Panorama

Brasil remonta ante Japón y avanza en el Mundial 2026 con triunfo agónico

Brasil venció 2-1 a Japón en los dieciseisavos de final del Mundial 2026, en un partido que terminó siendo mucho más exigente de lo esperado para la selección sudamericana.

Por La Revista Peninsular · 29/6/2026 13:16
Brasil remonta ante Japón y avanza en el Mundial 2026 con triunfo agónico

Brasil venció 2-1 a Japón en los dieciseisavos de final del Mundial 2026, en un partido que terminó siendo mucho más exigente de lo esperado para la selección sudamericana. La Canarinha avanzó a la siguiente ronda, pero lo hizo después de una noche incómoda, intensa y llena de tensión, en la que tuvo que remar contra el marcador y resolver el encuentro en los últimos minutos.

Japón fue el primero en golpear. Al minuto 29, Kaishu Sano adelantó al conjunto asiático tras una acción que reflejó perfectamente el plan de partido japonés: orden defensivo, presión inteligente y velocidad para atacar los espacios. Lejos de salir a resistir únicamente, Japón entendió cómo incomodar a Brasil. Cerró los pasillos interiores, redujo el margen de maniobra de Vinícius Jr. y obligó al equipo brasileño a circular el balón sin demasiada profundidad durante varios tramos del primer tiempo.

La primera mitad dejó una imagen clara: Brasil tenía más talento individual, pero Japón tenía más claridad colectiva. El equipo asiático se mostró compacto, disciplinado y valiente. Su línea defensiva de cinco hombres le permitió proteger mejor los costados y limitar los desbordes brasileños, mientras que sus mediocampistas trabajaron con mucha intensidad para cortar conexiones y salir rápido al contragolpe.

Para Brasil, el partido empezó a cambiar en el segundo tiempo. El equipo de Carlo Ancelotti entendió que no bastaba con tener la pelota; necesitaba jugar con más agresividad, cargar el área y acelerar sus ataques. La reacción llegó al minuto 55, cuando Casemiro apareció con un cabezazo para empatar el marcador. Fue un gol muy brasileño en el sentido más competitivo de la palabra: no nació de una jugada brillante, sino de la jerarquía, del oficio y de saber encontrar una solución en un momento de presión.

A partir del empate, Brasil empujó con más convicción. Japón, que había hecho un enorme desgaste físico y táctico, comenzó a retroceder cada vez más cerca de su área. Aun así, el equipo japonés resistió con dignidad y mantuvo vivo el partido hasta el cierre. Su arquero, Zion Suzuki, también tuvo intervenciones importantes para evitar que Brasil resolviera antes el encuentro.

El momento decisivo llegó en el tiempo agregado. Gabriel Martinelli marcó el 2-1 al 90+6 y desató el alivio brasileño. El gol fue mucho más que una anotación de último minuto: fue la diferencia entre una victoria sufrida y una posible prórroga cargada de nervios. Martinelli apareció cuando el partido pedía frescura, velocidad y determinación, tres elementos que Brasil necesitaba para romper por fin la resistencia japonesa.

Desde el análisis táctico, Brasil ganó porque tuvo más recursos para modificar el partido. No fue una exhibición cómoda ni una actuación dominante de principio a fin, pero sí una muestra de carácter. Ancelotti logró que su equipo no perdiera la paciencia después del golpe inicial y sus ajustes ofensivos terminaron inclinando la balanza. La entrada de jugadores con mayor movilidad le dio otra energía al ataque brasileño y obligó a Japón a defender cada vez más bajo.

Sin embargo, la victoria también deja advertencias para Brasil. El equipo sufrió cuando Japón le cerró los espacios, le faltó velocidad en la circulación durante varios momentos y dependió demasiado de acciones individuales para generar peligro. Ante rivales con mayor contundencia ofensiva, esos lapsos de desconexión pueden costar mucho más caro.

Japón, por su parte, se despide con una actuación muy seria. Su eliminación no borra el gran partido que realizó. Fue un equipo competitivo, ordenado y con una idea clara. Durante muchos minutos puso contra las cuerdas a una de las selecciones más poderosas del mundo y demostró que su crecimiento futbolístico ya no es una promesa, sino una realidad consolidada.

Brasil avanza, pero no sale intacto. Gana confianza por la forma en que remontó, aunque también recibe un aviso importante: en las fases eliminatorias no alcanza con la camiseta ni con la historia. Hay que competir cada pelota, corregir sobre la marcha y encontrar respuestas incluso cuando el partido no fluye.

La victoria ante Japón puede terminar siendo valiosa para Brasil no solo por el pase a la siguiente ronda, sino por el aprendizaje que deja. Fue una noche de sufrimiento, carácter y resolución agónica. De esas que no siempre embellecen el camino de un candidato, pero sí lo fortalecen.

Ver en La Revista Peninsular →
© 2026 La Revista Peninsular