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Cuando un ejército no promueve la guerra, hace la paz

Editorial.

Por Editorial La Revista Peninsular · 06/09/2019 00:00
Cuando un ejército no promueve la guerra, hace la paz

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En agosto del 2005 el Ejército Mexicano hizo historia al ingresar a territorio estadounidense por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial; una caravana de casi doscientos militares acudió a Estados Unidos de América a brindar ayuda tras el huracán Katrina. Este catastrófico huracán causó más de mil ochocientas muertes, provocó ciento veinticinco billones de dólares en daños, y prácticamente destruyó la ciudad de Nueva Orleans.

Por esas fechas era presidente de México Vicente Fox, y en Estados Unidos George Bush hijo. Este segundo difundía un discurso contra los migrantes y promovía la construcción de un muro fronterizo para controlar el flujo migratorio. A diferencia de Donald Trump, Bush hijo tenía cuidado por las formas políticas, por lo que si bien su discurso era racista, no promovía la cultura de odio y violencia que apreciamos en la actualidad.

A pesar de la compleja relación que había mantenido nuestro país con el vecino del norte (que se complicaba aún más con la administración de Bush) no hubo duda alguna en el estado mexicano de ofrecer la mano para ayudar, ni en el estado americano para aceptarla.

Los desastres naturales no conocen de fronteras.

La temporada de huracanes empieza su etapa más intensa. En medios de comunicación nos enteramos de Dorian, huracán que destruyó las Bahamas y dejó más de veinte muertos, y provocó evacuaciones en el sureste de Estados Unidos; también nos preocupamos por Fernando, huracán que impactó en el noreste de nuestro país.

En Yucatán pudimos percibir todo esto al ver cielos nubados después de algunas semanas de resentir el duro sol, sin nubes que apaciguaran su intensidad.

Nuestro Estado no es ajeno a los huracanes. Los más jóvenes aprendieron lo despiadada que puede ser la naturaleza en el año 2002 cuando Isidoro paralizó por días a la ciudad, y los más grandes lo aprendimos con Gilberto en 1988.

Como Yucatán, todo el país es propenso a ser afectado por algún desastre natural, ya sean huracanes, terremotos, o inundaciones, por lo que existe una fuerte cultura de la prevención ante desastres naturales, y una noble disposición a actuar solidariamente para brindar apoyo a zonas afectadas.

Este espíritu que permea nuestro actuar es una de las principales características de las Fuerzas Armadas Mexicanas. A nivel internacional, el Ejército Mexicano es referente en ayuda humanitaria, y ha emprendido más de cuarenta misiones en veinte países.

Así como con Katrina en el 2005, México estuvo presente en Centroamérica en el año 1998 por el huracán Mitch, en Indonesia en 2004, en Haití y Chile en el 2010, en Japón en 2011, y estuvo en Nicaragua el año pasado, por mencionar algunos esfuerzos de solidaridad.

Esta cualidad del Ejército Mexicano ha sido perfeccionada a lo largo de los años, y se encuentra establecida en el Plan DN–III–E. Estos preceptos fueron anexados al Plan de Auxilio a la Población Civil en 1965 y consisten en los lineamientos generales que las Fuerzas Armadas Mexicanas deben realizar en las actividades de auxilio a las víctimas de desastres naturales, procurando un uso eficaz de recursos, y la restauración de la zona afectada.

Este plan fue utilizado por primera vez al año siguiente de su concepción después que el huracán Inés provocara inundaciones en Tamaulipas y Veracruz.

Conscientes de la responsabilidad que conlleva formarse en acciones de rescate y contingencia ante desastres naturales, el gobierno mexicano amplió la protección que contemplaba el Plan para que se pueda aplicar en todos los países que lo requieran en el año de 1972.

Los trabajos que ha llevado a cabo el Ejército Mexicano en ayuda humanitaria, y la constante formación que recibe debe ser motivo de orgullo para todos los mexicanos, pues el ejército se vuelve promotor de los mejores valores nacionales.

Aún más, por los constantes esfuerzos que ha llevado a cabo en todo el mundo, otros países le han brindado una mano a México cuando más lo ha necesitado; como en los terremotos de septiembre del 2017 cuando recibimos ayuda de más de veinte naciones hermanas.

Pensar en un ejército humano brinda más orgullo que pensar en un ejército que oprime a las masas, que es sometido por grupos civiles armados, o que es asesinado a manos del narcotráfico.

Procurar que la formación de las Fuerzas Armadas se evoque a la protección de la vida solo brindara resultados positivos al país, y mejorará nuestras relaciones con el mundo.

Cuando un ejército no promueve la guerra, hace la paz.

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