Calaveras 2026
Humor, versos y sátira política: las calaveritas literarias de Día de Muertos regresan para darle un guiño a los personajes de Yucatán
Las calaveritas literarias son una tradición mexicana que acompaña las celebraciones del Día de Muertos. Son composiciones en verso, generalmente con rima, que cuentan con humor y picardía un encuentro imaginario entre la Muerte y una persona viva. En ellas, la Flaca o la Catrina llega para llevarse al protagonista, pero suele terminar envuelta en situaciones divertidas relacionadas con su trabajo, sus costumbres o su personalidad.
Más que anunciar una despedida, estos versos celebran la vida y nuestra manera de mirar a la muerte con familiaridad, ingenio y una sonrisa. También son una forma de sátira que permite bromear sobre amigos, familiares y personajes públicos. Con ese espíritu compartimos estas calaveritas: un guiño a quienes forman parte de la vida política de Yucatán, desde una de las tradiciones más entrañables de México.
Joaquín Díaz Mena, Huacho | La gira del más allá
Por Huacho llegó la Muerte
al Palacio de Gobierno:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
te me vienes al descanso eterno!».
«Acompáñame primero,
nos falta una comisaría;
no dejamos a nadie postrero,
¡todavía nos queda día!».
Tras recorrer Yucatán,
la Flaca perdió el aliento:
«¡Me regreso a mi panteón,
avísame cuando tomes asiento!».

Alaine López Briceño | La última obra
Por Alaine fue la Muerte
a la oficina de Infraestructura:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
ya está lista tu sepultura!».
Alaine revisó los planos
y le empezó a señalar:
«¡Con esos cimientos tan malos,
esa cripta se va a cuartear!».
La Flaca, entre los escombros,
tuvo que aceptar la lección:
¡ahora carga bultos al hombro
y Alaine dirige el panteón!

Cecilia Patrón Laviada | La Muerte enchula el panteón
Por Cecilia fue la Muerte
hasta el Palacio Municipal:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
ya te espera tu funeral!».
Cecilia miró la carroza
y le puso una condición:
«Tu calle está peligrosa,
¡primero tapa el socavón!».
La Flaca acabó barriendo,
cambiando focos del portón:
¡Cecilia siguió atendiendo
y ella enchulando el panteón!

Edgardo Medina Rodríguez | La última cosecha
Fue por Edgardo la Muerte
hasta una milpa florida:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
vengo a cosechar tu vida!».
Él le contestó tranquilo:
«Primero hay que trabajar;
deja la guadaña a un lado,
¡que nos falta por sembrar!».
La Flaca sembró sandía,
frijol y maíz temprano;
¡y ahora exige que haya lluvia
antes de llevarse a Edgardo!

Luis Antonio Hevia Jiménez | La Muerte sin planeación
Por Luis Hevia fue la Muerte
con su ruta hacia el panteón:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
ya llegó tu último jalón!».
Luis le pidió un calendario,
metas y justificación:
«No basta traer un horario,
¡aquí se exige planeación!».
La Flaca entregó el proyecto
y él le puso observación:
«¡Te faltó medir el efecto
y consultar a la población!».

Darío Flota Ocampo | Un viaje sin regreso
Por Darío vino la Flaca
con un paquete especial:
«¡Trae sombrero y tu hamaca,
que hoy te vas de viaje astral!».
Darío revisó el folleto
y le encontró un gran error:
«Si quieres vender completo,
¡promociona algo mejor!».
La llevó por todo el estado,
entre playa, pueblo y sazón;
¡la Muerte extendió su estancia
y canceló la del panteón!

Ermilo Barrera Novelo | Inversión del otro mundo
Por Ermilo fue la Muerte
con su oferta de panteón:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
ya no busques inversión!».
Él le respondió sonriente:
«Tu propuesta puede andar,
pero dime primeramente:
¿cuántos empleos va a generar?».
La Flaca sacó las cuentas
y cambió de ocupación:
¡ahora anda buscando rentas
para abrir otro panteón!

Luis Felipe Saidén Ojeda | La Muerte bajo vigilancia
Por Saidén llegó la Muerte
con su guadaña afilada:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
ya tengo tu fosa apartada!».
Pero al dar vuelta en la esquina
la pararon en revisión:
«¿Por qué lleva, mi catrina,
esa arma sin autorización?».
«¡Vengo por el secretario!»,
gritó mostrando los dientes.
¡Y terminó en el inventario
su guadaña y sus pendientes!

Juan Enrique Balam Varquez | La Muerte reprobó
Por Balam llegó la Flaca
a la Secretaría de Educación:
«¡Vámonos, toma tu hamaca,
que te espera tu panteón!».
Él le puso un gran examen
antes de dejarla entrar:
«Primero sale el dictamen,
¡aquí hay que acreditar!».
La Huesuda, muy nerviosa,
no acertó ni una cuestión:
¡se marchó toda penosa
a estudiar su educación!

