“Backrooms” redefine el terror: el fenómeno de internet que cambió las reglas del género
“Backrooms” nació de una imagen aparentemente inofensiva: una habitación vacía, iluminada por luces fluorescentes, con paredes amarillentas y una alfombra que parecía pertenecer a una oficina olvidada. La fotografía apareció en internet en 2019 acompañada por una descripción que planteaba la posibilidad de salir accidentalmente de la realidad y terminar atrapado en aquel espacio interminable.
Lo que parecía una publicación más en un foro terminó dando origen a uno de los fenómenos de terror más particulares de los últimos años. Usuarios de distintas partes del mundo comenzaron a desarrollar historias, niveles, criaturas y reglas alrededor de aquel extraño universo, construyendo de manera colectiva una mitología que no nació de un estudio cinematográfico ni de una franquicia tradicional.
Una de las figuras fundamentales para llevar el concepto a otro nivel fue Kane Parsons, conocido en internet como Kane Pixels. Siendo todavía adolescente, el creador comenzó a producir videos con estética de metraje encontrado que trasladaban al público a enormes habitaciones, pasillos y estructuras aparentemente interminables.
Parte del éxito de Backrooms reside precisamente en aquello que evita mostrar. Su propuesta se aleja de las fórmulas tradicionales del género, en las que una criatura, un asesino o una amenaza claramente identificable persigue a los protagonistas. Aquí, buena parte del miedo nace del propio espacio.
El sonido constante de las luces fluorescentes, los pasillos que parecen no conducir a ningún sitio, las habitaciones vacías y la sensación de que existe algo fuera del campo de visión construyen una tensión que puede mantenerse incluso sin mostrar directamente aquello que representa el peligro.
De esta manera, Backrooms convierte lugares aparentemente familiares en escenarios inquietantes. Oficinas, pasillos y habitaciones pierden los elementos que normalmente los hacen reconocibles y seguros. No existen ventanas hacia el exterior, personas que indiquen dónde se encuentra el protagonista ni referencias claras que permitan entender la dimensión del espacio.
El fenómeno también representa un cambio en la manera en que puede construirse una franquicia de terror. Su universo no fue concebido inicialmente por una compañía, sino por cientos de usuarios que fueron agregando ideas y ampliando sus reglas a través de foros, videos y comunidades digitales.
Esa naturaleza colaborativa demuestra cómo internet puede transformar una sola imagen en una narrativa mucho más grande. Lo que comenzó como una fotografía anónima terminó desarrollando una identidad propia y demostrando que el miedo no necesariamente necesita monstruos visibles, violencia explícita o sobresaltos constantes.
Backrooms plantea una forma diferente de provocar terror: hacer que el espectador tema al lugar en el que se encuentra, incluso cuando aparentemente no ocurre nada. Su principal amenaza es la incertidumbre y la sensación de estar atrapado en un espacio que parece conocido, pero donde algo simplemente no está bien.
Así, el fenómeno nacido en internet no solamente consiguió convertirse en una referencia de la cultura digital, sino que también abrió una discusión sobre los límites del género y sobre las nuevas formas en las que una generación acostumbrada a crear, compartir y reinterpretar historias en línea puede construir sus propios miedos.