La fuerza del estado para combatir a la delincuencia organizada
“La ley debe ser como la muerte que no exceptúa a nadie.” Montesquieu.
Por: José Luis Novelo Ayuso.
“La ley debe ser como la muerte que no exceptúa a nadie.” Montesquieu.
Con incredulidad y asombro aún, hay quienes todavía le apostamos y creemos a las promesas del Presidente López, hemos iniciado una semana con incrementos en el precio de los combustibles por el aumento o disminución de los estímulos fiscales a las cuotas del Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS), según su tipo de octanaje, que no gasolinazos se llaman ahora como cuando el entonces tres veces candidato juró y prometió que los combustibles no subirían e inclusive bajarían de precio como estrategia publicitaria para ganar votos; obvio no es lo mismo prometer y estar en campaña que cumplir ahora que se es Gobierno; esto ya no nos sorprende tanto pero no significa reconocer que no deja de lesionar y disminuir la ya de por si mermada economía de millones de mexicanos.
Así, entre estas noticias y los llamados presidenciales a perdonar, ante el cúmulo de denuncias y señalamientos inocultables, las expresiones machistas, sexistas, denigrantes y misóginas de José Manuel Mireles Valverde, flamante subdelegado del ISSSTE en Michoacán, ex líder de los Grupos de Autodefensa Comunitarios de esa Entidad (Hacer Justicia por mano propia y estar en rebeldía hacia el Gobierno, usar y portar armas exclusivas para uso del ejército y los cuerpos de Seguridad Pública, parecen no ser delitos graves para el Gobierno de la 4ª. Transformación, por el contrario, se premia y se reivindica a su autor con cargos públicos), mismo por el cual el Presidente López nos pide perdonarlo y le recomienda al funcionario simplemente que se eduque en la Cultura de Género; quedan estas noticias, desafortunada y tristemente opacadas por las expresiones vertidas por el sempiterno candidato López en su reciente visita a Tamaulipas, estado asolado por la delincuencia y crimen organizado, como varios otros de nuestra geografía nacional, lo anterior y sin lugar a dudas por no existir en ningúna área de Gobierno, estrategias claras y específicas, más aún y con mayor razón cuando se trata de estrategias de seguridad que tienen que ver con salvaguardar la Paz y la Tranquilidad que tanto añoran nuestros hermanos mexicanos de esas latitudes; no es con peticiones timoratas y llamados, que parecen juego, a los grupos delincuenciales para que cambien de actitud y se vuelvan buenos de la noche a la mañana con que se combate a la delincuencia organizada, no es apelando a los buenos sentimientos de los criminales como vamos a darle tranquilidad a todos los mexicanos, como no lo es tampoco permitiendo que los familiares de los delincuentes sobajen y humillen a nuestras Fuerzas Armadas y Marinos (Guardia Nacional), cuando lo único que intentan es proteger a los más por los menos.
El verdadero combate se da cuando la Fuerza del Estado a través de su Presidente se ejerce sin titubeos y sin contemplaciones, sin distingos y preferencias y de manera decidida y firme con sus cuerpos de seguridad confiables y saneadas, con el apoyo para ellos y sus familias por ser los brazos, ojos y manos ejecutoras de políticas de seguridad que tienen que ver con la armonía de su pueblo, señor Presidente, no es compadeciendo a los criminales por sus familias como vamos a estar bien todos, no es minimizándolos, es un problema real, grave y creciente, no es ridiculizándolos con expresiones de ¡Fuchi, Guácala! no propias para empezar de un Presidente, mucho menos de alguien que como usted empieza a ver todo esto como un juego de palabras y metáforas, que con el debido respeto solo usted entiende; retar a la delincuencia, hacerles llamados pacifistas según usted, no nos van a conducir a nada positivo, con ellos no se acuerda, no existen compromisos, no hay palabras de honor, menos ante alguien que parece titubear, que vacila, que se tambalea, porque para ellos tiene un nombre: DEBILIDAD, empodérese usted Presidente López, empodere al pueblo, nadie por encima de la ley, al margen de la ley, nada; usted lo ha dicho en uno de sus capítulos mañaneros de la hasta hoy nada interesante novela sexenal que esta escribiendo. ¡Es Cuánto!