Las aulas…
Por: Cristina Padín
Por: Cristina Padín
Volvieron a clase. Desde el cuarto bajaron la escalera. A, la mayor, se había enamorado más de cuatro veces, a sus catorce años, y echaba de menos el sabor del mar, y a su romance de agosto. P, el mediano, detestaba madrugar... y recordaba a cada rato las olas... I, la pequeña, iba contenta al colegio aunque prefería las largas tardes de junio...
Mamá les habló de la niña que habían visto en su viaje, la niña palestina que no podía salir del país ni tener vacaciones, la que pintaba sandías... y todos fueron conscientes de la suerte que es volver a clase.
Abajo, en el segundo, se unieron al grupo M y C. M tenía diecisiete años y su novia, b, iba a cumplirlos pronto. Se encontrarían en el parque, los dos eran buenos estudiantes... pero qué magia tiene la vacación estival. C era su hermana, podía ir a su mismo centro a pesar de tener síndrome de Down, era muy creativa y organizada.
M se enojó mucho al leer comentarios sobre su querida hermana, al parecer a alguna gente le molestaba su presencia en las aulas. Papá le dijo que esa gente vive en un agujero sin sentimientos. Que ni caso...
Y, así, regresó la rutina de las clases... vamos, con valentía!
A las aulas y a los magníficos profesores
A valientes y a valientes gallegos
A cada niño y adolescente que retorna a clase, en especial Lourdes, Luis, Alberto, María, Nicolás, Iván, Mateo, Mauricio, Iris, Pablo, Marta, Albertito, Hugo, Vega, Carlota, Candela, Keoni
A la educación. Y a la educación en Galicia. Es maravillosa.. En Galicia todo funciona bien
Contaré más de las sandías en Palestina
A las personas que tienen corazón y no viven en agujeros llenos de vallas
A Luis
Y a mi mago. Torea hoy