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Opiniones

Felices fiestas

Editorial.

Por Editorial La Revista Peninsular · 04/01/2020 00:00

Editorial La Revista Peninsular. 

Manejar por las calles de Mérida, días antes de las fiestas decembrinas fue un reto hasta para el conductor más experimentado. Las principales avenidas se abarrotaron de personas que, como su servidor, dejaron las compras a último momento, y emprendieron rumbo a los centros comerciales de la ciudad.

Así como algunos “corrieron” por olvidadizos, para otros fue el único espacio de tiempo que podían disponer para realizar sus compras; el trabajo tiende a acaparar una buena puerta del día de las personas, y en diciembre, mes de cierres, más. Independientemente del motivo, y a pesar del natural ajetreo, se sentía una atmósfera acogedora por el clima benevolente y la buena actitud de los presentes.

El veinticuatro aún fue recibido con calles llenas, pero la actitud los transeúntes era más afable, pues ya estábamos en días de celebración. Las compras que se realizan este día no son de último momento, sino de emergencia, por lo que vimos a gente apresurándose a las tiendas a comprar las últimas cosas para la fiesta de Nochebuena.

En la tarde de este día, las Iglesias y templos celebraron la llegada de sus feligreses, lo que fue perceptible en la imagen de nuestra ciudad. Fue un gran motivo de felicidad ver que, a pesar de todo, aún recordamos el motivo de esta celebración: el nacimiento de Jesús.

Más en la noche, los hogares de Mérida se vieron engalanados con las reuniones de seres queridos que comieron, bebieron, intercambiaron regalos, y festejaron en comunión. Todas las horas invertidas en el tráfico y en las filas de los centros comerciales valieron la pena.

Y es que, mientras vamos creciendo vamos valorando más el tiempo, propio y de los demás. Cuando una persona hace un regalo, lo importante no es el objeto en sí, sino el tiempo que se dio la otra persona para considerar qué podría gustarle a la otra, y el tiempo para adquirirlo u hacerlo. Las horas que alguien dedica en su día para pensar en otro, no tienen precio.

De igual manera, en la cena navideña lo que en realidad importa es el tiempo que convivimos con nuestros seres queridos, aunque también disfrutamos de los alimentos y las bebidas entre todos. De las fiestas nos llevamos más memorias que regalos. Aprendamos a reflexionar sobre esas memorias para poder darnos cuenta que no vinimos a este mundo a trabajar, sino a convivir con nuestra familia y seres queridos.

Desde La Revista Peninsular, esperamos que hayan tenido una Navidad digna de mil memorias, y que estas les sirvan para añorar la convivencia familiar en el calor del hogar, para no esperar un año para repetirla. La Blanca Ciudad de Mérida se caracteriza por sus fuertes valores familiares, no dejemos de procurar esta característica nuestra que fortalece a nuestra comunidad, y nos brinda seguridad.

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