El fuerte pero no intocable Yucatan En busca de aun mas seguridad
En busca de aun mas seguridad
Especial/ La Revista
Durante años, Yucatán ha sido referendo de seguridad en el país y esto con clara razón ya que en comparación con otras entidades gubernamentales golpeadas por la violencia, la vida cotidiana en Mérida y en buena parte del territorio yucateco conserva una tranquilidad que se ha vuelto parte de la identidad de la sociedad. Sin embargo, hechos recientes obligan a ver mas de cerca esa seguridad y sobre todo con mayor seriedad. Esto no es para sembrar miedo, es para entender que la paz no se puede mantener sola.
En los últimos días, autoridades federales detuvieron en Mérida a Justo Aurelio Rivera, señalado como presunto operador financiero del Cártel del Noreste y del grupo criminal La Barredora. De acuerdo con lo reportado, el operativo incluyó cateos simultáneos y el aseguramiento de vehículos de lujo, armas, dinero en efectivo, metanfetaminas, dispositivos electrónicos y documentación relacionada con presuntas actividades delictivas. Esto fue un caso que llamo mucho la atención en la ciudad por que muestra que poco a poco ya sea con violencia o de forma silenciosa el crimen organizado se ha ido metiendo en el estado considerado como el mas seguro del país.
A estos hechos se les suma la destrucción por parte de la Fiscalía General de la República de mil 77 pastillas de fentanilo aseguradas en en el estado, que se relacionan con varias investigaciones federales. Aunque la cifra puede no parecer la mas grande a diferencia de otros operativos donde decomisan mucho mas en otras zonas del país, esto paso en el estado mas seguro del país y demuestra que este no se libra de las rutas del narcotráfico y sus operaciones o intentos de expansión.
No todo esto refleja lo malo, con ello vienen buenas noticias que es que estos casos reflejan que las autoridades están actuando. Los operativos, las detenciones y la destrucción de droga muestran una coordinación entre instituciones y una estrategia de contención que busca impedir que grupos criminales encuentren espacio para operar con comodidad.
Pero también sería ingenuo de nosotros pensar que con una detención o con un decomiso el problema queda resuelto. La seguridad no debe medirse únicamente por lo que no ocurre en las calles, sino también por la capacidad de las autoridades para identificar riesgos que no resuenan como lo son las empresas fachada, el tráfico de drogas sintéticas, la corrupción y los vínculos entre intereses económicos y grupos criminales.
Yucatán se ha ido construyendo con una reputación valiosa, pero esa reputación también puede convertirse en una zona de confort. Precisamente porque el estado es seguro, atractivo para invertir y con crecimiento económico rápido, este puede volverse interesante para quienes buscan lavar recursos, esconder operaciones o aprovechar la tranquilidad como fachada. La seguridad por ende igual se tiene que defender con inteligencia financiera, fiscalización, coordinación federal, procuración de justicia y vigilancia permanente sobre actividades económicas sospechosas.
Esto no se trata de decir que Yucatán vive una crisis de seguridad, porque no sería justo ni preciso. Pero tampoco se puede negar que hay señales que deben atenderse con profundidad. La detención de presuntos operadores ligados al crimen organizado y el aseguramiento de fentanilo nos demuestra que ningún estado esta 100% blindado de quienes lucran con el crimen.
La confianza de la ciudadania se mantiene a base de resultados, pero también con transparencia. La gente necesita saber que quienes dicen protegerlos realmente los esta escuchando y esta ayudándolos con sus problemas e incertidumbres. Las investigaciones no pueden quedarse solo en el golpe mediático, tienen que avanzar mostrando la desarticulación de redes completas. Si, detener a una persona es importante, pero entender quiénes le ayudaban, cómo operaba, dónde movía dinero y qué vínculos tenía es todavía más importante.
Yucatán sigue siendo un referente nacional en seguridad. Eso es algo que tiene que reconocerse. Esto gracias a los esfuerzos de la asp junto con lo demás medios de seguridad. Pero justamente por eso, el estándar debe ser más alto. La tranquilidad en el estado no puede solo depender de hechos recientes o de la imagen que tenga el publico de el, tiene que mostrarse todos los días con instituciones fuertes, con prevención, con inteligencia y con cero tolerancia a cualquier intento del crimen organizado por infiltrarse.
Antes de concluir, vale la pena incorporar un elemento que explica en gran medida por qué Yucatán continúa siendo un referente nacional en materia de seguridad. La tranquilidad que hoy distingue al estado no es producto de la casualidad ni de una condición geográfica privilegiada. Es el resultado de una estrategia sostenida durante muchos años, encabezada por instituciones que han privilegiado la profesionalización, la inteligencia y la coordinación.
En ese sentido, mucho del prestigio que Yucatán ha construido en materia de seguridad lleva el sello del secretario de Seguridad Pública, Luis Felipe Saidén Ojeda, cuya trayectoria de décadas al frente de la corporación ha permitido consolidar un modelo de trabajo basado en la prevención, la capacidad operativa y la confianza ciudadana. Su permanencia, independientemente de los cambios de gobierno, ha dado continuidad a una política pública que hoy es reconocida dentro y fuera del estado.
A ello se suma la estrecha coordinación que mantiene el gobernador Joaquín Díaz Mena con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, lo que ha fortalecido la colaboración entre las autoridades estatales y las instituciones federales, como la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Marina, la Guardia Nacional y la Fiscalía General de la República. Precisamente esa coordinación explica que operativos como la detención de presuntos operadores financieros del crimen organizado y el aseguramiento de drogas puedan realizarse de manera eficaz y antes de que estas estructuras logren consolidarse en el estado.
Los hechos recientes no deben interpretarse como un fracaso del modelo de seguridad yucateco, sino como una muestra de que las instituciones están funcionando. Detectar, investigar y actuar contra quienes pretenden utilizar a Yucatán como refugio financiero o plataforma de operaciones criminales es, precisamente, la mejor forma de preservar la paz.
Porque el mayor riesgo para un estado seguro sería caer en la complacencia. Yucatán sigue siendo el referente nacional en seguridad, pero conservar esa posición exige fortalecer permanentemente la inteligencia, la coordinación institucional y la confianza ciudadana. La experiencia de Luis Felipe Saidén Ojeda, respaldada por el trabajo conjunto del gobernador Joaquín Díaz Mena con el Gobierno de México encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, constituye hoy uno de los principales pilares para que el estado continúe siendo un ejemplo nacional de estabilidad y tranquilidad.
Así, el verdadero desafío no es recuperar una seguridad perdida, sino blindar una seguridad que ha costado décadas construir. Ese es el gran reto de Yucatán para los próximos años. La paz yucateca no está perdida por el contrario aun se puede seguir protegiendo y creciendo. La actividad reciente del crimen organizado muestra un golpe en la sociedad sin embargo la aun mas grande movilidad de nuestras instituciones de seguridad muestran un mayor contraataque hacia estos criminales.