De aliados a rivales comerciales: Carney enfrenta a Trump y rechaza sus condiciones
La relación entre Canadá y Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas. Tras el fracaso de las negociaciones para alcanzar un nuevo entendimiento comercial, el primer ministro canadiense, Mark Carney, decidió endurecer su postura frente al gobierno de Donald Trump y responder a los nuevos aranceles estadounidenses con medidas equivalentes.
Trump anunció un aumento de hasta el 50% en los aranceles aplicados a una serie de productos canadienses, duplicando en algunos casos la tasa del 25% vigente. Carney, por su parte, aseguró que Canadá responderá “dólar por dólar” a partir del próximo 8 de septiembre.
El primer ministro canadiense afirmó que su gobierno había mantenido una actitud “pragmática, paciente y perseverante” durante las conversaciones, pero dejó claro que Ottawa no aceptará un acuerdo que considere perjudicial para su economía o soberanía.
“No pudimos aceptar lo que Estados Unidos nos ofreció, ni pudimos dar lo que nos pidieron”, declaró Carney, quien sostuvo que Washington “pidió demasiado y ofreció muy poco”.
Trump también elevó el tono al asegurar que Canadá pretende recibir “los beneficios de ser un estado” estadounidense sin formar parte del país. Las declaraciones reflejan el deterioro de una relación económica que durante décadas estuvo marcada por una profunda integración comercial.
El enfrentamiento representa una de las mayores pruebas políticas para Carney desde que asumió el gobierno canadiense en 2025. Desde entonces, el dirigente liberal ha buscado proyectarse como un líder dispuesto a resistir las presiones de Trump y defender los intereses de Canadá, incluso si eso implica asumir consecuencias económicas en el corto plazo.
“Damos este paso con la confianza de que es lo mejor para Canadá”, afirmó Carney después de que las conversaciones se rompieran. También acusó a Washington de recurrir a una “maniobra de poder” mediante nuevas exigencias planteadas en la etapa final de la negociación.
Cuando fue cuestionado sobre si ambos países ya se encontraban en una guerra comercial, respondió: “Estás en guerra cuando te atacan; a nosotros nos atacaron”.
La escalada podría tener consecuencias importantes para las economías de ambos países. Canadá destina alrededor del 70% de sus exportaciones al mercado estadounidense, mientras que varias entidades de Estados Unidos, entre ellas Michigan, Kentucky, Indiana y Ohio, mantienen una fuerte dependencia del comercio con su vecino del norte.
Carney llegó al poder bajo la idea de “levantar los codos”, una expresión tomada del hockey sobre hielo que hace referencia a adoptar una postura más agresiva frente a un adversario. Esa estrategia se ha convertido ahora en uno de los principales elementos de su política frente a la agenda económica de Trump.
Una parte importante de la población canadiense parece respaldar una postura firme. De acuerdo con sondeos citados en la información disponible, el 36% apoyaría represalias frente a los aranceles estadounidenses, mientras que otra medición señala que el 56% prefiere que Ottawa mantenga una posición dura y evite nuevas concesiones.
La tensión también se ha trasladado al comportamiento de los consumidores. Canadienses han reducido sus viajes hacia Estados Unidos, mientras varias provincias retiraron bebidas alcohólicas estadounidenses de establecimientos comerciales como medida de presión.
Los efectos ya son visibles. Las exportaciones estadounidenses de vino hacia Canadá registraron una caída interanual del 78%, equivalente a aproximadamente 357 millones de dólares en valor de exportación. El sector de bebidas destiladas también habría sufrido descensos superiores al 70%.
Hasta hace pocos días parecía posible alcanzar un acuerdo entre Washington y Ottawa. Sin embargo, Carney sostuvo que las nuevas condiciones planteadas por Estados Unidos eran “injustas, antieconómicas” y cuestionaban la confiabilidad de cualquier pacto.
Entre las diferencias se encontrarían nuevas exigencias relacionadas con la industria automotriz canadiense y restricciones sobre los acuerdos comerciales que Canadá podría mantener con otros países.
Carney lanzó además una dura crítica a la confiabilidad del gobierno estadounidense al señalar: “Nosotros sabemos que, a veces, su firma está escrita con lápiz”.
Washington, en contraste, responsabilizó a Canadá del fracaso de las conversaciones. El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, aseguró que Ottawa presentó nuevas exigencias y retrocedió en compromisos previamente discutidos.
Dentro de Canadá, Carney ha conseguido por ahora mantener un frente político relativamente unido. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, respaldó la resistencia frente a Washington y aseguró: “Nosotros no iniciamos esta lucha, pero les puedo asegurar que la vamos a ganar”.
Incluso el líder conservador Pierre Poilievre apoyó la decisión de rechazar un acuerdo que mantuviera aranceles considerados perjudiciales para la industria canadiense. “Canadá no puede aceptar aranceles unilaterales que desindustrialicen nuestro país”, declaró.
El enfrentamiento también abre interrogantes sobre el futuro de la relación comercial de América del Norte y sobre la revisión del tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
Aunque Trump ha fijado enero de 2027 como fecha de entrada en vigor para algunos de los nuevos aranceles dirigidos a sectores clave, entre ellos el acero y la industria automotriz, los próximos meses todavía ofrecen margen para nuevas negociaciones.
Para Carney, el desafío será demostrar que resistir la presión de Washington puede generar mejores condiciones para Canadá en el largo plazo. Para Trump, la estrategia consiste en utilizar el peso del mercado estadounidense como herramienta de negociación.
Después de décadas de estrecha cooperación económica, Canadá y Estados Unidos entran así en una etapa de confrontación cuyo desenlace todavía es incierto y que podría redefinir profundamente la relación entre ambos vecinos.