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Internacional

En Damasco, el espectro de la guerra sigue acechando a los sirios

"Este automóvil se ha convertido en una especie de caja de resonancia de las preocupaciones de la gente"

Por LaRevistaP · 12/03/2020 00:00

Para Abdel Kader Kassem y los habitantes de la capital siria, la guerra, que cumple nueve años, está lejos de haber terminado y sus secuelas no cicatrizan pese a que los estruendos de las bombas ya no se escuchan en Damasco.

"Es difícil para mí olvidar la guerra", confía este vendedor de plantas, cojeando ligeramente y con una manga de su chaqueta, vacía, guardada en el bolsillo. "La guerra me quitó a mi hijo Mazen y mi mano izquierda", explica.

Con más de 380.000 muertos, el conflicto en Siria, desencadenado por la represión del régimen de las manifestaciones prodemocracia organizadas a partir del 15 de marzo de 2011, entra en su décimo año.

La guerra arruinó al país y forzó al exilio a unos 11 millones de personas, es decir, más de la mitad de su población.

Kassem perdió su hijo, su casa y resultó gravemente herido en la explosión de un coche bomba en 2013.

"Para muchos, la guerra en Damasco terminó", confiesa, con un cigarrillo en la boca. "Pero a mí me acompañará hasta el fin de mis días", añade, delante de los estantes adornados con flores rojas, amarillas y rosas.

Aunque las ofensivas continúan en algunos frentes en Siria, desde 2018 Damasco vive una relativa calma. Pero las heridas dejadas por años de guerra están lejos de curarse y los habitantes de Damasco tienen dificultades para reconstruir sus vidas en un país con una economía devastada.

- Miedo a la pobreza -

Los habitantes de los territorios gubernamentales viven esta especie de "posguerra" con un gusto amargo, marcada por raciones de combustible, escasez de ciertos productos y una inflación galopante.

En su taxi, Nabil al-Sharif transporta cada día una quincena de clientes que le cuentan sus penas.

"Este automóvil se ha convertido en una especie de caja de resonancia de las preocupaciones de la gente", dice este hombre de 63 años. "Si no fuera fuerte no podría soportar sus historias", agrega.

En la actualidad, 83% de la población vive por debajo del umbral de pobreza, según las Naciones Unidas.

La guerra destruyó la infraestructura del país, estimada en unos 400.000 millones de dólares.

En Jaramana, uno de los suburbios de Damasco, la familia de Ahmad Hamadé, de 71 años, forma parte de los centenares de sirios que se refugiaron en edificios en construcción, sin electricidad ni muebles, en mitad de un barrio sin agua corriente ni sistema de alcantarillado.

Caminando lentamente por un callejón fangoso, apoyado en un bastón, el septuagenario lamenta años de éxodo, yendo de un región a otra.

"Hemos huido al menos diez veces", dice. "La guerra terminará cuando nuestro éxodo termine y volvamos a nuestras tierras y a nuestras casas", estima sentado en una habitación oscura con paredes desnudas.

Su nuevo hogar contrasta con la casa cómoda que poseía en Alepo, provincia del norte de Siria.

Para protegerse del frío y de la lluvia, su esposa Zarifa, de 64 años, cubrió las ventanas sin vidrios con tejidos o lonas de plástico.

"Mi último deseo en esta vida es poder volver a vivir en una casa sin tener volver a huir", resume Hamadé. "El éxodo, no lo soporto más".

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