Opiniones

Demagogia, sesgos de confirmación y cerebro

Emerge en situaciones de frustración, de crisis...

Por Alonso Ronald Ortiz Garcia · 01/06/2018 00:00
Demagogia, sesgos de confirmación y cerebro

Por: Alonso Ronald Ortiz García. 

@RonaldOrtizG

Emerge en situaciones de frustración, de crisis. La demagogia se constituye como una práctica política que corrompe la democracia, la pervierte. El demagogo busca el apoyo de las masas, estimula aspiraciones mediante promesas falsas.

Aristóteles ya escribía de la demagogia como la perversión de la democracia: el gobierno autoritario de uno sólo en nombre de la multitud.

Orozco, nuestro glorioso muralista, representó también la demagogia en uno de sus murales del Hospicio Cabañas. En esa pared se ven sombras, unas más grandes que otras, pero todas en pose de retórica: se encuentran dando discursos. La última sombra, la que representa al mayor de los demagogos, aparece como figura incompleta: le falta la cabeza.

La característica quizás más notable de la demagogia es la constante invocación de futuros ilusorios y la total falta de proyección de políticas de Estado a largo plazo; el demagogo tiene su encanto pero a final de cuentas, más temprano que tarde, debela su falta de cerebro.

Insulta, agrede, descalifica, incomoda y trata de hacerse dueño del sentir popular. Es mercader del descontento. Necesita de las masas: el demagogo dirige con oratoria incendiaria, hacia fines de satisfacción inmediata por lo que consigue que le otorguen un poder cada vez mayor.

La gente, así encantada, vive en una especie de éxtasis político, caracterizado por los sesgos de confirmación.

El sesgo de confirmación es la tendencia de una persona a favorecer la información que confirma sus suposiciones o ideas preconcebidas, independientemente de que éstas sean verdaderas o no.

La mezcla de demagogia y sesgos de confirmación puede dar expresiones discursivas dignas de análisis. Leí un tuit que puede sintetizar -con riesgo de parecer simplista- estás maniobras discursivas:

"¿Eres liberal? -¡Viva Juárez!

¿Eres conservador? -¡Viva la Constitución Moral!

¿Indignado? -¡Tiraré las reformas!

¿Miedo? -Las reformas seguirán

¿Estás contra la mafia? -Combatiré la corrupción

¿Eres corrupto?-Te perdonaré"

Si pensamos en cada uno de los destinatarios de los enunciados anteriores podríamos distinguir personas que justifican su apoyo desde ópticas completamente distintas, que tienen más que ver con lo que ellos son que con la realidad.

En este punto, vale la pena hacernos algunas preguntas: ¿estamos realmente sesgados hacia la confirmación de nuestras creencias?, ¿buscamos sólo opiniones en prensa, foros y redes sociales que confirman nuestras ideas ignorando a quien opina diferente?

Frente al proceso electoral: ¿analizamos a nuestro gallo de forma especialmente optimista sin argumentos reales?

Estás preguntas sugieren que mostramos sesgos de confirmación porque nos da miedo equivocarnos: en lugar de investigar preferimos hacer todo para justificar nuestra elección como la mejor.

¿La solución? Responder con cerebro ante la demagogia que se aprovecha de nuestros sesgos de confirmación.

No me lo tomes a mal: tu candidato puede seguir siendo tu candidato. Pero elígelo con argumentos, con información y con razones de fondo. Analiza opiniones contrarias a las tuyas: si los argumentos contrarios son lógicos y tienen sentido, posiblemente puedas abandonar la trampa de los sesgos.

Si te animas a algo más puedes hacer como "abogado del diablo" intenta argumentar como si pensarás de forma completamente opuesta. Seguro encuentras algo.

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