Nicolás Maduro tomó posesión de su tercer mandato presidencial en Venezuela el 10 de enero de 2025, durante una ceremonia celebrada en el Palacio Federal Legislativo de Caracas. Este acto se desarrolló en medio de un clima de tensión política, marcado por cuestionamientos a la legitimidad de las elecciones y creciente presión internacional.
Las elecciones de julio de 2024, en las que Maduro fue declarado ganador, han sido objeto de críticas por parte de la oposición y organismos internacionales, que señalan irregularidades y falta de transparencia en el proceso. Edmundo González Urrutia, principal candidato opositor, asegura que él fue el verdadero vencedor de los comicios y ha contado con el respaldo de varios países que desconocen el nuevo mandato de Maduro.
En su discurso de juramentación, Maduro defendió la legalidad de su reelección y acusó a potencias extranjeras de intentar desestabilizar a Venezuela a través de sanciones económicas y políticas. El mandatario afirmó que su gobierno continuará trabajando por la paz y la prosperidad del país, a pesar de lo que calificó como “agresiones injerencistas”.

A nivel internacional, las reacciones no se hicieron esperar. Estados Unidos incrementó la recompensa por información que lleve a la captura de Maduro, a quien acusa de estar involucrado en actividades relacionadas con el narcotráfico. Por su parte, la Unión Europea y otros países han ampliado las sanciones contra funcionarios venezolanos, denunciando violaciones a los derechos humanos y manipulación en el proceso electoral.
En el interior del país, la situación sigue siendo tensa. Protestas y movilizaciones se han registrado tanto a favor como en contra del nuevo mandato de Maduro. La oposición ha convocado a manifestaciones pacíficas y ha reiterado su compromiso de trabajar por una transición democrática en Venezuela, llamando a la comunidad internacional a redoblar esfuerzos para apoyar esta causa.
El tercer mandato de Nicolás Maduro comienza en un contexto de creciente aislamiento internacional y desafíos internos. La comunidad internacional y los actores políticos venezolanos observan con cautela los próximos pasos del gobierno y de la oposición, mientras la crisis política y social en el país continúa siendo un tema de preocupación global.


