Aprender…
Por: Cristina Padín
Por: Cristina Padín
El monstruo obligó al joven a postrarse y dijo contra él palabras tan ofensivas que las propias palabras lloraron cuando salieron de su boca. Era un acosador, un ser sin corazón, un adolescente engreído y absurdo, sin alma, sin cultura, sin valores.
El profesor tenía sesenta y pico. Parecía joven, le sentaban bien los vaqueros y estaba muy al tanto de la música actual. Le gustaba Vigo, el toreo de José Tomás, las castañas, leer… y la buena educación. Y los modales. Y la verdad y la valentía.
Aborrecía muchas conductas actuales…
Explicó al muchacho agredido que no era culpable de nada. Que el culpable era el monstruo que le había pegado, que le había vejado. Un tipo sin interés alguno, alguien despreciable. Explicó a los demás que no hacer nada era cobardía.
A nadie gustan los cobardes.
Explicó en las aulas y en la junta que los profesores son los guardianes de lo que importa. Por si alguien lo hace tan mal como los padres de aquel chico. No supieron procurarle respeto ni afecto. Crearon un puro monstruo de soberbia y maldad.
Qué hay maestros malos? Sí, claro. Alguno hay. Y bomberos malos, y peluqueros malos. Por eso el tema de aprender lleva varios vértices: la casa, la escuela. Todo tiene que ir de la mano. Así lo pensaba él, tan maduro y tan solvente…
El monstruo podía recuperarse. Pero con un castigo muy ejemplar. Duro. Que sería el que aplicara: la ridiculización. No era partidario en ese caso de emplear palabra suave. Quería la dureza. Y a los padres les dijo que tenían un hijo seco por completo.
Tal vez él lograra volverlo fresco. Y humano. Hasta la fecha no lo era.
Me indigna el acoso, no lo soporto
Me indigna la actitud de algunos padres al respecto de este tema
Me indignan los monstruos
La labor de las aulas es fundamental. Los profesores son héroes y valientes
A mi querido Luis
A mi amiga Rosario
Al toreo
Al toreo de José Tomás
A la valentía
A los valientes