Opiniones

A todos les llega su momento de ganar… y de perder

Encuestas en Nuevo León revelan el regreso de la alianza PRI-PAN y el desgaste político que ningún partido en el poder logra evitar

Por La Revista Peninsular · 15/9/2026 08:17
A todos les llega su momento de ganar… y de perder

En política hay una regla que muchos olvidan cuando están arriba: ningún triunfo es eterno. A todos les llega su momento de ganar. Y, tarde o temprano, también les llega su momento de perder. El problema es que cuando un partido acumula victorias, controla gobiernos, domina la conversación pública y observa a sus adversarios debilitados, comienza a convencerse de que aquello no es una circunstancia política, sino una nueva realidad permanente. Y ahí suele comenzar el principio del fin.

Nuevo León ofrece hoy una fotografía interesante.

Una encuesta de MetricsMx coloca a la eventual alianza PRI-PAN con 30.4 por ciento de las preferencias, mientras Morena aparece con 22.6 y Movimiento Ciudadano con 22.3 por ciento. En los escenarios con candidatos, Adrián de la Garza aparece adelante, aunque la propia medición reconoce que la competencia sigue abierta. No significa que Adrián ya ganó. Muchísimo menos que Movimiento Ciudadano haya perdido Nuevo León.

Falta una eternidad política para la elección de 2027 y, además, otras encuestas presentan fotografías diferentes. Lo importante no es quién encabeza hoy una encuesta. Lo interesante es el movimiento del péndulo. Hace apenas unos años, Movimiento Ciudadano parecía haber encontrado en Nuevo León el laboratorio perfecto de una nueva política.

Samuel García representaba juventud, redes sociales, irreverencia y una comunicación completamente distinta a la utilizada por los partidos tradicionales. Mariana Rodríguez se convirtió en un fenómeno político y mediático por derecho propio.

El PRI parecía condenado a desaparecer.  El PAN había perdido el protagonismo que durante décadas tuvo en uno de sus territorios naturales. Y Adrián de la Garza había perdido la gubernatura. Pero la política tiene memoria corta y ciclos largos. El que ayer perdió puede regresar. El que parecía acabado puede reconstruirse. Y el que se sentía invencible puede descubrir, de pronto, que los ciudadanos ya están buscando otra cosa. Eso es precisamente lo saludable de la democracia.

El poder desgasta

Gobernar inevitablemente produce desgaste. Una cosa es hacer campaña y otra administrar. En campaña se prometen soluciones; gobernando se acumulan problemas. En campaña todo puede atribuirse al gobierno anterior; después de varios años, esa explicación deja de funcionar. Los baches son tuyos. La inseguridad es tuya. El transporte es tuyo. Las obras inconclusas son tuyas. Los errores de tus funcionarios son tuyos. Y también lo son la arrogancia, los excesos y las frivolidades que la sociedad comienza a identificar con quienes gobiernan.

Por eso los gobiernos deberían entender algo elemental: cada día en el poder consume una parte del capital político que los llevó hasta ahí. La única manera de recuperarlo es gobernando bien.

La historia mexicana está llena de políticos que fueron declarados muertos antes de tiempo. También está llena de partidos que celebraron demasiado pronto la desaparición de sus adversarios. El PRI creyó durante décadas que nunca perdería la Presidencia. La perdió.

El PAN llegó a Los Pinos después de una lucha histórica y algunos imaginaron que había comenzado una nueva época. Doce años después regresó el PRI.

En 2012 muchos interpretaron el regreso priista como la demostración de que aquella maquinaria política seguía siendo indestructible. Seis años después sufrió la peor derrota presidencial de su historia. Morena apareció entonces como una fuerza arrolladora y transformó por completo el sistema político mexicano. Hoy domina buena parte del país. Pero también a Morena le llegará inevitablemente el desgaste. No necesariamente mañana. Quizá tampoco en 2027. Pero llegará. Porque ninguna marca política puede sustituir indefinidamente los resultados de gobierno.

Cuando se gana demasiado se corre un riesgo peligrosísimo: dejar de escuchar. Los dirigentes comienzan a reunirse solamente con quienes piensan como ellos. Los gobernadores escuchan a funcionarios que les dicen que todo marcha perfectamente. Los partidos confunden militancia con sociedad. Las redes sociales crean burbujas donde todos aplauden. Y las encuestas favorables terminan utilizándose para alimentar el ego en lugar de comprender al electorado. Hasta que llega una elección. Y aparece la sorpresa. Pero casi nunca fue una sorpresa. Las señales estaban ahí. Simplemente nadie quiso verlas.

Adrián de la Garza perdió la elección de gobernador de Nuevo León en 2021. Hoy vuelve a aparecer competitivo rumbo a 2027. Esa circunstancia contiene otra enseñanza. Una derrota electoral no necesariamente significa el final de una carrera política. Perder puede servir para corregir. Para recorrer nuevamente las calles. Para reconstruir alianzas. Para reconciliarse con sectores que se alejaron. Para esperar. Y esperar también es hacer política.

Hay políticos que después de una derrota desaparecen porque nunca tuvieron estructura propia. Otros sobreviven precisamente porque entienden que una elección solamente es una batalla dentro de una trayectoria mucho más larga.

Por eso no debería preocuparnos que un partido pierda. Debería preocuparnos que un partido crea que tiene derecho a ganar siempre. La democracia funciona precisamente porque el ciudadano conserva una herramienta extraordinariamente poderosa: retirar la confianza. Hoy puede entregársela a Morena. Mañana al PAN. Después al PRI. A Movimiento Ciudadano. O a cualquier otra alternativa que aparezca. El voto no es un matrimonio. Es un contrato temporal.

Y quizá esa sea una de las lecciones que deberían estudiar quienes hoy gobiernan México, pero también quienes sueñan con sustituirlos No basta esperar que el adversario se desgaste. Hay que construir una alternativa. Porque tampoco existe una ley que diga que quien perdió ayer necesariamente ganará mañana.

El péndulo siempre regresa

Nuevo León todavía está lejos de definir gobernador. Habrá candidatos, campañas, errores, alianzas, rupturas y acontecimientos que hoy simplemente no podemos anticipar. Las encuestas cambiarán muchas veces. Pero la fotografía actual sirve para recordar una vieja máxima del poder. Nunca hay que sentirse invencible cuando se gana ni acabado cuando se pierde.

La política es un enorme péndulo. Un día estás arriba. Otro día abajo.

El ciudadano observa, compara, se entusiasma, se decepciona, perdona y castiga. Por eso el poder debería ejercerse siempre con humildad. Porque la silla que hoy parece nuestra mañana será de alguien más. Así ha ocurrido con el PRI. Así ocurrió con el PAN. Así puede ocurrir con Movimiento Ciudadano. Y así, tarde o temprano, ocurrirá también con Morena. Porque en democracia nadie tiene escriturado el poder. A todos les llega su momento de ganar. 

Y a todos, inevitablemente, les llega también su momento de perder.

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