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La revolución de Luis Enrique: por qué el PSG funciona mejor sin depender de una superestrella

Por Panorama Deportivo · 4/9/2026 10:42
La revolución de Luis Enrique: por qué el PSG funciona mejor sin depender de una superestrella

“Creo que voy a mejorar al PSG, sin ninguna duda”. Luis Enrique pronunció aquella frase cuando fue cuestionado por la salida de Kylian Mbappé rumbo al Real Madrid. Dos años después, los resultados parecen haberle dado la razón.

En aquel momento, perder al principal referente ofensivo del equipo parecía representar un golpe considerable para el proyecto parisino. Mbappé había sido durante años el futbolista alrededor del cual giraba gran parte del ataque y uno de los jugadores con mayor capacidad para resolver partidos por sí solo.

Sin embargo, Luis Enrique no intentó encontrar un sustituto que ocupara exactamente el mismo lugar. Su objetivo fue construir un PSG que pudiera competir sin depender de una sola figura.

El cambio terminó modificando completamente la estructura del conjunto francés. El protagonismo ofensivo comenzó a repartirse entre diferentes futbolistas, los mediocampistas adquirieron mayor responsabilidad en la construcción, los laterales se convirtieron en armas ofensivas y los delanteros pasaron a tener una participación fundamental desde la presión.

El resultado ha sido un PSG mucho menos previsible. Mientras anteriormente limitar a su principal estrella podía reducir buena parte de su capacidad ofensiva, actualmente el conjunto parisino cuenta con diferentes alternativas capaces de decidir un encuentro.

Ousmane Dembélé es uno de los mejores ejemplos de esta evolución. El francés pasó de ser una pieza importante a convertirse en uno de los futbolistas más determinantes del equipo. Durante 2025 superó los 30 goles, conquistó la Champions League y terminó ganando el Balón de Oro.

Su crecimiento, sin embargo, no significó que el PSG volviera a construir todo su funcionamiento alrededor de una sola figura. Dembélé adquirió mayor protagonismo dentro de una estructura en la que varios jugadores tienen libertad para aparecer en diferentes zonas.

Vitinha representa otra parte esencial del modelo. El portugués se consolidó como uno de los principales responsables del control del juego gracias a su capacidad para interpretar espacios, acelerar la circulación, reducir el ritmo cuando es necesario y ofrecer constantemente líneas de pase.

Achraf Hakimi también encontró una nueva dimensión bajo las órdenes de Luis Enrique. El marroquí dejó de limitarse a ocupar el carril derecho y comenzó a intervenir en distintas zonas del campo. Puede atacar por fuera, aparecer por dentro o incorporarse directamente al área rival, aumentando las alternativas ofensivas del equipo.

Esa libertad responde a una de las principales ideas del entrenador español. Luis Enrique había explicado que la salida de Mbappé le permitiría controlar mejor las situaciones del partido, pero con el tiempo ese concepto evolucionó. Controlar no significa restringir completamente a sus jugadores, sino construir una estructura suficientemente sólida para permitirles moverse sin desorganizar al equipo.

A esa base se sumaron nuevos protagonistas. Désiré Doué se convirtió en una de las grandes revelaciones del PSG campeón de Europa en 2025 y tuvo una actuación determinante en la final ante Inter, con dos goles y una asistencia. Su rendimiento también terminó siendo reconocido con el Golden Boy.

Khvicha Kvaratskhelia añadió creatividad, desequilibrio y capacidad para atacar desde diferentes sectores. La Champions League 2025-26 mostró claramente hasta qué punto el PSG había conseguido distribuir su producción ofensiva: Kvaratskhelia marcó 10 goles, Dembélé ocho, Vitinha seis y Doué cinco.

El conjunto francés fue además el equipo con más futbolistas capaces de alcanzar al menos cinco goles en aquella edición del torneo europeo. La profundidad de la plantilla también quedó reflejada en los 29 tantos conseguidos por jugadores suplentes durante la temporada en todas las competiciones, el registro más alto entre los clubes de las cinco principales ligas europeas.

El cambio también se ha traducido en títulos. El PSG conquistó la Champions League en 2025 y volvió a levantarla en 2026, además de añadir la Supercopa de Europa a una etapa que consolidó al equipo de Luis Enrique entre los principales dominadores del continente.

La principal diferencia con proyectos anteriores está en que el PSG continúa teniendo grandes figuras, pero ya no necesita que una sola cargue con toda la responsabilidad.

Si un rival consigue controlar a Dembélé, pueden aparecer Kvaratskhelia o Doué. Si consigue cerrar los extremos, Hakimi puede generar peligro desde el lateral. Cuando el partido necesita mayor control, Vitinha puede asumir la circulación. Incluso desde el banquillo existen alternativas capaces de modificar un encuentro.

El mercado de fichajes volvió a confirmar esa filosofía. Después de una temporada histórica, el PSG tenía capacidad económica para perseguir otra gran superestrella, pero eligió reforzar diferentes posiciones.

Ferran Torres fue la incorporación más relevante después de su etapa en Barcelona y de haber trabajado anteriormente con Luis Enrique en la selección española. También llegaron Lucas Digne, Maghnes Akliouche y Khalil Ayari, mientras Gonçalo Ramos y Kang-In Lee abandonaron el club.

La estrategia se mantiene: incorporar futbolistas con calidad y características compatibles con el modelo antes que construir nuevamente un equipo alrededor de un solo nombre.

Luis Enrique resumió esa idea incluso antes de comprobar hasta dónde podía llegar su proyecto. “El año que viene las voy a controlar todas. Todas, sin excepción”, aseguró al hablar de las situaciones de juego que anteriormente escapaban de su estructura.

Dos años después, el PSG no dejó de tener estrellas. Simplemente dejó de necesitarlas para funcionar. Y probablemente ahí se encuentra la explicación más importante de su transformación: actualmente, la principal estrella del equipo es el propio sistema.

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