Embestida presidencial
Claroscuro.
Claroscuro, por: Francisco López Vargas.
Dante Delgado Ranauro se queja de una embestida del gobierno federal, vía Cuitláhuac Gutiérrez, gobernador de Veracruz, al mantener seis meses en prisión a Manuel del Río Virgen, militante de Movimiento Ciudadano, por un crimen que no cometió.
Agregó que también hay una embestida del presidente vía Layda Sansores San Román, en Campeche contra Eliseo Fernández Montufar.
Francisco García Cabeza de Vaca, gobernador panista aún de Tamaulipas, se queja de una embestida del gobierno federal que pretendió no sólo desaforarlo sino encarcelarlo por delitos que no existen y cuyas explicaciones no sólo ya entregó a la autoridad sino que validó la Corte.
Ricardo Anaya se queja también de la embestida presidencial en su contra y mientras se le sigue proceso vive en Estados Unidos desde donde sus abogados litigan su caso mientras él emite opiniones vía redes sociales en vídeos que hace públicos con sus opiniones.
Silvano Aureoles, ex gobernador de Michoacán no sólo se queja de esa persecución sino que está viviendo en Estados Unidos por la embestida presidencial en su contra.
Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI, se queja también de una embestida presidencial porque él y su partido se negaron en las cámaras a votar en favor de las propuestas en materia eléctrica del titular del ejecutivo porque lesionaría al país, mientras su casa en Campeche la mantienen sitiada agentes judiciales federales y estatales.
Lo que está en discusión hoy no es si Alito es culpable, o si Eliseo merece cárcel, o si Cabeza de Vaca o Ricardo Anaya deberían estar en prisión.
Hoy, el tema no es la persecución desde el gobierno a líder opositores que se han opuesto a los designios presidenciales. No, no es un tema menor: o mantenemos el país que conocemos o la 4T utiliza todo su poder, aun violando o torciendo la ley y la constitución para quedarse con el país e imponer su visión de gobierno.
La embestida desde el poder todos la ven cómo algo único para ellos y no se han dado cuenta: el tema aquí es debilitar a una sociedad y a sus partidos. Lo que le hacen hoy a Alejandro Moreno, a Eliseo Fernández, a Cabeza de Vaca o a Ricardo Anaya es una advertencia de que a todos nos pueden hacer lo mismo, más si quieren ser candidatos y se oponen a los planes del autócrata de palacio.
Aquí lo que se está discutiendo es un bien mayor. ¿Cuántos años teníamos de no preocuparnos por nuestro patrimonio?, ¿desde cuándo está a discusión lo que hemos construido cada familia con nuestro esfuerzo?, ¿desde cuándo no teníamos que preocuparnos por salir a la calle y ser asaltado, herido por una bala perdida o secuestrado para quitarnos la raquítica quincena?, ¿cuántos años teníamos de no preocuparnos si nos alcanzará para el súper?, ¿cuánto tiempo teníamos de no discutir el tema electoral porque dimos por sentado que el INE era, como lo es, lo que necesitamos para garantizar las elecciones?, ¿cuánto tiempo teníamos de no escuchar a un presidente decir: “que no me vengan con que la ley es la ley?
Los temas a discutir hoy vuelven a ser esos fundamentales que como sociedad obligamos a resolver a los gobiernos. Desde el fraude de 1988, la sociedad civil obligó a los gobiernos a mejorar, a dar resultados, a darle respeto a los ciudadanos aunque jamás hemos tenido gobiernos a la altura de las necesidades del país, habíamos avanzado porque las preocupaciones eran otras muy diferentes a preocuparnos por la Constitución y sus modificaciones.
El presidente encabeza una embestida contra era INE porque no le parece que garantice elecciones ciudadanas honestas; encabeza la embestida contra líderes opositores porque no quiere que nadie tenga un proyecto de nación diferente al de él y por ello acepta al PT, al Verde y a otros que sólo asiente a sus órdenes.
El presidente opera diario contra la oposición porque su oferta política es regalar dádivas y no dar resultados. La gente, engañada por los centavos, no se fija en los pesos que perdemos como nación y no le exige explicaciones de sus despilfarros en Dos Bocas, en el Tren Maya, en Felipe Ángeles, obras que duplicarán su costo mientras se anuncia una pobreza franciscana saliendo del austericidio que mantuvo y sostuvo en plena pandemia.
Lo que hoy está a discusión no es si la oposición vale la pena. La oposición es lo único que tenemos como ciudadanos para pelearle el poder y por eso, ante los resultados recientes que ha visto como pierde votos aún ganado gubernaturas, el presidente maniobra, desprestigia, insulta y miente para evitar el descalabro que ya vio venir a manos de una sociedad que cuando vota en masa, cuando vence la abstención, gana elecciones a pesar de los operadores políticos de los partidos.
Elecciones concurridas son igual a cero eficacia de los piratas electorales.
Marko Cortés, Jesús Zambrano, Alejandro Moreno y sus partidos son muy pequeños ante lo que está en disputa, pero sus partidos junto con Movimiento Ciudadano de Dante Delgado, son la vía para derrotar a un ejército de votantes comprados, al más puro estilo de ese PRI que gobernó por más de 70 años México.
No nos engañemos: los ciudadanos elegimos gobiernos para que nos sirvan, que nos den resultados, que nos escuchen, pero sobre todo que nos respeten porque, hay que admitirlo, los gobiernos pasados se han quedado cortos, a pesar de sus avances. El tema es el país, defendámoslo de quienes lo quieren destruir.