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Con Todo sobre las Propuestas

Debate

Por LaRevistaP · 05/04/2024 00:00
Con Todo sobre las Propuestas

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Dr. Jorge Valladares

Sigamos con el diccionario, para recordar y ubicar de qué estábamos hablando y dejar atrás todas las confusiones que generamos en el camino, por pasar a discutir u opinar sin claridad de lo que queríamos decir.

Este domingo 7 de junio será el primero de los debates para quienes aspiran a presidir nuestra aún república a partir de octubre de 2024. Contamos conque las dos contendientes principales estarán allí, una porque lo desea y seguramente le servirá para remontar la enorme distancia que se ha generado con la elección de estado en curso. La otra es la que le da sentido a esta aclaración, ya que ha tratado de bloquear cada avance en la organización y siendo que este primero no es realmente obligatorio podría cumplir la continuidad que ofrece, no presentándose; como lo hiciera su jefe de campaña, Andrés Manuel, en la elección que perdió frente a Calderón. El tercer contendiente, si va o no va, lo mismo da.

Cabe en esta re-construcción de significado la etimología, siempre clarificadora, un recuento de la forma en que se distorsionó el sentido y la prospectiva de lo que puede ser, este y los debates en general, para la democracia en nuestro país, reiterando el propósito que tenemos algunos millones de ciudadanos/as de conservarla.

Debate se refiere a una forma particular de las varias posibles en las que podemos plantear ideas con otras personas. Hace ya algunos ayeres tuve oportunidad de compartir en este espacio que amablemente nos brinda La Revista, el comparativo de varias formas, entre las cuales mi favorita suele ser conversar.

Hay una confusión enorme en los verbos cercanos, pero su forma y finalidad hacen la enorme diferencia, que de entenderse nos facilitaría entendernos. Pensamos que con hablar ya estamos en comunicación, pero no lo logramos sin tener clara la diferencia entre eso y platicar, opinar, monologar, dialogar o debatir. En la conversación se requiere dos o más personas o colectivos con posturas propias, reunido, más de una vez, a intercambiar hasta el grado de hacer que versen (giren) los planteamientos, y aquello que se comparte finalmente arribe a algo más.

Hablar es simplemente emitir palabras, platicar es hacerlo sobre algo elemental, opinar implica juzgar o valorar respecto a algo. Y podemos realizar cualquiera de esas acciones participando una persona en un monólogo, o más de una en un diálogo. En este segundo caso podemos pretender informar (enterar de algo), exponer (poner a la vista) convenir (ponerse de acuerdo), discrepar (manifestar desacuerdo, diferenciarse), convencer (mover con razones para un cambio), o… debatir…

En sentido estricto conversar o debatir no ha de confundirse con una exposición (ilustrada o torpe) unilateral o múltiple, una conferencia (brillante o sosa, pasiva o dinámica), y menos con una ronda de desahogos en cualquier tonalidad que se presente y por pacientes y tolerantes que sean quienes participen. La repetición o intercambio de frases populares, por muchos likes que acumulen, tampoco califican.

En el debate hay algo particular. Para entender su origen basta partir la palabra, y el de se refiere a la dirección (de arriba hacia abajo) o separación o alejamiento, mientras que bat es garrote o battuere golpear. Así que, de modo simple, debatir es discutir con opiniones diferentes dando alternativos golpes a los argumentos de la otra persona de modo que se aplasten ideas o se separe lo que sí de lo que no o se tomen posiciones o distancia con respecto a opiniones o posturas. Es luchar, es una forma de combatir, reservado a las ideas o posturas, pues si fuera una lucha total, sería eso, combate.

