Yucatán

La Revista: una historia que también siento mía

Hay proyectos que uno conoce desde fuera y hay otros que, por distintas circunstancias de la vida, terminan convirtiéndose también en parte de nuestra propia historia.

Por Luis Antonio Hevia Jiménez · 28/9/2026 16:54
La Revista: una historia que también siento mía

Hay proyectos que uno conoce desde fuera y hay otros que, por distintas circunstancias de la vida, terminan convirtiéndose también en parte de nuestra propia historia.

Para mí, La Revista pertenece a estos últimos.

Por eso me dio mucho gusto recibir el mensaje de mi querido amigo Rodrigo Menéndez, quien me invitó a escribir unas líneas con motivo de esta celebración, que mira ya hacia cuatro décadas de presencia en la vida pública de Yucatán y de nuestra Península.

Confieso que no tuve que pensar demasiado en qué escribir. Cuando existe una historia compartida, lo primero que surge son los recuerdos.

He conocido La Revista desde distintos lugares. Primero, como lector y como alguien que desde hace muchos años sigue con interés la vida pública de Yucatán. Después, tuve la oportunidad de conocerla desde adentro, durante una etapa que recuerdo con enorme cariño.

Rodrigo me dio la confianza y la oportunidad de formar parte de su equipo como Director de Asuntos Públicos y Relaciones Institucionales.

Fue un tiempo importante para mí pues me permitió conocer no solamente cómo se hacía La Revista sino también algo mucho más valioso, me permitió conocer a las personas que estaban detrás de ella y todo lo que implicaba sacar adelante, edición tras edición, un proyecto de esta naturaleza.

Ahí comprendí que un medio de comunicación no se construye únicamente con noticias, entrevistas, fotografías o páginas impresas. También se sostiene en convicciones, carácter, relaciones humanas y una enorme perseverancia.

Mantenerse vigente durante tantos años nunca es producto de la casualidad.

La Revista ha visto cambiar a Yucatán. Ha sido testigo de gobiernos, elecciones, transformaciones económicas y sociales, momentos difíciles y también etapas de crecimiento.

Ha visto transformarse al periodismo y, con él, nuestra manera de informarnos y comunicarnos. Quienes conocimos aquellos años recordamos una época en la que la conversación pública tenía otros tiempos. Después llegaron internet, las redes sociales, los teléfonos inteligentes y esa inmediatez a la que hoy estamos tan acostumbrados. Una noticia puede recorrer el mundo en cuestión de segundos y lo que hoy es novedad mañana puede parecer lejano.

La Revista también tuvo que adaptarse y uno de sus mayores méritos ha sido saber hacerlo sin dejar de ser ella misma.

Al celebrar esta historia, también vale la pena recordar dónde comenzó.

Y ahí aparece, inevitablemente, la figura de Don Eduardo Menéndez.

Hablar de La Revista sin hablar de Don Eduardo sería dejar incompleto el relato. Fue él quien tuvo la visión y el carácter para iniciar este proyecto y construir sus cimientos.

Su legado, sin embargo, va mucho más allá de haber fundado un medio de comunicación.

Don Eduardo dejó una forma de entender el periodismo y la vida pública con una manera de estar cerca de los acontecimientos, escuchar distintas voces, defender criterios propios y comprender que un medio de comunicación también forma parte de la comunidad a la que sirve.

Ese legado continúa.

Rodrigo ha tenido la responsabilidad y, estoy seguro, también el enorme orgullo de darle continuidad a la obra iniciada por su padre. Al mismo tiempo le ha correspondido transformarla para responder a una época completamente distinta.

No debe haber sido sencillo.

Conservar una historia y al mismo tiempo atreverse a cambiar requiere equilibrio. Significa respetar lo recibido sin quedarse atrapado en la nostalgia.

Creo que Rodrigo ha sabido hacerlo.

Hay además otra característica de La Revista que para mí resulta especialmente valiosa.

A lo largo de estos años se ha convertido en un punto de encuentro.

Por sus páginas han pasado periodistas, empresarios, servidores públicos, académicos, políticos, líderes sociales y muchas personas que, desde perspectivas distintas, han contribuido a la conversación pública de nuestro estado.

En torno a La Revista también se han construido amistades.

La mía con Rodrigo es una de ellas.

Por eso estas líneas no intentan ser solamente una felicitación por un aniversario, son también una manera de decir gracias.

Gracias por aquella confianza que me permitió formar parte de esta casa, gracias por los aprendizajes, por las conversaciones, por las personas que conocí en el camino y especialmente por una amistad que ha permanecido mucho después de aquella etapa profesional que compartimos.

Cuando un proyecto se acerca a cuatro décadas de vida, hay muchas formas de medir lo que ha conseguido. Podríamos hablar de las ediciones publicadas, de las entrevistas realizadas, de los personajes que han ocupado sus portadas o de los acontecimientos que ha documentado.

Yo prefiero otra medida.

Las personas.

Las que estuvieron al principio y las que llegaron después. Las que escribieron, hicieron fotografías o diseñaron cada edición. Las que consiguieron anunciantes, atendieron a los lectores o acompañaron cada cierre. Las que durante todos estos años han hecho posible que cada nueva edición llegue a nuestras manos y, ahora también, a nuestras pantallas.

Y, por supuesto, quienes la han leído y la siguen leyendo.

Al final, son las personas las que explican que La Revista siga aquí.

A Rodrigo, mi querido amigo, mi abrazo, mi reconocimiento y mi gratitud.

A todo el equipo que ha construido esta historia a lo largo de los años, mi felicitación.

Y a la memoria de Don Eduardo Menéndez, mi reconocimiento y mi afecto por el legado que dejó y que hoy continúa vivo en cada nueva página.

Hay historias que se escriben para ser leídas.

Y hay otras que, con el paso de los años, uno descubre que también tuvo la fortuna de vivir.

Para mí, La Revista es una de ellas.

¡Felicidades y que vengan muchos años más!

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