Mérida, Yucatán; 15 de mayo de 2016 (Thelmo
Zapata/ACOM).- Durante sus 42 años de carrera en el magisterio, lo más
importante para la profesora Mireya Loeza Azcorra ha sido formar personas
íntegras y útiles para la sociedad.
“Ser maestra es lo más maravilloso que me
pudo haber pasado”, afirma enérgicamente.
En entrevista, la profesora recuerda que en
sus inicios, como muchos otros docentes, trabajó en diversos municipios del
estado, debido a que no contaba con una plaza fija.
Durante varios años, impartió todos los
grados de primaria en planteles de Maxcanú, Espita, Sacabá, Kantunil y
Chicxulub Puerto hasta que surgió la oportunidad de fundar una escuela en
Mérida, que se convertiría en lo que hoy es la “Manuel Gutiérrez Nájera”, en el
fraccionamiento Yucalpetén, al poniente de la capital yucateca.
“La primaria la levantamos de cero. Comencé
dando clases en una casa que me prestaron unos padres de familia, hasta que
finalmente se consiguió el terreno en donde está ahora”, explica.
Antes de la Gutiérrez Nájera, la rutina era
irse de Mérida los domingos por la tarde y regresar el viernes a la misma hora,
dejando atrás a su esposo y a su hija, quien lloraba inconsolablemente al
despedirse de su madre.
Hoy, como jefa del sector 3 de primarias de
la Secretaría de Educación de Yucatán (Segey), Loeza Azcorra detalla que al
momento de dar clase su carácter era enérgico, pero a la vez muy humano. Le
interesaba que todos aprendieran, aunque algunos tuvieran problemas en el
camino.
“Me autoanalizaba y revisaba qué no estaba
funcionando para saber por qué de 40 alumnos, diez no comprendían los temas.
Platicaba la situación con ellos y hacía otras dinámicas para hacer más fácil
el aprendizaje”, señala.
A la par de su rol de fundadora y
directora de la primaria, la maestra Mireya compaginó su trabajo con la
docencia en el turno vespertino de secundarias de Ucú y Caucel, en donde
impartió la materia de español, su favorita.
“Analizar poemas, reglas ortográficas y
enseñar la composición de enunciados eran de mis temas preferidos”, indica.
Además, contrario a lo que otros maestros
mencionan, le encantaba tratar con adolescentes.
“Siempre me interesaron los grados
superiores, como te dije, he dado todos los grados de primaria, pero hay algo
en especial en los quintos y sextos años de primaria y los jóvenes de
secundaria. Fue una época que llenó mi vida”, manifiesta.
“Te vuelves como sus segundos papás. Nada me
da más gusto que encontrármelos por la calle y que me reconozcan luego de todo
el tiempo que pasamos juntos”, dice orgullosa.
Cuestionada sobre si tuviese la oportunidad
de escoger otra profesión, Loeza Azcorra responde firme.
“Volvería a ser maestra 10 millones de veces.
Es un trabajo maravilloso y muy satisfactoria, en el que sin duda los momentos
buenos y agradables son muchísimos más que los tristes, pues otras personas aprenden
de ti y tu de ellos”, sentencia.