Tal claridad deja de lado las elucubraciones o anhelos de muchos comentaristas que esperan de los debates modos o contenidos que no tienen que ver con esta figura de comunicación; a la vez que sirve para entender porque quienes valoran con ligereza la bondad de un debate público suelen poner de relieve la temperatura que toma la fricción en las expresiones que van y vienen. En ambos hay confusión, pues el debate no requiere ser “respetuoso”, en el sentido de hoy, donde se anuncia “con todo respeto” una mentada de madre, ni tampoco en el sentido usual de consideración que se le da al “respeto”, pues quien se anima a entrar a debatir es porque ya reconoció la validez de la participación en condiciones de igualdad de uno mismo y del adversario. Pero tampoco es un simple pleito o intercambio de agravios que prenda al público o desahogue a las personas participantes.

En 1994 el bien estimado Colosio tuvo la brillante idea de, por primera vez, abrirse a un debate entre aspirantes a la Presidencia de México. Invitó a Cuauhtémoc Cárdenas, quien quería tener un “mano a mano”, y también a Diego Fernández y a Cecilia Soto. Su aún irresuelto asesinato le impidió llegar a participar, pero si lo hicieron sus contendientes, frente al flamante candidato de relevo, Ernesto Zedillo. Fue un debate organizado por la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y Televisión y visto por 34 millones de personas.

Pasaría una década aún para que la ley los contemplara y fuera la autoridad electoral la encargada de su organización, a tiempo de ver cómo nuestro hoy empleado Presidente, en su primer anhelo de obtener tal puesto, se negara a presentarse a debatir con Calderón, Madrazo, Mercado y Campa, y dejara en su atril vacío la ventaja de 10% que tenía en las encuestas, para finalmente perder esa elección por medio punto porcentual.

El INE y las instituciones electorales estatales hicieron de los debates uno de los temas de más cautela y publicidad para sus funciones, y con ello han desarrollado un par de elementos institucionales útiles y una larga lista de elementos para asegurar que sea legal y muy costoso distorsionar el sentido y utilidad de los debates.

El historial público y mediático ha estado plagado de críticas a la forma, siendo el denominador común que “no son como deberían ser”, y eso que han ido de lo abierto a lo muy cerrado, de la invisibilidad de la moderación al protagonismo de ella, pasando por el de una edecán, que dejará a un contendiente con los ojos ad hoc a su apellido.

Mucho de lo que hoy se confunde con políticas públicas, estrategias de gobierno, ideología partidista o de estado o estilo de gobierno fueron meras ocurrencias que nacieron en el simplismo de Andrés Manuel durante sus participaciones, una vez entendido que sí debía asistir a los debates.

Un debate, para ceñirse a su sentido y utilidad, debería sí tener estos elementos:

- Establecer los temas precisos sobre los que se va a debatir. Vale la idea de que los temas de fondo para gobernar un país son las propuestas o posturas que tenga quien aspira sobre educación, salud, seguridad, justicia y economía; y ya. O sobre problemas, políticas o proyectos específicos del momento particular que vive el país, sobre el cual las respuestas a debatir son el quién, cuando, cómo y con qué se solucionarán.

- Obligación de asistir por parte de quienes quieran mantener la candidatura, a cualquiera de los puestos en los que se paga el sueldo con nuestros impuestos y se pone a disposición de quien gane los recursos y decisiones vitales para el país.

- Una cantidad de tiempo sensata para abordar la cantidad de temas por la cantidad de participantes, de modo que tenga que haber un planteamiento puntual de la postura de cada cual, un espacio equivalente para atacar las posturas contrarias y un espacio final para formular las conclusiones sobre cada punto. Dando como resultado que deje a la vista para el público, qué piensa cada cual del tema A, B, C..., cómo lo resolvería, cómo defiende su postura y ataca las opuestas, y cómo se retroalimenta de la confrontación de ideas.

- Una moderación que asegure tres cosas: que el tiempo sea equilibrado entre las personas participantes, que se entienda lo que dicen y que efectivamente atiendan el tema que motivó el debate en la forma dicha en el punto anterior. Los dos primeros se logran con la efectiva aplicación de turnos y la tercera instando o asentando si alguna de las participaciones no respondió a lo que se abordaba.

