La modestia y el autoritarismo
Editorial.
Editorial La Revista Peninsular
Esta semana observamos un comportamiento atípico por parte del presidente López Obrador al retractarse en su postura sobre el acuerdo logrado entre el Consejo Mexicano de Negocios (CMN) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para ofrecer créditos a más de treinta mil pequeñas y medianas empresas mexicanas.
La Iniciativa Privada y la sociedad civil organizada dispusieron realizar esfuerzos para generar propuestas sobre cómo reactivar la economía nacional tras la crisis económica ocasionada por la pandemia del COVID-19, tras la falta de respuesta que tuvieron por parte del gobierno federal al exponer sus preocupaciones y necesidades.
El ejecutivo federal ha enfocado sus esfuerzos en brindar apoyos a grupos vulnerables, pero ha fallado en proponer una estrategia económica integral que contemple a todos los sectores del país que se ven afectados por la crisis. Esta actitud demostrada por el gobierno federal ha alejado a los inversionistas y ha provocado la disminución de las proyecciones de crecimiento del país, lo que complica aún más el escenario que tenemos por delante.
El sector empresarial ha dejado claro que no quiere que le dejen de dar apoyos a quienes los reciben actualmente, ni quieren ser salvados con exenciones fiscales; lo que éste sector quiere es que se amplíen los esfuerzos para que se contemple a todos.
Después de semanas de constantes negativas por parte del presidente a las peticiones del sector privado, los empresarios tomaron cartas en el asunto, y empezaron a organizar conferencias y foros para ayudar a sus empresas y trabajadores, lo que impactará positivamente en todo el país.
Uno de estos esfuerzos, es la reciente Conferencia Nacional para Recuperación Económica que convocó el Consejo Coordinador Empresarial, en cuyas mesas de trabajo se discutió y aplaudió el acuerdo entre el Consejo Mexicano de Negocios y el BID Invest, que es una rama financiera del BID, presentado el pasado domingo.
Este acuerdo implica la disposición de doce mil millones de dólares para más de treinta mil pequeñas y medianas empresas que formen parte de la cadena de proveedores de empresas miembros del CMN, lo que ayudará dotando de liquidez la cadena de suministros para agilizar la futura reactivación.
Este logro alcanzado por el CMN fue aplaudido en todo el país, y celebrado por los secretarios federales de Hacienda, Economía, y Relaciones Exteriores, por las evidentes bondades que aportaría a México; por lo que fue una sorpresa que, en primera instancia, el presidente Andrés Manuel López Obrador mostrara una postura en contra del acuerdo.
Según el titular del ejecutivo, no estaba a favor porque se comprometía el erario público, pero lo que más pareció afligirle fue el “modito”, citando sus palabras, en que se llegó al acuerdo, ya que consideró que relegaron al gobierno a un papel de florero que debe acatar las disposiciones establecidas por la Iniciativa Privada.
El presidente recibió una lluvia de críticas por su postura, ya que se mostró mezquino e ignorante; el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), Gustavo de Hoyos, lo dijo de la mejor manera: “el presidente no se deja ayudar, pero sí miente”.
No se deja ayudar, porque antes de que la Iniciativa Privada se haya visto obligada a buscar soluciones por su cuenta para sus problemas, buscaron incansablemente trabajar con el gobierno para construir propuestas en conjunto, y ante el reiterativo silencio, optaron por trabajar junto con la sociedad.
Aún más, el presidente miente porque es falso que el erario público se vea comprometido con este acuerdo. El BID Invest tiene como objetivo ayudar directamente al sector privado de los países en desarrollo, sin afectar el erario, ya que es ésta organización la que asume el riesgo de las operaciones.
El presidente fue criticado por esto, y por la incongruencia demostrada al considerar las posturas de los secretarios que habían compartido su afinidad al acuerdo; hubo también la confusión sobre si el visto bueno de Arturo Herrera, secretario de Hacienda, implicaba comprometer el erario, lo cual se desmintió inmediatamente.
A un día de haber compartido estar en contra del acuerdo, Andrés Manuel rectificó diciendo que si estaba a favor de éste, si no se afectaba al erario. Éste es un actuar extraño por parte de nuestro presidente, quien se ha caracterizado por anclarse a sus posturas, muchas veces controversialmente irreverentes, a pesar de que la realidad deje en evidencia su error.
Considero que debemos reconocerle al presidente la disposición de modificar su postura, porque la cualidad de la modestia cada vez escasea más entre los políticos del mundo, y es necesario que nuestros líderes tengan la habilidad de asumir que pueden estar equivocados, considerando que vivimos en un mundo con suma pluralidad de ideas.
Sin embargo, no debemos pasar por alto que, en primera instancia, lo que pareció molestarle más a Andrés Manuel del acuerdo tomado fue que no se haya trabajado con el gobierno, cuando la iniciativa privada había pasado semanas tocando puertas en el ejecutivo para presentar sus propuestas.
A todas luces, esta postura denota un comportamiento de autoridad absolutista por parte del gobierno federal, que se suma a los muchos comportamientos que hemos visto antes, como la imposición de consejeros en la Comisión Reguladora de Energía, y en comportamientos que vemos ahora, como la iniciativa para que el ejecutivo pueda disponer del erario federal, sin necesitar aprobación del Congreso, en situaciones de emergencia económica.
Aplaudamos que el presidente corrigió su postura, pero no dejemos de observar sus desplantes autoritarios.