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Fefo y el Faro

“La vida eterna es un hecho real y garantizado para quienes logren llegar a un mundo evolucionado que es la felicidad”. Enrique Barrios (filósofo espa

Por Francisco Solís Peón · 11/09/2017 00:00
Fefo y el Faro

Por: Francisco Solís Peón.

“La vida eterna es un hecho real y garantizado para quienes logren llegar a un mundo evolucionado que es la felicidad”. Enrique Barrios (filósofo español).

Los yucatecos somos románticos por naturaleza, sin embargo algunos de nosotros sentimos una especial repulsión por todo el mercantilismo vil que representa el día de San Valentín.

Durante los años ochenta la calle 28 de la colonia México, especialmente de la 27 a la 29, se convirtió en punto de reunión de parejitas que la tarde del 14 de febrero tímidamente estacionaban sus coches a lo largo de la cuadra, había una razón: estaban construyendo aquel inútil canal acuífero que a manera de frontera, solo cruzaba en dirección a circuito aquel que tenía un interés especial.

Situada en el centro de la acción, la casa de mi abuela cuenta con un imponente muro que servía de inmejorable galería para un grupo de chicos ociosamente traviesos (nosotros) quienes nos dábamos al goce tomando fotos de los arrumacos con cámaras polaroid instantáneas. A pesar de las limitaciones tecnológicas de la época la mayoría de las gráficas eran de calidad, se veían nítidamente las caricias, la piel, las ganas, la enjundia; no puedo siquiera imaginar lo que hubiésemos logrado con los equipos actuales.

La mente maestra de ese y otros malévolos planes era mi gran amigo Roberto Patrón Zavala, conocido universalmente como el “Fefo”.

Hace poco más de dos años que Fefo nos dejó para ir a un mejor lugar fuera del mundo terrenal, sin embargo su presencia permanece fresca entre quienes lo conocimos, a quienes nos marcó con la huella indeleble de su peculiar forma de ser.

Tal vez por sus defectos físicos de nacimiento o simplemente porque fue su destino, pero era el prototipo del guerrero, vivía cada día como si fuera el último, siempre para adelante o como él mismo decía: “Para atrás ni pa tomar impulso”.

Ese carácter recio lo llevaba a tomar actitudes que no todos entendían, para comenzar en la secundaria era el vivo ejemplo del bulling en su máxima expresión, sin embargo sus bromas carecían de la violencia típica del bravucón estúpido y gorilesco más bien respondían a una suerte de humor negro que en el fondo retroalimentaban su portentosa inteligencia, en otras palabras podía llegar a ser maloso pero nunca cruel, creo que por esa razón su hermano Alonso lo bautizó con el atinado apodo del “Tunante”.

Es una buena época para escribir sobre Fefo, si mal no recuerdo su cumpleaños es el 19 de agosto día de la fiesta anual “Del Faro”. Por supuesto que el dichoso “faro” nunca fue tal, se trataba de la referencia para su casa de la playa, pintada con un color verde capaz de quemar cualquier retina.

La fiesta duraba varios días, una suerte de despedida de las vacaciones de verano ante la inminente cuaresma académica de septiembre.

Fefo nació sin un pulmón y una mano sensiblemente más chica que la otra, aun así buceaba, boxeaba, pescaba, vivía disfrutando intensamente.

Cada momento, cada segundo, cada instante de existencia fueron para Fefo una batalla que siempre ganó, hasta que Dios decidió que ya había sido una lucha demasiado larga.

Lo digo porque lo sé, y sé que él también lo sabe, hoy Fefo está más vivo que nunca sobre todo para aquéllos que nos alimentamos de la vitalidad de su recuerdo.

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