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Opiniones

El tamaño del fracaso

Claroscuro.

Por José Francisco Lopez Vargas · 28/06/2023 00:00
El tamaño del fracaso

Claroscuro, por: Francisco López Vargas.

La prisa de Andrés Manuel López Obrador por adelantar la campaña a la presidencia lo exhibe a él, a sus “corcholatas” y de pasadita a la nueva actitud del árbitro de la contienda: el INE, sí a ese que la sociedad civil salió a defender cuando el plan B del gobierno pretendía desaparecerlo. Hoy, simplemente lo colonizó para hacerlo ciego y parcial.

El tamaño del fracaso del presidente no lo es para su partido: hoy es autoridad en 21 estados, pero el problema no es ganar elecciones sino convencer como autoridades, como gobiernos dando resultados.

El fracaso de la 4T es escandaloso y en seguridad, dice un estudio publicado este lunes por El Universal, “Los datos son apabullantes: la presencia del crimen organizado en México se extiende a lo largo de 1.59 millones de kilómetros cuadrados: exactamente 81% del territorio nacional, en donde 108 millones de mexicanos viven en riesgo potencial”.

Otro dato que no deja dudas: en la pandemia murieron hasta 2022, según estimaron autoridades de Salud, que en el país se registrarían 2 millones 351 mil 067 defunciones; sin embargo, ocurrieron poco más de 3 millones, es decir, un exceso acumulado de 650 mil 602 muertes.

De acuerdo con información oficial, en 2020 las autoridades estimaron que se reportarían 770 mil 762 muertes, pero ocurrieron 1 millón 087 mil 507, un exceso de 316 mil 745; de estas 215 mil 617 estuvieron asociadas a la pandemia, es decir un 68%.

Ya para 2021, la estimación de la mortalidad en México era de 777 mil 860 defunciones, pero se registraron 1 millón 095,480; 249 mil 466 estuvieron asociadas a COVID-19, un 78%.

Además, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) también detectó exceso de muertes relacionadas con la pandemia.

De enero de 2020 a diciembre de 2021 se calculaba tener cerca de 1 millón 500 mil defunciones, pero ocurrieron 2 millones 194 mil 713.

Con base en estos datos se tuvo un exceso de mortalidad, por todas las causas, de 704 mil 358, lo que representa un exceso de 47.26%.

De enero de 2020 a septiembre de 2022, se esperaban cerca de 2 millones 100 mil defunciones. Al final ocurrieron 2 millones 820,990 muertes, un exceso de hasta 793 mil 625 muertes.

Estas cifras podrían aumentar, pues los datos corresponden a un informe preliminar que se dará a conocer de manera completa hasta octubre de este 2023.

Tan solo en compra de medicamentos el recorte 2023 a medicamentos en el presupuesto federal es de 25.4 por ciento en un país donde 45 millones de recetas se dejan sin surtir en el sector salud y el recorte a vacunación infantil supera 55 por ciento. Tan sólo en defunciones por cáncer en niños la cifra llega a más de 3 mil niños y la escasez en medicamentos se concentra en ciclofosfamida, lyrica, vincristina, etopósido, mercaptopurina y también metotrexato, debido a una política de combate a la corrupción que falló -nadie ha sido enjuiciado por ello- y a ratos pareciera una venganza personal del presidente contra los industriales del ramo.

Los asesinatos por el crimen organizado suman en promedio 83 muertes diarias, mientras que el de feminicidios es de 2.6 diarios en promedio.

La ausencia de obras en diferentes estados del país está asociado a que el presupuesto del gobierno hasta para otras áreas como turismo y desarrollo urbano, se destina íntegro a las obras prioritarias del tren maya, transoceánico, la refinería de Dos Bocas y al pago de los intereses de la deuda que rebasan el billón de pesos.

La deuda neta del Gobierno Federal al primer trimestre de 2023 fue de 11 billones 658.6 mil millones de pesos, lo que representó el 38% del Producto Interno Bruto, de acuerdo con informes de la secretaría de Hacienda.

En lo que va de la actual administración, la solicitud de deuda interna planteada al Congreso ha aumentado en 127 por ciento. En el 2019, primer año de gobierno de López Obrador, lo solicitado fue por 514,500 millones de pesos, cifra que paulatinamente fue incrementando hasta duplicarse.