Omar Pérez | Hasta la Muerte negocia
Por Omar llegó la Muerte
a la oficina de Gobierno:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
te vienes conmigo al infierno!».
Omar le ofreció una silla:
«Primero hay que dialogar;
siéntese aquí, mi Flaquilla,
que algo podemos pactar».
Tras discutir todo el día,
firmaron una minuta:
¡la Muerte aún no se lo lleva,
pero ya cambió de ruta!

Alberto Alcocer | La Muerte pasó consulta
Por Alcocer fue la Muerte
a la Secretaría de Salud:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
ya te tengo tu ataúd!».
Alberto le abrió expediente
y la empezó a revisar:
«La encuentro muy diferente,
¡se me tiene que cuidar!».
Salió la Flaca espantada
con receta y vitaminas:
¡iba por otra jornada
y acabó comprando medicinas!

Gaspar Daniel Alemañy Ortiz | La Muerte perdió el juicio
A Gaspar buscó la Muerte
en la Consejería:
«¡Vengo para recogerte,
se terminó tu estadía!».
Él revisó el documento
y encontró la anomalía:
«¡Carece de fundamento
y hasta de firma venía!».
La Flaca, desesperada,
fue a tramitar un amparo;
¡y entre tanta cosa juzgada,
ya le salió el viaje caro!

Juan Sánchez | Ni la Muerte pasó el gasto
Fue por Juan Sánchez la Muerte
a Administración y Finanzas:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
ya no admito más tardanzas!».
Juan le pidió la factura
del ataúd y el traslado:
«Sin comprobar la captura,
¡no te autorizo el gasto!».
La Flaca soltó el lamento
y se marchó del despacho:
«¡No me alcanza el presupuesto
para llevarme a este muchacho!».

Dafne López Martínez | Un proyecto para el más allá
Por Dafne llegó la Flaca
con sus planes especiales:
«¡Vámonos, que en mi comarca
faltan buenos materiales!».
Dafne revisó el proyecto
y le encontró varios males:
«¡No te autorizo el trayecto
sin definir los detalles!».
La Muerte salió apurada
a corregir sus pendientes;
¡ahora anda coordinada
y entregando sus reportes!

Patricia Briceño | La Muerte se volvió artista
Por Patricia fue la Muerte
a la oficina de Cultura:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
ya te espera sepultura!».
Patricia le dio un libreto
y la subió al escenario:
«¡Primero aprende el soneto
y cumple con el horario!».
La Flaca salió a las tablas
con talento y con soltura:
¡ya cobra por sus funciones
y hasta pide más Cultura!

Liborio Vidal | Ni la Muerte le fía
Por Liborio fue la Flaca
hasta Bomssa una mañana:
«¡Vengo a llevarte en mi hamaca,
se te terminó la gana!».
«No me lleves todavía,
que Mérida está primero;
por Morena buscaría
gobernarla con esmero».
La Muerte le echó una cuenta
y respondió con porfía:
«¡Aquí no basta la venta,
hay que ganar la alcaldía!».
Liborio ofreció un descuento
para aplazar la partida;
¡y la Flaca, de momento,
se llevó una tele a crédito y le perdonó la vida!

Óscar Brito | La Flaca también es fundadora
Por Brito llegó la Muerte
hasta su curul un día:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
se acabó tu diputación!».
«Espérame, que mi empeño
es buscar la alcaldía».
«Soy del grupo fundador»,
dijo Óscar muy convencido;
«desde antes puse el sudor,
no soy recién convertido».
La Flaca soltó la risa
y le respondió burlona:
«¡No te me adelantes tanto,
que aún falta quien te escoja!».
Brito le pidió paciencia
para entrar a la encuesta;
¡y la Muerte, por prudencia,
también se apuntó a la apuesta!

Gaspar Quintal | La Muerte pidió estructura
Por Gaspar llegó la Muerte
hasta la sede tricolor:
«¡Hoy se te acabó la suerte,
vámonos sin tanto rumor!».
Gaspar le ofreció un asiento
y le habló de la elección:
«Si me ayudas con talento,
¡levantamos la votación!».
La Flaca miró el padrón
y exclamó con amargura:
«¡Tengo lleno mi panteón
y tú me pides estructura!».

Álvaro Cetina | La Muerte pidió afiliación
Por Álvaro fue la Flaca
hasta el PAN de la ciudad:
«¡Ya te llevo en mi petaca
por toda la eternidad!».
Él le respondió sonriente:
«Primero hay que organizar;
con tu arrastre entre la gente,
¡mejor vente a militar!».
La Muerte aceptó el encargo
y salió a buscar sección:
¡iba por Álvaro al cargo
y acabó en afiliación!
