Daily Super Cars

La Vespa Siluro de 1951: el scooter con forma de torpedo que alcanzó los 171 km/h

El vehículo monocilíndrico de dos tiempos impulsado por alcohol batió el récord del kilómetro lanzado con un tiempo de 20,24 segundos

Por La Revista Peninsular · 14/07/2026, 12:51 p.m.
La Vespa Siluro de 1951: el scooter con forma de torpedo que alcanzó los 171 km/h

En 1951, Vespa —la firma italiana conocida mundialmente por sus scooters urbanos de líneas redondeadas y espíritu cotidiano— construyó uno de los vehículos de velocidad más insólitos de la posguerra: la Vespa Siluro, cuyo nombre significa torpedo en italiano y cuya silueta no dejaba lugar a dudas sobre la inspiración. No era una moto de calle ni un concepto de salón: era una máquina de competición diseñada con un propósito único, batir el entonces inalcanzable récord del kilómetro lanzado, y lo consiguió.

La Siluro era un vehículo monocilíndrico de dos tiempos alimentado por alcohol —con toda la probabilidad combustible de competición— y recubierta por una piel de aluminio que le daba esa forma característica de proyectil aerodinámico. Fue precisamente ese diseño envolvente el que le permitió reducir la resistencia al aire lo suficiente como para que el motor de pequeña cilindrada pudiera propulsar la máquina a velocidades que ningún scooter convencional habría soñado alcanzar en aquella época.

Los números que dejó en el cronómetro son elocuentes: 20,24 segundos en el kilómetro lanzado, con una velocidad media de 171 km/h. Para contextualizar la hazaña, hay que recordar que se trata de una Vespa —una marca que el público asocia al paseo tranquilo por las calles empedradas de Roma o de cualquier ciudad mediterránea— logrando una marca que muchos vehículos deportivos de la época habrían envidiado. El piloto, enfundado en aquella cápsula de aluminio de bordes afilados y con el depósito cargado de combustible de carreras, afrontó una prueba de valentía tan técnica como física.

Los años 50 fueron el escenario perfecto para este tipo de experimentos extremos. La Segunda Guerra Mundial había dejado un enorme excedente de tecnología militar, materiales y conceptos aerodinámicos que los ingenieros y diseñadores absorbieron con entusiasmo para trasladarlos al deporte del motor. En ese contexto nacieron los llamados belly tankers en las salinas y el desierto de Mojave, vehículos construidos sobre depósitos de combustible de avión reconvertidos en carrocerías de velocidad, conducidos a menudo sin más protección que la determinación de su piloto. La era nuclear y espacial impregó la estética de todo lo que rodaba, volaba o simplemente se movía.

Que Vespa —una empresa fundada en 1946 y concebida para motorizar a la Italia de la reconstrucción con vehículos accesibles y prácticos— haya protagonizado uno de esos episodios de ingeniería radical habla de hasta qué punto el espíritu de la época cruzaba todas las fronteras industriales. La Siluro no fue un producto de mercado ni una estrategia de marketing al uso: fue una declaración de capacidad técnica, la demostración de que una firma de scooters podía competir en el territorio de los especialistas en velocidad. Hoy, más de siete décadas después, la máquina resurge como pieza de referencia para quienes estudian la historia del diseño de competición y la audacia de la ingeniería italiana de posguerra.

Para los apasionados por la mecánica y la historia del automovilismo en la Península de Yucatán, la historia de la Vespa Siluro es un recordatorio de que la innovación no tiene origen obvio ni forma predecible. La cultura de los vehículos de velocidad y diseño extremo sigue siendo un campo fértil de descubrimientos, y piezas como esta —recuperadas del archivo de la memoria colectiva del motor— refuerzan por qué la sección Daily Super Cars existe: para rastrear no solo lo más rápido del presente, sino lo más audaz de la historia.

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