Sin embargo, las cifras duras, los datos exactos no parecen servir para que la mayoría de la población evalúe al actual gobierno. En un país polarizado, tener 22 estados pareciera el tope del análisis para definir el éxito electoral de Morena, pero la realidad es que aunque haya ganado gobiernos locales, los votos totales nos dice que Morena ha perdido más de tres millones de los que logró en 2018 y la evidencia más dura es el pequeño margen con el que gana a pesar del apoyo federal a esas campañas como sucedió en el Estado de México donde además no fueron concurrentes los comicios con las diputaciones locales y los ayuntamientos.

López Obrador ha estado molesto desde 2021 cuando perdió buena parte de las alcaldías de la Ciudad de México, considerado bastión de su movimiento nacional. Aunque haya ganado las elecciones, López Obrador tiene claro que atenerse a las leyes electorales vigentes no le permiten hacer lo que hacía el PRI antes de la aparición del IFE y hoy con un INE que ha limitado el uso de recursos a los gobiernos y la manipulación de los presupuestos para fines electorales.

Además, la presión social ante la falta de resultados también tiene un componente que le indica que su proyecto de gobierno no es bien visto por el grueso de la población aunque se desborden los apoyos económicos y el clientelismo electoral que, sin duda, agradece los apoyos del gobierno, pero una franja de los beneficiarios no los consideran aportaciones personales de su gobierno.

La crisis de partidos provocada ante la inconformidad y la falta de resultados que la población exige, como la reducción de la pobreza extrema y la desigualdad no sólo no han sido atendidos en el país sino que el gobierno de López Obrador pareciera haberse dedicado sólo a la satisfacción de las ideas del presidente.

Además, el fracaso tiene que ver con la desaparición de programas, de obras, de servicios y derechos de los ciudadanos que el presidente eliminó para tener el presupuesto para sus obras sin tener opciones que sustituyeran los beneficios y los servicios que antes daba el gobierno.

El caso de los productores agrícolas del norte del país tiene que ver con el cierre de las ventanillas para atención a los diferentes cultivos y que prevenía, con el pago de seguros, los altibajos en los mercados internacionales de los precios de los llamados commodities o insumos básicos como el trigo, el maíz u otros productos básicos para la producción o bienes de consumo.

México no es un país apto para ciertos cultivos a pesar de que son de alto consumo, y por ello es importante generar excedentes en los que sí somos exitosos y con esos excedentes tener para cubrir las compras de otros.

La desaparición del aeropuerto de Texcoco, de las estancias infantiles, de las escuelas de tiempo completo, de las campañas de vacunación, del Seguro Popular, del Prospera, de miles de tratamientos para males crónico-degenerativos son sólo algunos de los beneficios que la sociedad hoy no tiene y había logrado con el paso de los años y la alternancia política en el gobierno de la República.

El tamaño del fracaso de López Obrador es de tal magnitud que ni sus cuatro “corcholatas”, ni el desvío de miles de millones de pesos en programas sociales y “becas” en las campañas logró evitar su derrota en Coahuila y el escaso margen por el que ganó el Estado de México.

El presidente sabe que los próximos comicios, en la elección más grande del país el 2 de junio de 2024, fecha en la que el Instituto Nacional Electoral (INE) prevé la participación de al menos 98 millones de posibles electores, no está garantizado el triunfo de Morena.

Se escogerá al presidente de la república entre las “corcholatas” de Morena y otros candidatos de la sociedad civil vía PRD, PAN y PRI.

Además, se votará por los nuevos funcionarios que ocuparán 20 mil cargos federales e incluso locales, entre ellos Senado de República y la Cámara de Diputados, con sus 128 senadores y 500 diputados federales que componen el Congreso de la Unión.

También se reemplazarán ocho gubernaturas más el cambio del jefe de gobierno en la Ciudad de México (CDMX). Las entidades donde los habitantes saldrán a votar son: Chiapas, Yucatán, Veracruz, Tabasco, Puebla, Morelos, Jalisco y Guanajuato. Respecto a las elecciones en Congresos locales, se celebrarán en 31 estados de la república. Por último, se realizarán los comicios municipales en 25 entidades, donde se establecerán diferentes gestiones de gobierno.

