De la realeza al escándalo: expríncipe Andrés recibe compensación de 400 mil dólares por dejar su mansión
El expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor, hermano del rey Carlos III del Reino Unido, vuelve a estar en el centro de la atención pública después de que se diera a conocer que obtuvo una compensación de aproximadamente 400 mil dólares por renunciar anticipadamente al arrendamiento de Royal Lodge, la lujosa mansión que habitó durante más de dos décadas en los terrenos de Windsor. La operación se produce en medio de las consecuencias que enfrenta por sus vínculos con el fallecido financiero Jeffrey Epstein y la pérdida de sus títulos reales.
De acuerdo con información difundida este viernes 9 de octubre, la entidad encargada de administrar las propiedades de la Corona británica, conocida como Crown Estate, confirmó la terminación oficial del contrato de arrendamiento de la residencia. Andrés tenía derecho a recibir una compensación de 302 mil libras esterlinas, equivalentes a unos 400 mil dólares, debido a que entregó el inmueble antes de cumplir los primeros 25 años de un contrato originalmente establecido por 75 años.
Sin embargo, la cantidad no representó un ingreso directo para el antiguo integrante de la familia real. Una evaluación del estado de la propiedad determinó que se necesitaban reparaciones y trabajos de restauración por aproximadamente 1.8 millones de libras esterlinas, equivalentes a 2.4 millones de dólares. La indemnización fue descontada de esa deuda, dejando un saldo cercano a los dos millones de dólares.
Según reportes de medios británicos, el rey Carlos III intervino para cubrir el monto restante mediante recursos privados, evitando que la obligación financiera quedara pendiente ante la entidad administradora. De esta manera, la compensación reconocida a Andrés terminó formando parte del ajuste económico necesario para cerrar definitivamente su relación contractual con Royal Lodge.
La mansión, ubicada cerca del castillo de Windsor, cuenta con aproximadamente 30 habitaciones y fue durante más de veinte años una de las residencias más emblemáticas del expríncipe. En 2003, Andrés obtuvo un contrato de arrendamiento de larga duración que contemplaba una inversión considerable para rehabilitar el inmueble, además de condiciones económicas favorables que le permitieron ocuparlo sin pagar una renta anual significativa.
No obstante, su permanencia en la propiedad comenzó a generar cuestionamientos públicos debido a los privilegios asociados con su antigua posición dentro de la monarquía británica. Las críticas aumentaron conforme surgieron nuevas revelaciones relacionadas con Jeffrey Epstein, el financiero estadounidense condenado por delitos sexuales, cuya relación con Andrés provocó uno de los mayores escándalos recientes de la familia real.
La controversia llevó a Carlos III a retirar los títulos y honores de su hermano en octubre de 2025, como parte de un proceso destinado a marcar distancia entre la institución monárquica y las acusaciones que rodean al antiguo duque de York.
Andrés abandonó Royal Lodge en febrero de 2026 y se trasladó a una residencia más modesta dentro de la propiedad de Sandringham, en Norfolk, perteneciente al monarca. Su mudanza simbolizó un cambio significativo respecto al estilo de vida que mantuvo durante décadas como miembro activo de la realeza.
A sus problemas relacionados con la residencia se suma una investigación policial por posibles irregularidades cometidas durante su etapa como representante comercial del Reino Unido. Las autoridades han examinado señalamientos sobre el presunto intercambio de información confidencial con Epstein, aunque Andrés ha negado haber cometido actos ilícitos.
En un episodio reciente, un tribunal británico determinó que las órdenes utilizadas por la policía para registrar propiedades vinculadas al expríncipe fueron obtenidas de manera ilegal. No obstante, la resolución no supone el cierre de las investigaciones que continúan en su contra.
Por su parte, Crown Estate ha señalado que analizará nuevas alternativas para aprovechar Royal Lodge y generar beneficios económicos mediante su futura utilización. La recuperación anticipada de la propiedad abre la posibilidad de encontrar un nuevo ocupante y modificar las condiciones bajo las cuales se administra uno de los inmuebles más conocidos del patrimonio vinculado a la Corona británica.
La salida de Andrés de Royal Lodge representa mucho más que un cambio de residencia. Constituye otro capítulo en el distanciamiento entre el expríncipe y la institución a la que perteneció durante toda su vida. Aunque el acuerdo contempla una compensación económica de aproximadamente 400 mil dólares, el costo político, financiero y reputacional de sus controversias continúa proyectando una sombra sobre su relación con la familia real británica.
Para la monarquía encabezada por Carlos III, el episodio vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre los privilegios, la transparencia y la responsabilidad de quienes, incluso después de perder sus títulos, mantienen vínculos económicos y familiares con la Corona.