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Josué Maychi lleva la historia de Jacinto Canek a comunidades mayas y llama a recuperar la identidad

Josué Maychi lleva el teatro maya a comunidades de Yucatán para despertar la memoria de Jacinto Canek y la identidad de los pueblos originarios

Por La Revista Peninsular · 02/11/2026 12:28
Josué Maychi lleva la historia de Jacinto Canek a comunidades mayas y llama a recuperar la identidad

El actor de “Black Panther: Wakanda Forever” reflexiona sobre la lengua maya, la memoria de los pueblos originarios y el teatro como una forma de defender la historia y cuestionar las injusticias.

Por Patricia Garma Montes de Oca

Representar a Jacinto Canek frente a una comunidad maya tiene para Josué Maychi una responsabilidad particular: contar una historia que pertenece también a quienes lo escuchan. Entre niñas, niños y jóvenes, el escenario se convierte en un espacio para reencontrarse con la lengua, reconocer las raíces y preguntarse cuánto conocemos de nuestro propio pueblo.

“Necesitamos regresar a conocer quiénes somos, qué tenemos y qué nos falta”, expresa el actor, quien encuentra en el teatro una manera de recuperar conversaciones que considera indispensables: las que debemos tener con nuestros abuelos, nuestros padres y las personas que conservan la memoria de nuestras comunidades.

El pasado 19 de octubre, Maychi presentó el monólogo “Canek, alguna vez supimos leer las estrellas”, bajo la dirección de Héctor Flores Komatsu, en la telesecundaria Jacinto Canek de Tahdzibichén, municipio de Yaxcabá, como parte de la programación del Otoño Cultural 2026.

La función llevó la historia del dirigente de la rebelión maya de 1761 a estudiantes de una localidad cercana a Cisteil, donde ocurrió el levantamiento contra el dominio español. Allí, el nombre de Canek dejó de ser únicamente el de una escuela para convertirse en una historia compartida, narrada entre el maya yucateco y el español.

Contar la historia frente a quienes la heredan

Originario de Chencoh, en el municipio campechano de Hopelchén, Josué Maychi ha desarrollado una trayectoria en teatro, cine y televisión, con participaciones en las series “Malinche” y “Hernán”, así como en la película “Black Panther: Wakanda Forever”. Su trabajo mantiene un vínculo cercano con su identidad maya y con la representación de los pueblos originarios.

Sin embargo, reconoce que actuar en una comunidad puede resultarle más difícil que hacerlo en una sala teatral. La exigencia nace de la cercanía con el público y de las experiencias que comparten.

“Estoy hablando directamente con el pueblo, sin intermediarios”, explica.

Esa relación también lo enfrenta a una preocupación: encontrar lugares donde las nuevas generaciones han escuchado el nombre de Jacinto Canek, pero desconocen su historia, incluso cuando estudian en planteles que lo llevan.

Maychi evita responsabilizar a los estudiantes. Considera que el problema está en las oportunidades que reciben para acercarse al pasado de su gente y en la manera en que ese conocimiento se transmite.

Por eso valora presentar la obra en comunidades pequeñas, donde puede mirar de cerca a los niños, adaptar su manera de contar y despertar preguntas sobre un personaje que forma parte de su herencia histórica.

Una lengua que abre el encuentro

Cuando el actor habla en maya, la relación con los espectadores cambia. Describe ese momento como la ruptura de una barrera: la historia llega en una lengua que el público reconoce como propia.

En comunidades donde la mayoría de los asistentes habla maya, puede desarrollar buena parte del monólogo en ese idioma. Cuando hay personas que no lo comprenden, incorpora ajustes para que también puedan seguir la narración.

La experiencia lo ha llevado a considerar una versión completamente en maya, acompañada de subtítulos en español. Recuerda que en agosto participó en una lectura con ese formato, que permitió escuchar la lengua y seguir el texto mediante una proyección.

“No tendríamos que renunciar al maya para que todo el mundo entienda”, sostiene.

