Yucatán

Cuarenta y cinco años después, los padres de una víctima del asesino serial de Tizimín siguen sin superar su pérdida

Teodora Kahuil y Silvino Kumul visitan cada Día de Muertos la tumba de su hijo José, asesinado en 1981 cuando tenía 12 años

Por La Revista Peninsular · 02/11/2026 15:51
Cuarenta y cinco años después, los padres de una víctima del asesino serial de Tizimín siguen sin superar su pérdida

El domingo 2 de noviembre, Teodora Kahuil Huchim y Silvino Kumul Miss volvieron a la tumba de su hijo José Odón Romeo Kumul Kahuil en Tizimín para reencontrarse, entre velas y flores, con el niño de 12 años que el asesino serial Héctor González les arrebató en 1981.

La historia de José representa una de las tragedias que marcaron a Tizimín hace 45 años, cuando la desaparición y el asesinato de varios menores conmocionaron a esa comunidad del oriente de Yucatán. Para sus padres, cada visita al sepulcro significa un reencuentro espiritual con un duelo que, a casi cinco décadas de distancia, permanece intacto.

Según relataron ambos, un joven de aproximadamente 18 años se llevó a José mediante engaños, con el pretexto de tomarle fotografías. Cinco días después de su desaparición, el cuerpo del menor fue hallado enterrado en una cueva dentro de un terreno cercano a las catacumbas de la ciudad. El hallazgo confirmó el desenlace que la familia temía.

Héctor González fue detenido y encarcelado por los crímenes. De acuerdo con versiones que circulan entre vecinos de Tizimín —no confirmadas por una fuente oficial—, recuperó su libertad tras permanecer aproximadamente 17 años en prisión, y actualmente se encontraría trabajando en Mérida. Teodora y Silvino advirtieron que, según se dijo tras su captura, el presunto responsable habría confesado que sentía deseos de matar infantes, por lo que exhortaron a las familias a mantenerse alertas ante su paradero desconocido.

Para los padres de José, el vínculo con su hijo no se ha roto. Aseguran que el niño sigue presente en su memoria cada día, muy por encima de la fecha dedicada a recordar a quienes ya partieron. La visita anual a su lápida les provoca, dijeron, sentimientos encontrados: la alegría de mantener vivo ese lazo y la tristeza de no poder abrazarlo jamás.

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