- Una forma creativa, o al menos creíble, de que los electores hallen relevancia en el tema que se debate y obtengan cierta claridad de las respuestas que deben dar o que no hubo respuesta por parte de quienes participaron. Esto se ha intentado de varios modos, pero probablemente es el punto menos atendido.

 

En mi visión personal, si pudiéramos corregir algo importante en la triada política, elecciones y participación ciudadana, los debates podrían ser un elemento cardinal. Disponer en la ley que para cualquier puesto que se financie públicamente debe haber tantos debates como sean necesarios para que se tome la decisión respectiva; sea de elección popular o incluso en aquellos que corresponde a las cámaras o comités especiales tomar la decisión.

Yendo al extremo por mera ilustración, podríamos eliminar el financiamiento público de los partidos y limitar las campanas solamente a debates si contáramos con que se realicen con los elementos indicados, se tenga un filtro para quienes pueden aspirar a la candidatura (y entonces participar en los debates) y tenemos las bases jurídicas e institucionales para que los debates sean de transmisión universal y las reglas con que se conduzcan respondan a la equidad entre participantes. En aquellos puestos que requieren competencias específicas, bastaría añadir la revisión por parte de comisiones especializadas que se cuenta con los grados, constancias, declaraciones y demás que sean requisito para llegar a ocupar el puesto.

Imagina que la decisión de la Ciudadanía o de representantes facultados para elegir o de especialistas en valorar a quienes aspiran no dependieran de spots, o de compra de votos, o de mítines, o de obsequios, o de discursos elaborados o publicidad profesional que encubra la personalidad y desempeño de quien aspira frente a sus contendientes.

Imagina que no conociéramos a Claudia, ni a Xóchitl, ni a Jorge (en este tercer caso no es mucho pedir)… y que este domingo pudieran cada cual decirnos cuál piensan que es la situación de la atención a la salud en México, la forma en que ofrecen mejorarla en los siguientes seis años, los cambios concretos que realizarán, los recursos que usarán y su origen, así como las fechas en las que se comprometen a que suceda cada paso de sus propuestas. Y así cada domingo, tantos como temas consideremos relevantes.

Y luego de escuchar ese primer planteamiento, escucháramos a los otros dos contrapuntear, señalar las coincidencias y discrepancias que tienen, con datos, con argumentación, con sentido de lo que es México y sus posibilidades… Y finalmente oyéramos a cada cual reafirmarse en lo que dijo, mostrar apertura a lo que oyó, argumentar con sentido lo que le fue cuestionado, o incluso identificar similitudes o coincidencias y complementar las razones por las que es más probable que sea con su conducción como se logre…

Creo que todos saldríamos ganando algo como país. Y al cabo de los debates suficientes, sabríamos por qué estábamos bien al apoyar o simpatizar a alguna; o lo que nos puede esperar si tomamos la decisión de votar por esta o aquella; o el error en el que estábamos guiándonos por el partido o lo que la publicidad nos había hecho creer; o el punto que aún tenemos que valorar porque ninguna nos respondió o convenció en lo que valoramos importante.

Las frases ingeniosas, los afanes, fotos, adjetivos, ocurrencias, necedades, resbalones y demás incidentes le darían sabor, pero la sustancia estaría atendida. No es la expectativa para este domingo, pero la esperanza sigue en pie. Deseo que haya muchos millones de personas viendo y puedan aprovechar lo que vean para fortalecer sus convicciones en la democracia, en conservar esa democracia y urgir a los actores políticos a enfrentar las ideas y propuestas de sus oponentes (debatir) para darnos razones de apoyarle, en vez de combatir o abatir a sus adversarios, en una lucha que sí les puede llevar al puesto, pero no a demostrarnos que son la persona adecuada para guiarnos a un mejor México.

 

*Jorge Valladares Sánchez

Papá, Ciudadano, Consultor.

Doctor en Ciencias Sociales.

Doctor en Derechos Humanos.

Psicólogo y Abogado.

Representante de Poder Ciudadano en Yucatán.


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