Su planteamiento parte también de una memoria dolorosa. Maychi recuerda los castigos y las distintas formas de violencia ejercidas contra quienes hablaban maya. Frente a ello, propone ampliar los espacios donde pueda escucharse, aprenderse y valorarse.

El escenario representa una de esas posibilidades: un lugar donde la lengua tiene presencia, cuenta una historia y establece un vínculo con quienes la hablan.

Despertar la curiosidad de la infancia

Durante las funciones, Maychi observa a los niños y se reconoce en ellos. Comprende su inquietud y las distracciones porque también formaron parte de su propia infancia.

Esa identificación orienta su trabajo. Más que exigir silencio o inmovilidad, busca encontrar una manera de acercarse y despertar su curiosidad.

“No estoy frente a personas ajenas a mí; estoy hablando con gente con la que comparto una historia, una cultura y muchas experiencias”, señala.

Para el actor, una función puede dejar huella aun cuando sus espectadores más pequeños se muevan o pierdan por momentos la atención. El desafío consiste en construir una conexión que les permita llevarse una pregunta, una imagen o el deseo de conocer más.

Volver a conversar con los abuelos

Al reflexionar sobre lo que Canek puede decir a las nuevas generaciones, Maychi vuelve a una acción cotidiana: conversar.

Considera necesario recuperar el diálogo familiar y mirar con mayor atención el entorno. Advierte que la presencia constante de los teléfonos celulares puede acercarnos a mundos lejanos mientras dejamos de conocer la riqueza del lugar que habitamos.

“El nuestro tiene una magia que desconocemos y que, precisamente por no conocerla, no alcanzamos a amarla por completo”, afirma.

Ese reconocimiento también exige identificar las carencias y las desigualdades. Para Maychi, conocer las raíces implica comprender las condiciones en las que viven las comunidades y las oportunidades que todavía les hacen falta.

“Si amamos lo que somos, vamos a defenderlo con pasión”.

Desde esa perspectiva, la historia de Canek permite hablar de la deuda con los pueblos originarios y de las diferencias entre quienes cuentan con privilegios y quienes han enfrentado el despojo y la exclusión.

El teatro frente a las injusticias del presente

Maychi cuenta que su propio acercamiento a Jacinto Canek comenzó con un conocimiento limitado del personaje. Investigar su origen y su historia lo llevó a leer, hacerse preguntas y comprender que ese relato merecía llegar a más personas.

Hoy encuentra en aquella experiencia una de las razones para continuar con la obra: recordar debe servir para reconocer las injusticias y evitar que se repitan.

A su juicio, algunas formas de opresión persisten bajo expresiones distintas. Por ello considera necesario detenerse a examinar las condiciones de vida que asumimos como naturales y preguntarnos cómo transformarlas.

Su respuesta está en el trabajo artístico, en las historias que lleva al escenario y en las conversaciones que mantiene con su familia.

“Para mí, el teatro es una manera de hacerlo. Podemos contar lo que sucedió, hablar de lo que nos duele, cuestionar lo que vivimos y encontrar otras formas de comprendernos”.

Al imaginar a Canek en la actualidad, piensa en alguien que encontraría una forma de activismo de acuerdo con su tiempo y sus circunstancias. Quizá, dice, también podría ser un artista.

Una historia que continúa en casa

Más allá de los aplausos, Maychi desea que el público salga de la función con ganas de investigar y preguntar. Que niñas, niños y adultos vuelvan a casa para conversar sobre su familia, su comunidad y los acontecimientos que marcaron su historia.

También espera que la obra invite a pensar qué puede hacerse para que las nuevas generaciones tengan mayores oportunidades y reciban un trato digno.

La aspiración es que el encuentro con Canek continúe después del escenario: en una charla con los abuelos, en una pregunta a los padres o en el descubrimiento de algo valioso que siempre estuvo cerca.

“Al final, lo que importa es que conozcamos quiénes somos y que podamos amar y defender nuestra historia con todo el corazón”.

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