Por Carlos E. Bojórquez Urzaiz
Diego Rivera, el muralista que fijó su impronta en la plástica mexicana a través de los seductores rasgos nacionalistas que plasmó en sus obras, arribó a Yucatán el 27 de noviembre de 1921 con el Secretario de Educación José Vasconcelos, quien se hizo acompañar por una pléyade de intelectuales, entre los que figuraban el propio Rivera, el dominicano Pedro Henríquez Ureña, Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet y Adolfo Best, que lo ayudarían a explicar en Mérida los motivos que dieron origen a la Secretaria de Educación Pública, fundada apenas en el 25 de septiembre del mismo año.
Diego Rivera, como es sabido, recién había regresado de Italia, donde tuvo experiencias con pintores vanguardistas, por lo que la fundación de la nueva Secretaría encabezada por Vasconcelos, representaba la posibilidad de relacionarlo con los proyectos revolucionarios de educación que se impulsaban bajo influencia de este pensador oaxaqueño, con el cual no siempre comulgó el muralista, ni otros intelectuales residentes en Yucatán. De cualquier manera, es probable que la incorporación de Rivera a la delegación que viajó a Yucatán aspirara a que el gran artista de la plástica encontrase, como en efecto ocurrió, una explicación diáfana de la Revolución mexicana más acorde a su ideario, dado que el reciente triunfo electoral de Felipe Carrillo Puerto a la gubernatura, acaso podría contagiarlo del entusiasmo popular imperante en el Mayab. Además, el propio Vasconcelos estaba al tanto del entorno político de donde emanaron las críticas vertidas por los delegados del magisterio yucateco, José de la Luz Mena y Eduardo Urzaiz Rodríguez, durante un congreso de educación en la Ciudad de México de diciembre de 1920, en el que expresaron que las ideas que regirían la nueva Secretaría eran hasta cierto punto conservadoras, en comparación con los resultados alcanzados durante el congreso pedagógico local de 1915 y 1916. Sin embargo, con su habilidad de estadista y sagacidad impar, Felipe Carrillo Puerto hospedó a José Vasconcelos en el hogar del doctor Eduardo Urzaiz, a quien encargó el motuleño que lo atendiera con su habitual cortesía, con la mano izquierda que siempre lo caracterizó, pero que no cejara ni un centímetro en el ideal carrillista de abrir las puertas de la que actualmente es la Universidad Autónomo de Yucatán, como en efecto ocurrió en febrero de 1922. Se sabe que, además de la conferencia dictada por José Vasconcelos en el teatro José Peón Contreras, la noche del 27 de noviembre, Pedro Henríquez Ureña disertó varias veces acerca de la literatura latinoamericana, y que Adolfo Best lo hizo discerniendo sobre la profundidad del dibujo, ante
estudiantes normalistas.
De las actividades de Diego Rivera se recuerda que siempre estuvo rodeado por profesores y estudiantes de Bellas Artes, que a la sazón se alojaba en el Ateneo Peninsular, deseosos de asimilar algo de su genio creador, y que se llevó una grata impresión por el rojo vivo de las banderas que ondeaba sin cesar el magisterio socialista dirigido por el profesor Alvino J. Lope, durante la recepción de la comitiva vasconceliana en el muelle de Progreso.
Desconocemos mucho del recorrido de Diego Rivera por Uxmal, atravesando el poblado de Muna, donde consta que presenció la celebración de una alegre vaquería, o si el esplendor de Chichén-Itzá y las banderas de los profesores del Partido Socialista del Sureste inspiraron alguna de las partes de sus obras trazadas meses después, ya que en septiembre de 1922 empezó a decorar al fresco el primer patio de la Secretaría de Educación Pública y ese mismo año ingresó al Partido Comunista Mexicano, en franco desafío político a Vasconcelos. Sin embargo, en medio de las preguntas que puedan surgir de esta visita, consta que el extraordinario muralista fue dibujado de cuerpo entero en un boceto de Eduardo Urzaiz Rodríguez, quien acompañó al secretario de educación y a su comitiva en cada una de las actividades que realizaron. En los años cuarenta del siglo pasado, quien fuera Rector fundador de la Universidad, con la ayuda de su indiscutible memoria, trazó el dibujo de Rivera a cuyo píe de página escribió lo siguiente:
“…Y sucedió que en el indispensable viaje a Chichén ltzá, para ir de Dzitás a las ruinas, Diego ocupó un boláncoche en el que previamente se habían instalado don Alfonso Cardone, Tito Patrón y don Enrique Cervera…y naturalmente, el vetusto carruaje no pudiendo soportar aquellos ochocientos o mil kilos, se partió por el eje. El discutido artista dijo que el incidente no tenía importancia, porque él estaba acostumbrado a viajar a pie; y a pie realizó la excursión, seguido por dos o tres muchachos de Bellas Artes”
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El resto de la historia quedó en el registro de los mentideros
que aún abundan tanto abundan en Yucatán.


