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Fraternidad

Unidos por Origen

Por Jorge Valladares Sánchez · 28/11/2022 00:00
Fraternidad

Por: Jorge Valladares Sánchez.*

En Facebook y en Youtube: Dr. Jorge Valladares. 

Fraternidad
Unidos por Origen

De repente es bueno pensar en el origen, el punto de partida, o, al menos, tener una fecha o un evento al que referirnos para iniciar a entender o contar una historia. En lo personal, en lo familiar, claro, pero también en lo colectivo, social e histórico.

He formulado ya algunas veces, en este amable espacio que nos brinda La Revista, sobre mi propuesta de ir al fondo en eso que damos en llamar derechos humanos; refiriéndome a que ese nombre y su uso popular, como en muchos casos, enmascara y retarda ver que estamos hablando de algo tan elemental como entendernos y respetarnos en nuestra esencia humana; la dignidad. Todos los derechos para vivir como humanos se entienden partiendo de allí y sin ello, creo que no.

Entender que soy tan humano como tú, por muchas bromas y excepciones que se nos puedan ocurrir (a ti y a mí) es un buen marco desde el cual hablarnos, convivir, compartirnos o pedirnos o hacernos entender lo que sea. Se refleja bien en la frase que se ha dicho usaban los mayas como forma de saludo, en vez de nuestro hola: In lak'ech, “yo soy otro tú”. Y la implicación de esta idea también la podemos ubicar hace siglos, muchos, tan sencilla como la llamada regla de oro: trata a los demás como quieras que te traten; que podemos situar en el ilustre, sabio o profeta de nuestra preferencia, casi sin importar en qué cultura hayamos crecido.

Aunque es difícil ubicarnos hoy en el contexto que dio origen a la Revolución Francesa, sí podemos asumir, como lo hacen muchos profesores de “derechos humanos”, que entre los principales productos de ese movimiento social emergió la versión que hoy seguimos dándole a la concepción de que el ser humano merece muchas y diversas formas de respeto. Claro que esa versión académica y sus difuminados ecos públicos hacen creer que hablamos de todas las personas, pero al mismo tiempo segmentan como si hubiera que estar atendiendo sector por sector, acción por acción, para asegurar que pase a algunos/as lo que simplemente debería ser el modo de todo funcionamiento en sociedad.

Así de sintético como afirmamos que todo niño/a tiene derecho a… (lo que sea que enunciemos) y por tanto está protegida su naturaleza o alguien va a solucionar sus situaciones, asumen, algunos/as que lo estudian, que ese movimiento social de finales del Siglo XVIII llevó a instalar un modo de hacer gobierno, leyes y convivencia. Pero en ambos casos hay un amplio margen de error; pues ni el movimiento fue rápido, ni contundente, ni llevó a instalar tan elegante lema en la vida de la gente en Francia, como el mencionar cualquier precepto actual sobre derechos humanos poco tiene que ver con la posibilidad de que se arregle alguna situación de persona real, salvo que haya alguien que se mantenga en ese afán.

Libertad, Igualdad y Fraternidad… Dos de los elementos del lema han dado mucha cuerda a políticos, académicos y defensores honestos de las causas humanas. En nombre de la igualdad se han construido caminos para la justicia y se llevaron a efecto otras destacadas (y también complicadas de asimilar) revoluciones en países y en espacios más acotados. Así como por la libertad tenemos un sinfín de frases motivantes y luchas en las historias de pueblos y comunidades que ven en ella un estado de cosas deseable, si bien cuestionable y frágil a cada momento.

Al analizar se ha llegado a visualizar el crecimiento de las libertades como un potencial antagonista de la igualdad y viceversa. No falta quien asume que hay una polaridad política alineada a cada valor, pues finalmente por serlo, alguno tiene que primar en las percepciones o anhelos de las personas que los profesan. Y la conveniente idea de ubicarse en el centro alcanza para el discurso, pero una jerarquía de valores puesta a andar en una decisión específica deja ver que finalmente hablamos de una ficción estadística, que da para tanto como la campana de Gauss, que agrupa y permite rangos, pero no refleja realidades concretas.

