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La Muerte y el Cine.

La Muerte y el Cine.

Por David Moreno · 01/11/2019 00:00
La Muerte y el Cine.

Por: David Moreno

La muerte siempre ha tenido una presencia en la historia del cine. Y ello es algo natural, sobre todo porque la vida misma no podría entenderse sin su punto final. Por lo tanto morir es un acto que ha sido representado en muchas ocasiones y circunstancias dentro de la pantalla. La muerte misma ha sido un personaje memorable – recuerden el Séptimo Sello de Ingmar Bergman – cuya presencia en pantalla adquiere no solamente tintes de pesadilla, sino también de viaje, de guía o de incluso de un personaje que aprende a vivir como el caso del Joe Black de Brad Pitt.

Cuando un personaje muere las reacciones del espectador pueden ser muy variadas. Si el personaje se ha desarrollado correctamente y ha logrado despertar empatía en el espectador, el dolor que nos causa su partida de la historia puede ser desgarrador. En otras ocasiones, el espectador experimenta cierto sentido de justicia con la muerte, particularmente cuando es un villano quien llega al final de su existencia cinematográfica y quien mira el filme siente que se ha hecho cierta justicia. Lo cierto es que es poco probable que – tal y como sucede en la vida real – uno salga impune ante un deceso en pantalla.

Existen muertes que han marcado a generaciones enteras. Disney no ha sido un estudio que retratara la muerte de sus personajes de manera explícita, sin embargo ha tenido la particularidad de impactar a su audiencia con muertes como la de la madre de Bambi o la de Mufasa en el Rey León. Su subsidiaria Pixar ha presentado a la muerte dentro de sus historias como un importante elemento narrativo para disparar a la acción. El mejor ejemplo de ello es el fantástico prólogo de UP, en el que bastan tan solo unos minutos para que todos sintamos empatía hacía la pareja formada por Carl y Ellie Fredicksen por lo que el fallecimiento de Ellie termina por ser verdaderamente impactante. Y, por supuesto, está toda la imaginería visual y narrativa que Pixar utilizó en Coco para homenajear al Día de Muertos Mexicano.

El cine también tiene la particularidad de que sean los muertos los que cuenten las historias que los llevaron a su fallecimiento. Uno de los mejores casos es el de William Holden y su personaje en la maravillosa Sunset Boulevard de Billy Wilder. La voz en off de Joe Gillis nos advierte desde el principio del filme que está muerto y toda la película servirá para explicarnos las causas de ese fallecimiento. Existen por supuesto las muertes violentas que han generado gran impacto en el espectador. Una de ellas es la de John Caffey, el personaje interpretado por Michael Clarke Duncan en The Green Mile. Es impactante porque la dulzura del gigante acusado de asesinato, sus poderes curativos y el efecto que causa en Paul Edgecomb – interpretado por Tom Hanks – crean en el espectador la esperanza de que Caffey encuentre la redención en esta vida, pero ello no sucede y la silla eléctrica se encarga de ponerle el último sello a la injusticia.

En lo particular, mi muerte favorita de todos los tiempos es la de Rutger Hauer en Blade Runner. Roy Batty, el replicante perseguido por Harrison Ford, tiene un deceso poético y lleno de sabiduría cinematográfica. El monólogo de Batty contiene una serie de reflexiones sobre la vida y el asombro que ésta causa que provoca que se diluya la línea que divide al humano del replicante. La lluvia cae copiosamente frente a dos personajes que se han batido para sobrevivir. Justo cuando Batty está por acabar con Rick Deckard (Ford), el replicante demuestra una gran dosis de humanidad. Su tiempo se ha terminado y fácilmente pudo acabar con su rival para luego despedirse de un mundo que le es completamente hostil. Pero decide no hacerlo y mirando a un incrédulo Deckard comienza a hablar: Yo he visto cosas que ustedes no creerían. Naves de ataque en llamas más allá del hombro de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhaüser Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Hora de morir. Baja entonces la mirada y muere mientras una paloma se posa en su hombro. Han existido y seguramente existirán muchas muertes en el cine, pero ninguna como aquella, ninguna con esa capacidad de sintetizar en unas líneas a una breve pero muy significativa e incomprendida vida, una, que como todas, termina perdiéndose en la brevedad del infinito justo así como se pierde para siempre una lágrima en el correr de la lluvia.


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