Morena gobierna 21 estados entre los que resalta el Edomex; el PAN tiene cinco entidades bajo su mandato; el PRI, dos; el PES Y el PVEM, uno respectivamente. Lo anterior significa que Morena tiene gobernantes en el 60% del territorio nacional.

Sin embargo, el problema de Morena es que sus gobernantes no han dado resultados y sus candidatos no podrán presumir el uso de los recursos en beneficio de la sociedad sino más bien destinados a las obras espectaculares del actual presidente, y si se terminan: los trenes Maya y transoceánico, la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto Felipe Ángeles.

Andrés Manuel ha acreditado que es un extraordinario candidato y los temas electorales lo maneja como pocos, pero el problema es que él es el presidente y sus decisiones basadas en beneficios electorales no sólo violentan la ley sino que limitan a los candidatos de su partido a los temas por ofertar ante los votantes.

Los temas nodales de la campaña electoral serán la inseguridad, la falta de servicios médicos de calidad, la ausencia de obras públicas en los estados, el abandono al campo y el cierre de las ventanillas únicas por cultivo que no sólo compraban pólizas de seguro para asegurar se pagaran a precios preferentes sino que garantizaban también la compra en mercados internacionales.

El cambio climático ha venido a dejar claro que la política energética está equivocada: hace falta energía eléctrica mientras plantas ya terminadas y con capacidad para reducir los problemas tanto en consumo doméstico como industrial no puede entrar a operar porque el gobierno se los impide a pesar de las millonarias inversiones en temas eólicos y solares.

En tanto, se apuesta a energías sucias como el carbón, el combustóleo y se construye una refinería que ya costó más de dos veces lo prometido, a un año del fin de la actual administración tiene sectores aún en obra negra mientras las demanda eléctrica crece a un ritmo de 2.5 por ciento anual y sólo se cubre el 0.5.

¿Cómo harán campaña los candidatos de Morena?, ¿qué van a presentar como obras de buen gobierno y eficiencia en el gasto público?, ¿creen que puedan presumir a gobernantes como Cuitláhuac García, de Veracruz; Layda Sansores, de Campeche; o a Cuauhtémoc Blanco, en Morelos; o Rubén Rocha, en Sinaloa; o Mara Lezama, en Quintana Roo?, ¿podrán dejar atrás esas cifras de 90 homicidios y 11 feminicidios diarios?, ¿pueden presumir que hay 5 millones de pobres más que en 2018?, ¿o que hay 15 millones de mexicanos sin servicios básicos de salud que no son como los de Dinamarca?, ¿del despilfarro y del endeudamiento que prometió no habría?

El presidente les ha complicado la campaña a sus propios candidatos, por eso la premura de adelantar los tiempos, por eso el ganar haciendo trampa, por eso les pide que no debatan, que no se peleen, que no vayan a los medios.

Por eso la Suprema Corte de Justicia anuló el Plan B electoral: violentaron el proceso legislativo al aprobarlo con premura además de que esa propuesta violentaba la competencia electoral garantizada en la Constitución.

López Obrador leyó bien las elecciones de 2021 y mejor las de Coahuila y Estado de México. Sabe que ni con todo el dinero del gobierno podrá cambiar la realidad que viven millones de mexicanos que lo vieron como una esperanza para una vida mejor. Ya no tienen 30 millones de votos.

Cierto, el pasado no se puede negar, pero el presente es mucho peor de lo que teníamos en 2018, cuando él llego a la presidencia: más corrupción, más impunidad y más descaro y abuso en el poder, pero lo peor: más inseguridad y más visible.

Ahora, tratará de que Morena gane a la fuerza, violentando la ley, violando tiempos electorales, corriendo el riesgo de que sus corcholatas las inhabiliten por prestarse a una campaña anticipada. Así de grande es su fracaso: ganó elecciones pero no supo gobernar. Jamás dejó de ser el líder político para convertirse en un estadista que todos esperaban. Ni hablar, será otro sexenio perdido.

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