Internacional

El funeral de George Floyd honra la lucha contra el racismo

La despedida del afroamericano, icono súbito de la violencia policial contra los negros, se convierte en una llamada a la justicia

Por LaRevistaP · 10/06/2020 00:00

George Floyd, un ciudadano completamente anónimo hace 16 días, un hombre negro de 46 años, trabajos inestables y un pasado que combinaba prisión y pequeñas glorias deportivas, va a ser enterrado este martes en Houston (Texas) tras un funeral seguido en directo por medios de comunicación de todo el mundo. Su muerte el pasado 25 de mayo en un brutal arresto grabado en vídeo ha provocado una ola de protestas contra el racismo que ha traspasado fronteras y ha sido el detonante de reformas policiales inmediatas en varios Estados del país, así como el derribo de monumentos asociados a abusos en países como el Reino Unido y Bélgica. Floyd se ha convertido en un icono súbito para un mundo inestable, atacado por la brutal crisis del coronavirus.

Más de 6.000 hombres y mujeres de todas las edades habían presentado sus respetos ante George Floyd el lunes, cuando se instaló la capilla ardiente en la ciudad texana donde había pasado la mayor parte de su vida. Esta se apagó hace dos semanas y un día, en Minneapolis, la mayor ciudad del Estado norteño de Minnesota, cuando lo detuvieron frente a un comercio como sospechoso de haber tratado de pagar con un billete falso de 20 dólares. Las cámaras de seguridad de la zona y de los teléfonos de los viandantes grabaron cómo cuatro agentes lo esposaron y lo inmovilizaron en el suelo. Uno de ellos, Derek Chauvin, apretaba su rodilla contra el suelo mientras el detenido clamaba que no podía respirar.

La agonía duró ocho minutos y 46 segundos. Decía que le dolía el cuello, el estómago, que le dolía todo. Que lo iban a matar. En los últimos instantes, antes de apagarse, llamó a su difunta madre, Larcenia Floyd, como si le pidiese ayuda o se encomendase a ella. Este martes será enterrado junto a ella en el cementerio Memorial Gardens. Había crecido en Houston, aunque nació en Carolina del Norte. Durante la adolescencia, en los años noventa, se le dio bien el fútbol americano y el baloncesto e incluso logró una beca por este último deporte, pero luego entró en una espiral de arrestos y cuatro años de prisión incluidos. Trató de empezar una nueva vida en Minnesota, donde llevaba unos años trabajando de vigilante nocturno hasta que la pandemia le dejó sin empleo.

“Celebramos una vida que tuvo sus altibajos, como todas las vidas, pero también una vida que estaba conectada con Dios y una vida con la que gente de todo el mundo ha conectado por el trauma y la tragedia que él sufrió”, ha explicado la reverenda Mia K. Wright en la cadena CNN poco antes de comenzar la ceremonia, convertida en una llamada a la justicia y las reformas sociales.

Fue un resumen bastante preciso de lo que ha ocurrido con este hombre anónimo cuya muerte ha provocado la mayor ola de protestas en Estados Unidos desde el asesinato de Martin Luther King en 1968. El agente Chauvin ha sido acusado de homicidio y los otros tres agentes también afrontan cargos. Pero, independientemente de lo que ocurra en ese juicio, el caso Floyd ya ha cambiado algunas cosas. A lo largo del fin de semana autoridades de ciudades como Los Ángeles y Nueva York anunciaron nuevas normas para sus cuerpos de policía y un controvertido recorte de fondos con el fin de reducir su poder y desviar recursos a otras agencias. En Minneapolis, la corporación municipal aprobó el “desmantelamiento” de su fuerza policial con el fin de “reconstruirla en un nuevo modelo de seguridad”.

Ver en La Revista Peninsular →
© 2026 La Revista Peninsular