La mentira
Claroscuro.
Claroscuro, por: Francisco López Vargas.
El honesto vive hasta que se demuestra lo contrario y vaya que a quien hizo de su “sencillez” y “honestidad” un discurso y un baluarte de cambios en el país, hoy se derrumba acreditando que sus palabras eran tan huecas como quienes lo antecedieron en el cargo, pero peor porque éstos no se promovieron como diferentes, como la solución a todos los males, como el gran transformador de un país consumido por la impunidad.
¿Aún le crees a López Obrador? Esa sería la gran pregunta que hoy, a poco más de tres años de gestión, deberían hacerse esos millones de mexicanos que lo vieron como la redención de los peores males de la política nacional.
El que podía descalificar a todos hoy se quedó sin argumentos, sin calidad moral para hacerlo. Las dos pesas y las dos medidas de sus testimonios terminan por acreditar que todo fue una farsa, un engaño basado en lo que la gente deseaba oír y ya en el poder revelar su auténtica personalidad, lo falso de sus postulados, lo hipócrita de su propuesta.
La “honestidad valiente” se ha visto masacrada por las exhibiciones descarnadas y perturbadoras, realidades exhibidas en vídeos, con documentos y declaraciones: la familia presidencial es corrupta y su guía moral no lo es más porque los justifica, los disculpa, no los castiga, pero tiene a dos políticos de oposición a su gobierno encerrados sin derecho a fianza por delitos que no ameritarían su prisión preventiva. La impunidad en su máxima expresión en beneficio propio.
Sin embargo, no solo su familia, sus hijos y hermanos están implicados en actos de corrupción, de conflicto de intereses, sino hasta sus primos, su cuñada y muchos de sus parientes y más de uno de sus colaboradores.
Sólo necesitamos tres años para que Andrés Manuel López Obrador se mostrara descarnado ante la sociedad, sino que quedó claro que el ataque a los medios que lo exhiben lo son en un intento primitivo de ocultar la verdad, esa que lo hizo ganar cuando se publicaban los excesos de Peña Nieto, los errores de Calderón o las frivolidades de Fox.
Quienes apoyaron a López Obrador como Carmen Aristegui, Denise Dresser o Víctor Trujillo hoy son sus principales críticos y con Carlos Loret de Mola se han erigido ante él exhibiendo sus mentiras, sus excesos, sus falsedades documentadas que él solo desestima pero no desmiente con documentos, con hechos.
La Casa Gris de Houston no sería un escándalo si los involucrados mostraran contratos de arrendamiento, de pago de rentas y depósitos bancarios, pero no existen y ello prueba el uso del poder político para favorecerse a ellos mismos, a sus cercanos, a sus incondicionales.
Nada nuevo, el presidente que asegura que lo sabe todo, terminó por consentirlo todo, aunque con ello fomente la impunidad y tire por la borda su discurso moralino, casi religioso.
¿Qué se puede esperar de los gobernadores de Morena con ese ejemplo? Que serán abyectos hasta la ignominia si les dan tanta impunidad como hoy se revela ante ellos con los delitos y tráfico de influencias de los Bartlett, de los Bejarano Padierna, de los Sandoval, de los Cuitláhuac García que gobierna con puño de hierro Veracruz violando leyes, encarcelando sin delito a quien ose oponerse a sus designios.
En Campeche, ¿Será el gobierno de Layda la continuación del latrocinio de Álvaro Obregón? o ¿la reedición de ese gobierno atrabiliario que muchos campechanos padecieron en los tiempos de su padre gobernador?
Lleva 150 días y lo que vemos es un show de descrédito de adversarios pero no cárcel ni denuncias contra la corrupción que ondeó como bandera de campaña. Nada contra Alejandro Moreno Cárdenas, hoy presidente del PRI, o contra Carlos Miguel Aysa González, a punto de convertirse en embajador, en representante del gobierno de la 4T, y muy lejos de las acusaciones de encubridor y de cómplice de Moreno, cuyo gobierno concluyó con beneplácito presidencial y el blindaje de la actuación de la propia familia -parte del gobierno de Moreno- de la hoy titular del Ejecutivo.
Un Plan Estatal de Desarrollo que describe generalidades como el presidencial que hoy le permite al presidente despilfarrar el dinero público sin rendición de cuentas y sin reglas de operación.
Pobre México, pobre Campeche, de desilusión en confirmación que quienes se empecinan en llegar a los cargos solo lo hacen para cumplir sus aspiraciones personales, para consolidar su futuro, pero no para servir a los ciudadanos, esos que tienen tanta culpa por haberlos elegidos a pesar de las evidencias exhibidas de cada uno de ellos.
Y lo que nos falta por ver, mientras tanto ¿le crees a Andrés?, ¿le crees a Layda Sansores? Al tiempo.
P.D.
Con tal de desviar la
atención y tratar de ocultar la corrupción, se ha llegado al extremo de romper
o congelar las relaciones con España. La política exterior deteriora más cada
día las relaciones con otros países como Canadá y EEUU o Panamá y España.
Desastre de un gobierno que intenta todo para ocultar la farsa de honestidad y
capacidad.