, donde se presentó la “Misión Cortafuegos”, destinada a coordinar operativos de vigilancia, intercambio de información y acciones judiciales. México anunció que utilizará la herramienta eTrace —un sistema de rastreo de armas usadas en investigaciones criminales— con mayor amplitud, y que implementará tecnología de identificación balística en las 32 entidades del país.
Desde la perspectiva estadounidense, el Departamento de Estado calificó el acuerdo como un nivel de colaboración “sin precedentes”. Destacó la creación de una plataforma segura para compartir datos sobre envíos sospechosos de drogas, armas de fuego, precursores químicos y combustibles ilícitos.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, subrayó que en este pacto se cambió el enfoque tradicional, pues “por primera vez lo primero que se discuta son las armas que vienen de Estados Unidos a México”. En un acto público, enfatizó además: “Nunca se había logrado un acuerdo de este tipo. La soberanía es algo que nunca se va a negociar, jamás”.
El nuevo mecanismo responde al reclamo persistente de México de que EE. UU. asuma responsabilidad por la violencia que genera el flujo de armas hacia el territorio mexicano. Aunque Estados Unidos ha responsabilizado a México por su combate al narcotráfico, en este caso el gobierno mexicano logró que se comprometan a “reforzar los operativos en Estados Unidos para controlar el paso de armas de Estados Unidos a México”.
Sheinbaum también aclaró los límites de esta cooperación: “sí, coordinación, sí, colaboración, pero no al injerencismo y no a la pérdida de soberanía. Nos coordinamos, colaboramos, pero nunca nos subordinamos”. Con este espíritu, México busca tanto disuadir a las redes criminales como obtener el reconocimiento implícito de que la responsabilidad del flujo armamentístico es compartida por ambos lados de la frontera.


