Daniela Torre Medina.
Lo animal no duda.
Elige.
Marca.
Se queda.
No porque lea libros sobre fidelidad
ni porque le enseñen a temer al pecado,
sino porque su instinto
reconoce territorio
y lo cuida.
Nosotros no.
A nosotros nos educaron al revés.
Nos dijeron que desear es libertad,
que acumular cuerpos es experiencia,
qué aburrirse es señal
de que algo mejor espera afuera.
Nos enseñaron a desconfiar del vínculo
pero a confiar en la tentación.
Y yo pienso
tal vez el animal es más honesto que nosotros.
Porque no divide el deseo del compromiso.
No juega a querer mientras mira opciones.No convierte el amor en vitrina.
La cultura nos susurra:
“si sientes algo por alguien más,
es natural, síguelo.”
Pero cuando sentimos algo profundo por una sola persona,
nos llama ingenuos.
Nos vendieron la idea de que estabilidad es cárcel
y novedad es poder.
Y yo no sé si estoy equivocada,
pero algo dentro de mí, algo primitivo, algo limpio,
cree que cuando eliges
de verdad eliges.
Que no es represión quedarse,
es decisión.
Tal vez por eso me siento rara
cuando pienso que la lealtad no debería ser heroicidad
sino coherencia.
Quizá no es necesariamente que lo animal sea monógamo.
Quizá es que lo animal es claro.
Y nosotros aprendimos
a justificar
lo que no queremos enfrentar.Y lo más crudo de todo
es que nadie nos obliga a traicionar.
Pero nos educaron
a llamar evolución
a la incapacidad de sostener lo que amamos.


