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Las promesas de campaña y la realidad como gobernante

Editorial La Revista Peninsular

Por Editorial La Revista Peninsular · 10/09/2022 00:00
Las promesas de campaña  y la realidad como gobernante

Editorial La Revista Peninsular

Antes de ser gobernantes, quienes aspiran a cargos públicos primero son aspirantes, luego candidatos y después gobernantes electos. Aunque se trata de la misma persona, su comportamiento es distinto durante estas etapas, en lo que propone y lo que eventualmente hace. El tema de la Guardia Nacional es útil para entender estos cambios pues -el hoy presidente-, apuesta por la militarización cuando como aspirante era uno de los principales promotores de la desmilitarización en el país.

En primer lugar, quien busca gobernar debe ser aspirante. Esta etapa comienza antes de que inicien los procesos electorales cuando una persona externa su interés de competir por una candidatura. Si lo hace desde la oposición, buscará criticar lo que hace el gobierno en turno para tratar de apelar a las necesidades e intereses del electorado. Si lo hace desde el partido gobernante, lo más probable es que busque enaltecer los logros de la administración en turno para ganar el respaldo de quienes ostentan el poder y también para dar una idea de continuidad al proyecto gubernamental.

En ambos casos, el aspirante habla de lo que se hace y evita hablar de lo que hará.

Cuando inician los procesos electorales y los partidos definen candidaturas, el aspirante se convierte en candidato… si tiene suerte. En esta etapa, el candidato continúa criticando o enalteciendo como cuándo era aspirante, pero ahora tiene la carga de explicar qué haría distinto o cómo daría continuidad al proyecto actual. Sus posturas tienen que ser específicas y bien construidas pues durante la campaña es cuestionado repetidamente sobre ellas; ser vago en sus posturas le podría representar costos políticos por parecer indeciso o contradictorio.

Es cierto que el candidato usualmente prometerá todo lo que tenga que prometer para apelar a la mayor cantidad de gente, pero esto será dentro de una ideología específica cuando se trate de temas importantes como seguridad, salud o educación.

Si logró ganar en las urnas, el candidato se convierte en gobernante electo mientras asume su cargo. Durante este tiempo, baja la intensidad con la que sostenía sus propuestas y enfoca su narrativa hacia los procesos de transición pacífica. Quienes fueron candidatos opositores normalmente dejan el discurso hostil en contra del gobierno en turno para pasar a uno institucional.

El idealismo de las propuestas comienza a chocar con el realismo del ejercicio público.

Finalmente, llega el día en el que se vuelve gobernante quien alguna vez fue aspirante. El gobernante ya no propone, sino que planea y hace. Es probable que su visión sea distinta a cuando era aspirante y candidato pues en ese entonces prometía con base en lo que quería que pasase. Ahora, como gobernante, debe tomar decisiones con base en lo que es posible.

Ante esta dificultad para cumplir lo prometido, el gobernante puede simular un esfuerzo de cambio y al final de su administración sostener que lo intentó, puede ignorar sus propuestas o puede llevar a cabo un cambio paradigmático en el ejercicio público. Usualmente se ve mucho lo primero y lo segundo, pero rara vez lo tercero.

El tema de la Guardia Nacional es un ejemplo útil para mostrar este cambio de aspirante a gobernante.

Cuando aspiraba a ser presidente, Andrés Manuel López Obrador destacaba por ser un promotor de la desmilitarización en el país. Sus duras críticas en contra de las estrategias de seguridad de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto hicieron que millones lo vieran como una opción de cambio. De candidato, llegó a proponer la legalización de las drogas como una medida para combatir la seguridad desde raíz, así como también prometió formar una guardia civil.

Sus posturas comenzaron a cambiar cuando fue electo pues se observaban inclinaciones hacia la militarización. Hoy, como gobierno, podemos ver la mayor intención de militarizar la seguridad y administración pública del país en la historia reciente.

De igual manera, la supuesta guardia civil terminó absorbida por las Fuerzas Armadas y la postura presidencial se ha definido en contra de la legalización de las drogas, incluso lo que refiere a la mariguana y el mandato constitucional que avala su uso.

Si bien, es necesario hacer señalamientos sobre la importancia de ser congruente en la política, también hay que reconocer que los gobernantes y sus acciones están acotadas por marcos normativos y dinámicas de poderes establecidas; ir en contra de estas podría generar inestabilidad. Los aspirantes deben procurar ser personas éticas y no prometer cosas imposibles, mientras que los gobernantes deben ser realistas y dar prioridad a la estabilidad de la población.

Esto no se trata de absolutos. Particularmente en el tema de la Guardia Nacional, hay espacio para reprochar que el presidente admita haber cambiado de opinión sobre una postura que le ganó millones de votos cuando fue candidato pues la desmilitarización era una de sus propuestas más atractivas. Al mismo tiempo, hay espacio para debatir si la militarización de la seguridad pública puede dar frutos dados los preocupantes índices de violencia en el país.

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