Quintana Roo

El campo pierde fuerza en Quintana Roo: 200 campesinos abandonan la agricultura

Por La Revista Peninsular · 9/10/2026 10:45
El campo pierde fuerza en Quintana Roo: 200 campesinos abandonan la agricultura

La actividad agrícola atraviesa una importante transformación en la comunidad de Francisco May, perteneciente al municipio de Isla Mujeres, Quintana Roo, donde aproximadamente 200 campesinos han dejado de trabajar directamente sus tierras para dedicarse al mantenimiento de propiedades particulares, la construcción de cercas y otras actividades que les permiten obtener ingresos.

Este cambio refleja una nueva realidad económica para las familias rurales de la región, que han encontrado oportunidades laborales en el cuidado de terrenos adquiridos por particulares, mientras las actividades agrícolas tradicionales pierden protagonismo.

De acuerdo con información publicada por el periódico Por Esto!, productores de la comunidad señalaron que numerosos habitantes ahora trabajan para propietarios de predios ubicados en Francisco May y la denominada Zona Agrícola. Sus principales responsabilidades incluyen la limpieza de terrenos, instalación de postes, construcción de bardas, vigilancia de propiedades y establecimiento de plantaciones de árboles frutales y maderables.

César Peniche, expresidente de la Asociación de Pequeños Propietarios de la Zona Agrícola Cinco de Diciembre, explicó que la creciente demanda de trabajadores locales ha permitido diversificar las actividades económicas de los habitantes. Además del mantenimiento de propiedades, algunos campesinos participan en la crianza de aves, cerdos y corderos, actividades que representan alternativas para generar ingresos.

La ganadería también comienza a ganar presencia en ambas localidades. Productores señalaron que, mediante el respaldo de la Asociación Ganadera de Isla Mujeres, se ha registrado un incremento en el número de cabezas de ganado bovino, aunque esta actividad todavía se encuentra en una etapa inicial de desarrollo.

Paralelamente, la siembra de árboles frutales y especies maderables se ha convertido en otra opción productiva. Las condiciones de humedad durante la temporada de lluvias favorecen el establecimiento de nuevas plantaciones, particularmente durante el otoño y el invierno. Algunos propietarios cuentan con sistemas de riego que les permiten mantener determinados cultivos durante todo el año.

La transformación económica también coincide con la llegada de nuevas familias procedentes principalmente de Cancún e Isla Mujeres, interesadas en establecer su residencia permanente o encontrar espacios más tranquilos para disfrutar de su retiro.

La adquisición de terrenos por parte de estos nuevos habitantes ha impulsado la contratación de trabajadores de las comunidades cercanas, quienes encuentran en el mantenimiento de propiedades una fuente alternativa de empleo.

Sin embargo, mientras aumentan estas oportunidades laborales, la agricultura tradicional continúa reducida a un pequeño grupo de productores que todavía apuesta por el cultivo de alimentos destinados principalmente al consumo familiar.

Actualmente, alrededor de 10 campesinos preparan una superficie conjunta de cinco hectáreas para sembrar maíz, frijol y calabaza. Estas labores se desarrollan después de una temporada primavera-verano afectada por la sequía, situación que perjudicó la actividad agrícola en la zona.

Los productores Bartolo, Joaquín y Pedro señalaron que cada trabajador cultiva aproximadamente media hectárea. Una parte de las cosechas permitirá abastecer a sus propias familias, mientras que algunos agricultores también reservarán pequeñas extensiones para producir hortalizas.

Aunque las nuevas actividades ofrecen posibilidades de ingreso, la disminución del número de personas dedicadas al cultivo evidencia un cambio importante en la relación de la comunidad con la tierra.

La situación de Francisco May muestra cómo las comunidades rurales de Quintana Roo están adaptando sus actividades económicas ante las condiciones del campo y la llegada de nuevos propietarios. Al mismo tiempo, plantea el desafío de mantener viva la producción agrícola local mientras las nuevas formas de empleo adquieren mayor importancia.

En una región donde la tierra ha representado históricamente una fuente de alimento y sustento, el futuro del campo dependerá de que las nuevas oportunidades económicas puedan coexistir con las actividades productivas tradicionales, evitando que la agricultura termine por convertirse en una práctica cada vez menos frecuente entre las nuevas generaciones.

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