Así que la intención hoy es tomar partido, o por lo menos resaltar, a ese tercer elemento: la fraternidad; que en realidad es más antigua, pero actualmente más desatendida que los otros dos. Y es que mucho tardó la humanidad en creer que para cualquiera sería accesible alguna forma de igualdad o libertad, aunque hoy hablemos como si ya estuviera al alcance para quien guste tomar alguna o ambas. Pero la fraternidad sí ha sido factible desde siempre, sea vista desde una concepción filosófica, espiritual, social o práctica, aunque también esté muy lejos de ser parte de nuestro ropaje (hábito) o inspiración (iluminación).

Fraternidad, en el diccionario, se refiere a la amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales, y de los hermanos pues, simplemente, dice que son quienes comparten progenitores. Yendo a la etimología, como me encanta, vemos el elemento de germen u origen, que viene a ser como lo que pasa cuando dos retoños brotan del mismo ser, y por tanto son parte de lo mismo. O sea que esa cualidad o valor se refiere a lo que une o le da sentido a la hermandad, al compartir el origen.

Asumo que eso es claro. Pero si faltara algo, vale volver a aquellas expresiones cuando a un amigo/a le llamas hermano, o decimos que los amigos/as son los hermanos que uno elige o a los que la vida nos une. Se refiere a la misma forma de unión, la que tiene que ver con captar que somos lo mismo, que con ellos/as compartimos y vivimos nuestra naturaleza, nuestra humanidad. Y es que amigo, simplemente significa relación de amor; por ello es un tanto inútil la discusión de si se puede amar a un amigo/a, por que la palabra misma significa eso: aquella persona a la que te une el amor.

Dicho de modo inverso, los hermanos son, o habrían de ser, nuestros mayores amigos, es decir aquellas personas a las que de manera más contundente nos une el amor, dado que somos lo mismo, compartimos el origen. Así que puestos en el caso del “otro”, fuera de la familia, cualquier persona, también comparte con nosotros el origen, por ser humano, y cada cual puede insertar aquí la cita de su libro sagrado, filosofía o explicación que lo establece con toda claridad.

Así que un “trato humano” no se ha de referir a pena, protección o cuidado, sino a dar y recibir lo que nos da nuestra condición y nos vincula. Tomás Moro bautizó, con obviedad, como UTOPÍA al lugar que aún no tiene ubicación, en el cual la sociedad completa, cada persona, no hace otra cosa más que aquellas que son humanas. Cada acción y cada interacción convierten a sus interactuantes en más humanos o mejores humanos.

Cada vez que actuamos con fraternidad, entonces, mejoramos nuestra propia condición de ser humanos; al tratar a otra persona como humano, estoy siendo humano. Esto que puede parecer obvio, lamentablemente, nos apuramos a convertirlo en acciones específicas que nos permiten fácilmente volver a perder el sentido de que simplemente se trata de entendernos, aceptarnos, reconocernos, valorarnos y con vivir.

Aun frente a los desequilibrios naturales entre quien en un momento procura libertad o igualdad o cualquier otro valor o cosa, estar atentos/as a que es otra persona, como yo, quien está en esa acción y acompañar, apoyar, manifestar y respetar, como quisiera que suceda hacia mí. Muchas distorsiones del funcionamiento humano complican hacerlo, pero retomar ese marco, esa esencia es lo que finalmente permite captar el movimiento de unos y otras en cada circunstancia y procurar que al final de cada situación, como cuando la familia funciona bien, no se trate de quién tiene la razón, o quién está bien o mal, o quién lo dijo o quién empezó, sino de que todos/as somos parte de lo mismo y seguiremos allí, transitando a otro momento juntos/as.

Ese, precisamente, es el sello distintivo de lo que vivimos en familia, versus lo que vivimos en otros espacios sociales. Mientras que en una asociación, trabajo, deporte, fiesta, escuela o chat puedes en algún momento resolver una diferencia yéndote o sacando a alguien del grupo, en la familia el nexo estará siempre allí; no hay forma de dejar de pertenecer; y ganar o perder no es el punto, la unión lo es.

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*Jorge Valladares Sánchez
Papá, Ciudadano, Consultor.
Representante de Nosotrxs en Yucatán.
Doctor en Derechos Humanos.
Doctor en Ciencias Sociales.
Psicólogo y Abogado

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